INTRODUCCIÓN
Las migraciones humanas son constitutivas de la evolución y desarrollo del mundo y representan un fenómeno global dinámico que ha reconfigurado las estructuras demográficas y socioculturales contemporáneas. El derecho a la libre circulación está reconocido en la Declaración Universal de Derechos Humanos (Naciones Unidas, 1948), y en las últimas décadas la globalización, la movilidad transnacional y los procesos políticos, económicos y sociales han activado masivamente los procesos migratorios.
Chile ha experimentado procesos migratorios significativos, que pueden organizarse en tres períodos: a) una primera fase, entre 1845 y 1907, caracterizada por leyes de migración selectiva de europeos, destinadas a facilitar su asentamiento y la colonización de la zona sur del país; b) durante el siglo XX (1907-1992), el proceso de industrialización incrementó la migración hacia Chile, flujo que disminuyó durante la dictadura militar (1973-1989); y c) desde 1992, se inició una nueva fase migratoria asociada a la transición democrática y al creciente desarrollo económico del país (Polo Alvis & Serrano López, 2018).
La transformación migratoria que ha presentado Chile en las últimas décadas, lo consolida como uno de los principales destinos migratorios de América del Sur. Este fenómeno ha modificado sustancialmente la composición demográfica y social del país. Según datos del Ministerio de Desarrollo Social y Familia (2023), la población inmigrante se cuadruplicó entre 2013 y 2022, alcanzando un 8.7% del total nacional. Esta presencia es significativa en la Macrozona Norte (regiones de Arica y Parinacota, Tarapacá y Antofagasta), donde la proporción de extranjeros respecto a la población local alcanza los índices más altos del país (Ministerio de Desarrollo Social y Familia, 2023).
Según estimaciones oficiales, en 2023 residían en Chile 1.918.583 personas extranjeras, lo que equivale aproximadamente al 10% de la población total (Servicio Nacional de Migraciones [SERMIG] & Instituto Nacional de Estadísticas [INE], 2024). En cuanto a la composición por país de origen, los venezolanos representan la mayoría, con un 38% del total (728.586 personas), seguidos por los peruanos (13.6%), los colombianos (10.9%), los haitianos (9.8%) y los bolivianos (9.4%) (Biblioteca del Congreso Nacional de Chile [BCN], 2025). La composición y distribución actual de la población migrante en Chile ponen de manifiesto tanto flujos históricos regionales (Perú y Bolivia) como dinámicas migratorias asociadas a crisis humanitarias recientes en América Latina y el Caribe.
Chile es un importante receptor migratorio y ello genera desafíos estructurales para las instituciones públicas y privadas, pero también para la sociedad chilena. María Emilia Tijoux, en Racismo en Chile (2016), plantea que el inmigrante no es cualquier extranjero, sino aquel que no representa el origen español-blanco-europeo. La autora señala que la sociedad chilena tiende a clasificar a las personas extranjeras en dos grupos: a) los “extranjeros”, asociados a un fenotipo blanco y a una posición de clase superior; y b) los “inmigrantes”, asociados a un fenotipo afrodescendiente y a una posición de clase inferior. Siguiendo a Tijoux (2016), puede plantearse que en el imaginario colectivo nacional y en sus representaciones, expresadas en ámbitos como la convivencia, la crianza y las instituciones, persisten formas de categorizar a quienes son percibidos como ajenos al grupo nacional.
Por su parte, migrar como proceso se encuentra arraigado a una decisión personal. Cualquiera sea su motivación, quien migra busca rehacer su vida con la esperanza de encontrar una mejor calidad de vida o una nueva oportunidad para sí y la propia descendencia.
Según estimaciones del Servicio Nacional de Migraciones (SERMIG) y el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en 2023 residían en Chile 302.306 niños, niñas y adolescentes extranjeros de hasta 19 años (SERMIG & INE, 2024). En el ámbito educacional, la normativa vigente garantiza el acceso de estudiantes extranjeros al sistema escolar independientemente de su situación migratoria. Para ello, el Ministerio de Educación dispone del Identificador Provisorio Escolar (IPE), que permite su matrícula aun cuando no cuenten con RUN chileno. Esto se refleja en el crecimiento sostenido de la matrícula de estudiantes extranjeros, correspondiente al 7% de la matrícula total nacional en 2024 (BCN, 2025). Según datos reportados por el Ministerio de Educación (2025), dicha matrícula alcanzó los 275.927 estudiantes en 2024.
En la Región de Antofagasta, estos indicadores adquieren mayor relevancia dado que la proporción de NNA extranjeros respecto a la población local es de las más altas del territorio, lo que sitúa a los establecimientos educativos de la zona norte como espacios críticos para el análisis de la convivencia intergrupal y el prejuicio (Oyarzún et al., 2022).
El racismo hacia la población migrante en Chile es un fenómeno persistente, que coexiste con una negación explícita por parte de la sociedad chilena (Pavez-Soto et al., 2019); desde esta perspectiva, es probable que el prejuicio racista se desarrolle, crezca y se perpetúe en múltiples contextos, incluido el escolar. Los recintos educacionales son espacios de aprendizaje que trascienden lo pedagógico, son espacios vinculares, formativos y sociales por excelencia.
Dicha discriminación comienza incluso antes del ingreso al aula, manifestándose en los procesos de elección y admisión escolar, donde las minorías migrantes enfrentan barreras culturales y étnicas significativas (Oyarzún et al, 2022).
Pavez-Soto et al. (2019) postulan que el nivel institucional o estructural constituye la base de formas cotidianas de racismo y prácticas de marginalización que obstaculizan la inclusión. En la misma línea, Banaji y colaboradores (2021) sostienen que el racismo sistémico opera de manera transversal en las instituciones, las estructuras sociales, las creencias individuales y las interacciones cotidianas, contribuyendo a la reproducción de desigualdades entre grupos. Estos planteamientos son consistentes con las propuestas de Pavez-Soto et al. (2019) y Tijoux (2016) sobre el carácter estructural del racismo.
Por otro lado, la orientación hacia la dominancia social (SDO) es definida como una disposición psicológica mediante la cual las personas avalan la dominación y la desigualdad entre grupos (Pratto et al., 1994). Desde este enfoque las sociedades se estructuran por clases sociales determinadas por estatus definidos (alto y bajo) y la distribución de los recursos. Schmitz et al. (2021) postulan que para reducir el conflicto que genera la desigualdad, los grupos sociales de estatus alto recurren a mitos de legitimación, que sostienen las asimetrías de poder y permiten justificar por qué ciertos grupos (por ejemplo; nacionales) deben tener más privilegios que otros (por ejemplo; migrantes). Schmitz y colaboradores (2021) plantean que el mito de legitimación podría explicar las raíces del prejuicio en el sexismo, el racismo o el clasismo.
La SDO no opera de forma aislada; requiere de mitos legitimadores que justifiquen la desigualdad. En este sentido, el racismo actúa como una narrativa que racionaliza la posición subordinada del migrante, permitiendo que quienes puntúan alto en SDO mantengan su estatus sin conflicto moral (Jost, 2020).
La relación entre la SDO y el racismo ha sido ampliamente documentada bajo el modelo de doble proceso de la personalidad ideológica (Duckitt & Sibley, 2010a). Según esta perspectiva, los individuos con alta SDO perciben el mundo como un entorno de competencia suma cero, donde el racismo opera como un mito legitimador que justifica la preservación de jerarquías grupales (Jost, 2020). El prejuicio no se dirige a grupos sociales de forma indistinta; por el contrario, está motivado por actitudes ideológicas básicas. En el contexto chileno, algunas investigaciones sugieren un papel relevante de la SDO en la explicación del prejuicio, particularmente de sus expresiones manifiestas, hacia la población migrante, en consonancia con la idea de que la exclusión del otro puede contribuir al mantenimiento de jerarquías favorables al endogrupo nacional (Romero et al., 2020).
En Antofagasta, estudios previos han documentado la presencia de prejuicio sutil y manifiesto hacia inmigrantes bolivianos en población adulta (Cárdenas et al., 2011). Por su parte, Romero et al. (2020), en un estudio realizado en el norte de Chile, reportaron que, en ambos modelos, la SDO y el autoritarismo de ala derecha (RWA) ejercían un efecto predictivo indirecto sobre el prejuicio, a través del conservadurismo y el heteroestereotipo.
Algunas investigaciones recientes enfatizan la desconexión entre las políticas de convivencia y la realidad intercultural en el aula, donde la inclusión queda al debe y se sigue observando un racismo estructural en toda la comunidad escolar (Webb et al., 2024). Este acontecimiento no es único, sino que forma parte de una ideología de “blanqueamiento” profundamente arraigada en la sociedad nacional, donde el racismo y el colorismo actúan como mecanismos de exclusión cotidiana (Mercado-Órdenes & Toledo-Jofré, 2024), y el color de la piel aparece como mecanismo de clasificación y jerarquización social: entre más oscura es la piel, mayor es el nivel de discriminación. Estos postulados ratifican los planteamientos de Tijoux (2016) y la clasificación de tipos de migrantes.
De manera similar, el sexismo, es decir, el concepto de que el sexo es binario y que uno de los sexos (el femenino) es inferior al otro, se convierte en sexismo sistémico cuando ese sexismo se transforma en parte de los supuestos y operaciones normales de una cultura (Gilbert, 2021). El sexismo sistémico se manifiesta cuando los supuestos de inferioridad femenina se normalizan en la cultura. La teoría del sexismo ambivalente de Glick y Fiske considera el sexismo como un prejuicio marcado por una profunda ambivalencia y multidimensionalidad, que denota una mezcla de actitudes hostiles y benévolas (Barreto & Doyle, 2023; Glick & Fiske, 1996). Esta jerarquización se traslada al sistema educativo, manifestándose en procesos de discriminación étnica y cultural que dificultan la inclusión de estudiantes migrantes (Oyarzún et al., 2022). Así, el sexismo y el racismo operan como sistemas entrelazados que legitiman la exclusión de cualquier grupo percibido como ajeno al endogrupo dominante.
Aunque la literatura ha documentado asociaciones entre prejuicio, orientación a la dominancia social, autoritarismo de ala derecha y sexismo (Duckitt, 2001; Glick & Fiske, 2001; Romero et al., 2020), existe escasa evidencia en población adolescente latinoamericana que examine conjuntamente estas variables dentro de un mismo modelo, considerando tanto el prejuicio como constructo unitario, como su diferenciación en las dimensiones de prejuicio sutil y manifiesto. En este contexto, el presente estudio busca contribuir a la comprensión del prejuicio hacia inmigrantes en adolescentes mediante el análisis conjunto del sexismo, la orientación a la dominancia social y el autoritarismo, considerando tanto una conceptualización global del prejuicio como su diferenciación en prejuicio sutil y manifiesto.
Teniendo en cuenta lo anterior, el presente estudio tuvo un doble objetivo: a) describir y comparar el prejuicio hacia los inmigrantes entre estudiantes de educación secundaria de la ciudad de Antofagasta, considerando el tipo de establecimiento educacional; y b) evaluar un modelo predictivo del prejuicio hacia inmigrantes a partir de las dimensiones del sexismo ambivalente (hostil y benevolente), contemplando la orientación a la dominancia social y la agresión autoritaria como variables mediadoras.
METODOLOGÍA
Consideraciones éticas
El presente estudio se deriva de una investigación de tesis de pregrado vinculada al Grupo de Investigación en Psicología Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Tarapacá. El protocolo fue aprobado por el Comité de Ética de la misma institución. Se obtuvo el consentimiento informado de los padres y/o apoderados, además del asentimiento informado de los/as estudiantes, cuya autonomía en la participación se respetó.
Se garantizó, a través de ambos documentos, el carácter voluntario de la participación, el derecho a desistir del estudio en cualquier momento sin consecuencias, y la confidencialidad de los datos. Asimismo, se informó a los/as participantes sobre la posibilidad de acceder a los resultados generales una vez finalizada la investigación.
Diseño de investigación
El presente estudio se clasifica como una investigación empírica, cuantitativa, de tipo comparativo y predictivo, con diseño observacional transversal, de acuerdo con la tipología propuesta por Ato, López y Benavente (2013). La investigación es empírica, ya que se recolectaron datos de una muestra específica mediante instrumentos estandarizados; cuantitativa, porque se utilizaron escalas tipo Likert y análisis estadísticos para el tratamiento de los datos; comparativa, dado que se evaluaron diferencias entre grupos definidos por tipo de establecimiento educacional y género; y predictiva, en tanto se evaluaron relaciones teóricamente especificadas entre variables ideológicas y actitudinales mediante análisis de sendero, sin establecer manipulaciones experimentales. La denominación “predictiva” se refiere a la evaluación de asociaciones estructurales entre variables dentro de un modelo especificado teóricamente, sin que ello implique inferencias causales derivadas del diseño. El diseño es transversal, ya que la recolección de datos se efectuó en un único momento del tiempo, sin seguimiento longitudinal de los/as participantes.
Participantes
La muestra fue de tipo no probabilística por conveniencia y estuvo conformada por 175 estudiantes chilenos de nivel de enseñanza media, pertenecientes a seis establecimientos educacionales de la ciudad de Antofagasta. La distribución por sexo corresponde a un 46.9% de mujeres (82) y un 53.1% de hombres (93), con edades comprendidas entre 14 y 19 años.
Los centros educativos se distribuyeron equitativamente según tipo de dependencia: dos establecimientos municipales, dos establecimientos particulares subvencionados y dos establecimientos particulares pagados.
Con relación a la composición del estudiantado, solo uno de los establecimientos municipales reportó un 25% de alumnos migrantes colombianos, mientras que los otros dos tipos de establecimientos no indicaron matrícula vigente de alumnos migrantes en el periodo de la investigación.
Procedimiento
En primer lugar, se estableció contacto por las vías formales y consecutivamente de tipo presencial con los seis directores/as de los establecimientos educativos seleccionados por conveniencia de la Región de Antofagasta. Tras la obtención de las autorizaciones institucionales pertinentes, se procedió a coordinar reuniones presenciales con los padres y/o apoderados de los cursos seleccionados de cada establecimiento, para informarles sobre el objetivo y alcance de la investigación, y posteriormente se gestionó el consentimiento informado y las autorizaciones respectivas.
Tras ello, se coordinó la reunión con los estudiantes de los cursos seleccionados, se les informó del carácter voluntario de su participación y la posibilidad de desistir en cualquier momento, así como la opción de solicitar información sobre los resultados una vez terminado el estudio. A continuación, se realizó la toma del asentimiento de los estudiantes que, por ser menores de edad, deben tener el consentimiento de sus padres y/o apoderados para participar en el estudio. La aplicación de los instrumentos se realizó en dos jornadas.
Instrumentos
Escala de Sexismo Ambivalente (Glick Fiske, 1996)
Inventario de Sexismo Ambivalente (ASI). Se utilizó la adaptación chilena de Cárdenas, Lay, et al. (2010) del instrumento original de Glick y Fiske (1996). La escala consta de 22 ítems con un formato de respuesta tipo Likert de 6 puntos (1 = completamente en desacuerdo; 6 = completamente de acuerdo). Evalúa las dimensiones de sexismo hostil y sexismo benévolo. En la validación nacional, el instrumento reportó consistencia interna (alfa de Cronbach = .90 para la escala total). En el presente estudio se calculó la consistencia interna tanto para la escala total como para sus dimensiones. La escala global presentó una fiabilidad adecuada (α = .85), mientras que las subescalas de sexismo hostil y sexismo benevolente alcanzaron coeficientes α = .85 y α = .74, respectivamente. Considerando los objetivos del estudio, se utilizaron los puntajes totales de las dimensiones de sexismo hostil y sexismo benevolente, incorporándolos como variables diferenciadas en los análisis de sendero.
Escala de Autoritarismo de Ala de Derechas
Se empleó la versión abreviada de Zakrisson (2005), basada en Altemeyer (1981), adaptada y validada en Chile por Cárdenas y Parra (2010). Consta de 15 ítems con respuesta tipo Likert de 7 puntos (1 = completamente en desacuerdo; 7 = completamente de acuerdo). Para los análisis de sendero, se analizó específicamente la dimensión de agresión autoritaria, dado su vínculo con la hostilidad hacia personas o grupos percibidos como amenazas al orden social (Altemeyer, 1998; Etchezahar, 2012). Para el análisis multivariado de la varianza (MANOVA), se utilizó la puntuación total de la escala de autoritarismo de ala derecha. El estudio de validación chileno obtuvo una consistencia interna de α = .72 para la versión abreviada de la escala, sin informar coeficientes de consistencia interna específicos para cada una de las subdimensiones (Cárdenas Parra, 2010). En la muestra del presente estudio, la escala global presentó α = .64, mientras que la subescala de agresión autoritaria alcanzó α = .56.
Escala de Orientación a la Dominancia Social (SDO) (Pratto et al., 1994).
Se utilizó la adaptación de Cárdenas, Meza, et al. (2010) de la escala de Pratto et al. (1994), compuesta por 16 ítems en formato Likert de 6 puntos (1 = completamente en desacuerdo; 6 = completamente de acuerdo). En su validación chilena, la escala mostró una estructura unidimensional con una consistencia interna de alfa de Cronbach = .89. En el presente estudio, se utilizó la puntuación total, obteniendo un coeficiente alfa de Cronbach = .81 y correlaciones ítem-total corregidas fluctuantes entre .31 y .67.
Escala de Prejuicio Sutil y Manifiesto (Pettigrew Meertens, 1995)
Se aplicó la versión adaptada en Chile por Cárdenas et al. (2007) del instrumento original de Pettigrew y Meertens (1995). Consta de 20 ítems tipo Likert cuyos puntajes fluctúan de 1 al 6, siendo 1 “completamente en desacuerdo” y 6 “completamente de acuerdo”.
La consistencia interna del instrumento en la validación chilena alcanzó valores de α = .78 para la escala global, α = .73 para la subescala de prejuicio manifiesto (PM) y α = .65 para la subescala de prejuicio sutil (PS) (Cárdenas, 2007). En la muestra del presente estudio, los coeficientes obtenidos fueron α = .79 para la escala global, α = .69 para PM y α = .65 para PS. La correlación entre PM y PS fue de .49, moderada y significativa (p .001). Para medir PS se utilizaron los reactivos 1, 3, 5, 6, 11, 12, 14, 16, 18 y 19, mientras que para PM se utilizaron los reactivos 2, 4, 7, 8, 9, 10, 13, 15, 17 y 20. Para los fines del presente estudio se emplearon los puntajes totales de ambas subescalas (PS y PM).
Análisis estadístico
En primer lugar, el análisis de los datos se realizó utilizando los programas estadísticos SPSS versión 24 y Mplus versión 8.8, y se estructuró en cuatro etapas. Primero, se efectuó un análisis descriptivo, calculando medidas de tendencia central, dispersión, asimetría y curtosis para cada variable del estudio. Asimismo, se examinó la distribución de las variables incluidas en los modelos mediante los índices de asimetría y curtosis. Siguiendo las recomendaciones de Curran et al. (1996), se consideraron aceptables valores absolutos de asimetría inferiores a 2 y de curtosis inferiores a 7 para la aplicación de procedimientos basados en máxima verosimilitud. Los valores observados para las variables incluidas en los modelos se mantuvieron dentro de dichos rangos, por lo que la estimación se realizó mediante el método de máxima verosimilitud (maximum likelihood). Estos criterios han sido posteriormente respaldados en estudios de simulación aplicados a modelos de ecuaciones estructurales (Ryu, 2011).
En segundo lugar, se aplicó un análisis multivariado de la varianza (MANOVA) para evaluar posibles diferencias en prejuicio sutil, prejuicio manifiesto, autoritarismo de ala derecha, orientación a la dominancia social y sexismo ambivalente en función del género y del tipo de dependencia del establecimiento educacional. La puntuación de prejuicio total se examinó adicionalmente mediante un ANOVA factorial con los mismos factores. Se verificaron los supuestos del modelo, incluida la homogeneidad de matrices de covarianza mediante la prueba de Box. Dado que este supuesto no se cumplió completamente, se utilizó la traza de Pillai como estadístico robusto, siguiendo las recomendaciones de Tabachnick y Fidell (2007) y Pituch y Stevens (2016). Cuando se identificaron efectos multivariados significativos, se interpretaron las pruebas univariadas y, cuando correspondió, se realizaron comparaciones post hoc mediante DMS.
En tercer lugar, se realizó el análisis de correlaciones bivariadas entre las principales variables del estudio, mediante el coeficiente de correlación de Pearson, con el fin de explorar la existencia y dirección de asociaciones lineales entre dimensiones ideológicas y actitudinales.
En cuarto lugar, se desarrollaron dos modelos de análisis de sendero (path analysis) utilizando el software Mplus. El modelo 1 examinó la relación entre el sexismo (benevolente y hostil) y el prejuicio total, considerando la mediación de la agresión autoritaria (RWA) y la orientación a la dominancia social (SDO). El modelo 2 replicó esta estructura, diferenciando las dimensiones de prejuicio sutil y manifiesto como variables dependientes. La estimación de los modelos se realizó mediante el método de máxima verosimilitud (maximum likelihood), evaluando la bondad de ajuste a través de los siguientes índices: chi-cuadrado normalizado (χ²/gl), el índice de ajuste comparativo (CFI), el índice de Tucker-Lewis (TLI) y el error cuadrático medio de aproximación (RMSEA) con su intervalo de confianza del 90%. Se consideraron adecuados los modelos con CFI y TLI mayores o iguales a .95 y valores de RMSEA iguales o inferiores a .06, de acuerdo con los criterios establecidos por Hu y Bentler (1999) y Schreiber (2017).
RESULTADOS
El presente estudio buscó establecer posibles diferencias según tipo de establecimiento educacional y género en prejuicio sutil, prejuicio manifiesto, autoritarismo de ala derecha, orientación a la dominancia social y sexismo ambivalente mediante un MANOVA, y examinar adicionalmente el prejuicio total mediante un ANOVA factorial. Asimismo, se analizaron las correlaciones entre las variables estudiadas y, por último, se evaluaron dos modelos de análisis de sendero (path analysis) para examinar las relaciones entre el sexismo ambivalente, la agresión autoritaria, la orientación a la dominancia social y el prejuicio.
Estadísticos descriptivos y normalidad
La Tabla 1 muestra datos descriptivos: cantidad de participantes según las variables de dependencia educacional y género. Los resultados no muestran diferencias relevantes entre la cantidad de participantes por tipo de dependencia educacional a saber; Colegios municipales 33.1%, colegios subvencionados 32% y colegios particulares pagados 34.9%.
Caracterización de la muestra según género y dependencia educacional
| Mujeres | Hombres | Total | % | |
|---|---|---|---|---|
| Municipal | 38 | 20 | 58 | 33.1 |
| Subvencionado | 32 | 24 | 56 | 32 |
| Particular | 12 | 49 | 61 | 34.9 |
| 82 | 93 | 175 | 100 |
Nota: los porcentajes corresponden a la proporción de participantes según dependencia educacional respecto del total de la muestra (N = 175).
Respecto a los cursos muestreados, un 9.4% (16) cursaba primer año de enseñanza media, un 7% (12) segundo año y el grueso de la muestra, un 83.5% (147), cursaba cuarto año. Los valores de asimetría y curtosis de las variables incluidas en los modelos se mantuvieron dentro de los rangos considerados aceptables para la estimación por máxima verosimilitud.
Diferencias según género y dependencia educacional
La Tabla 2 resume los resultados significativos del Manova. La prueba M de Box indicó que no se cumplió el supuesto de homogeneidad de las matrices de covarianza. Dado que esta situación no afecta gravemente el análisis (Tabachnick Fidell, 2007; Kennedy Bush, 1985), se optó por interpretar la traza de Pillai como estadístico multivariado más robusto.
Resumen de significación Manova género por dependencia educacional de cada variable dependiente
| Variables dependientes | Género (G) | Dependencia educacional (DE) | Género/DE |
|---|---|---|---|
| Prejuicio sutil | .299 | .000** | .021* |
| Prejuicio manifiesto | .063 | .000** | .321 |
| Autoritarismo | .314 | .021* | .852 |
| Dominancia social | .969 | .016* | .902 |
| Sexismo ambivalente | .000** | .000** | .112 |
Nota: * p .05 ** p .01.
Se encontró un efecto multivariado significativo del género, traza de Pillai = .206, F(5, 165) = 8.548, p.001, η²p = .206. En particular, en la variable sexismo ambivalente, la media de los hombres fue significativamente mayor que la media de las mujeres (p.001; véase Tabla 3).
Asimismo, se encontró un efecto multivariado significativo de la dependencia educacional, traza de Pillai = .337, F(10, 332) = 6.736, p.001, η²p = .169. Todas las variables incluidas en el MANOVA mostraron diferencias significativas según dependencia educacional. Las medias marginales se presentan en la Tabla 3.
La interacción entre género y dependencia educacional no alcanzó significación a nivel multivariado, traza de Pillai = .099, F(10, 332) = 1.729, p = .073.
Medias marginales estimadas (M) y errores estándar (EE) de las variables dependientes según género y dependencia educacional
| Variable | Hombre M (EE) | Mujer M (EE) | Municipal M (EE) | Subvencionado M (EE) | Particular M (EE) |
|---|---|---|---|---|---|
| Prejuicio total | 62.96 (1.49) | 66.78 (1.67) | 72.77 (1.84) | 57.62 (1.80) | 64.22 (2.15) |
| Prejuicio sutil | 36.89 (0.83) | 38.18 (0.93) | 40.80 (1.02) | 33.78 (1.00) | 38.02 (1.19) |
| Prejuicio manifiesto | 26.07 (0.90) | 28.60 (1.01) | 31.97 (1.12) | 23.84 (1.09) | 26.20 (1.30) |
| Autoritarismo de ala derecha (RWA) | 54.15 (0.83) | 55.41 (0.93) | 57.18 (1.03) | 53.51 (1.01) | 53.65 (1.20) |
| Orientación a la dominancia social | 40.64 (1.37) | 40.56 (1.53) | 42.94 (1.69) | 36.58 (1.65) | 42.29 (1.97) |
| Sexismo ambivalente | 86.78 (1.73) | 71.96 (1.94) | 89.71 (2.15) | 75.19 (2.10) | 73.20 (2.50) |
Nota: La puntuación de prejuicio total se analizó separadamente mediante un ANOVA factorial con los mismos factores.
Los análisis post hoc con DMS mostraron diferencias entre tipo de dependencias municipales (M), (M = 72.77) en comparación con las dependencias subvencionadas y particular pagadas.
Respecto a la variable de prejuicio total, no se observan diferencias significativas entre tipo de dependencia subvencionados (M = 57.62) y particulares pagados (M = 64.22).
En prejuicio sutil, las dependencias municipales puntúan significativamente mayor (M = 40.80; p .001). Por su parte, los subvencionados (M = 33.78) y particulares pagados (M = 38.02) se diferencian significativamente entre sí (p = .042). En prejuicio manifiesto, solo los establecimientos municipales (M = 31.97) obtienen puntajes significativamente mayores que los subvencionados (M = 23.84) y que los particulares pagados (M = 26.20; p .001).
Con relación al autoritarismo de ala derecha, las dependencias municipalizadas (M = 57.18) son significativamente mayores a las subvencionadas (M = 53.5; p = .007) y a las particulares pagadas (M = 53.65; p = .002), pero estas dos últimas no se diferencian entre sí.
En dominancia social, los municipales (M = 42.94) son significativamente mayores que los subvencionados (M = 36.58; p = .004), pero no que los particulares pagados (M = 42.29). Sin embargo, las dependencias subvencionadas se diferencian de las particulares pagadas (M = 42.29; p = .009).
En sexismo ambivalente, las dependencias municipales (M = 89.71) son significativamente mayores que las subvencionadas (M = 75.19; p .001) y que las particulares pagadas (M = 73.20; p = .008), pero estas últimas no se diferencian entre sí.
Correlaciones entre las variables del estudio
La Tabla 4 presenta las medias, desviaciones estándar y correlaciones bivariadas entre las principales variables del estudio. En términos generales, se observaron asociaciones positivas entre las variables ideológicas consideradas y las distintas medidas de prejuicio racial. Destacan particularmente las relaciones del prejuicio total con la agresión autoritaria, la orientación a la dominancia social y el sexismo benevolente.
Medias, desviaciones estándar y correlaciones entre las variables del estudio (N = 175)
| Variable | M | DE | 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| 1. Prejuicio total | 64.54 | 15.04 | — | ||||||
| 2. Prejuicio sutil | 37.02 | 8.09 | .868** | — | |||||
| 3. Prejuicio manifiesto | 27.52 | 8.96 | .894** | .555** | — | ||||
| 4. Agresión autoritaria | 21.46 | 4.22 | .357** | .326** | .305** | — | |||
| 5. Orientación a la dominancia social (SDO) | 40.78 | 12.41 | .261** | .147 | .305** | .109 | — | ||
| 6. Sexismo benevolente | 40.82 | 9.91 | .215** | .200** | .180* | .350** | .116 | — | |
| 7. Sexismo hostil | 40.04 | 10.69 | .051 | .040 | .050 | .138 | .272** | .463** | — |
Nota: M = media; DE = desviación estándar. Se presentan conjuntamente la puntuación total de prejuicio y sus dimensiones (prejuicio sutil y prejuicio manifiesto) debido a que los análisis posteriores consideran tanto un modelo basado en el prejuicio total como un modelo diferenciado en prejuicio sutil y prejuicio manifiesto. En consecuencia, las correlaciones entre la puntuación total y sus subdimensiones deben interpretarse con cautela, dado que corresponden a relaciones parte-todo y no a asociaciones entre constructos independientes. * p.05, ** p.01.
Análisis de sendero
Con el propósito de evaluar las relaciones propuestas entre las variables del estudio, se estimaron dos modelos de análisis de sendero. El modelo 1 examinó la relación entre las dimensiones de sexismo benevolente y hostil y el prejuicio total, considerando como variables mediadoras la subescala de agresión autoritaria del autoritarismo de ala derecha (RWA) y la orientación a la dominancia social (SDO). El modelo 2 replicó esta estructura, pero diferenciando el prejuicio sutil y el prejuicio manifiesto como variables dependientes. Los resultados de ambos modelos se presentan a continuación.
La Figura 1 presenta el modelo de senderos para el prejuicio total. El sexismo benevolente mostró una asociación positiva con la agresión autoritaria (β = .365, p .001), mientras que el sexismo hostil se asoció positivamente con la orientación a la dominancia social (β = .277, p .001). A su vez, la agresión autoritaria (β = .300, p .001) y la orientación a la dominancia social (β = .246, p .001) se asociaron positivamente con el prejuicio total. El modelo explicó un 18.5% de la varianza del prejuicio total (R² = .185).
Modelo de análisis de sendero para el prejuicio total (conceptualización global del prejuicio)
Nota: Se presentan coeficientes estandarizados (STDYX). Las flechas unidireccionales representan efectos directos estimados y la flecha bidireccional representa la covariación entre las variables exógenas. Los valores de R² indican la proporción de varianza explicada de cada variable endógena. e₁, e₂ y e₃ corresponden a los términos de error o residuales asociados a las variables endógenas. ******* p.001.
Los indicadores de bondad de ajuste para el modelo 1 son adecuados: χ²/gl = 1.217, CFI = .998, TLI = .977, RMSEA = .035, IC 90% [.000, .208].
Se puede apreciar en la Figura 2 un patrón similar de relaciones predictivas e indirectas que los de la Figura 1, pero esta vez para predecir el prejuicio racista en su estructura bifactorial, toda vez que la escala de prejuicio sutil y manifiesto posibilita una versión monofactorial, a través del puntaje total de la escala, o una versión bifactorial, es decir, prejuicio sutil y prejuicio manifiesto. Los coeficientes observados sugieren un patrón de relaciones similar al observado en la Figura 1.
En la Figura 2, los indicadores de bondad de ajuste también fueron adecuados: χ²/gl = 1.217, CFI = .997, TLI = .971, RMSEA = .035, IC 90% [.000, .208].
Modelo de análisis de sendero para el prejuicio sutil y manifiesto (modelo diferenciado del prejuicio)
Nota: Se presentan coeficientes estandarizados (STDYX). Las flechas unidireccionales representan efectos directos estimados y la flecha bidireccional representa la covariación entre las variables exógenas. Los valores de R² indican la proporción de varianza explicada de cada variable endógena. e₁, e₂, e₃ y e₄ corresponden a los términos de error o residuales asociados a las variables endógenas. ****p* .001.
DISCUSIÓN
La presente investigación tuvo dos objetivos. En primer lugar, reconocer y comparar el prejuicio hacia inmigrantes entre estudiantes de educación secundaria de la ciudad de Antofagasta, en el norte de Chile, según tipo de dependencia educacional. Respecto a este objetivo, los establecimientos municipales presentaron, en términos generales, puntuaciones más elevadas en las variables analizadas, mientras que las diferencias entre establecimientos particulares pagados y subvencionados variaron según la variable considerada.
Estos hallazgos sugieren que el contexto educativo podría constituir un factor relevante para comprender las diferencias observadas en prejuicio racista, sexismo, orientación a la dominancia social y autoritarismo. Una posible interpretación de estas diferencias puede encontrarse en la literatura sobre racismo, dominancia social y relaciones de poder entre grupos (Jost, 2020; Tijoux, 2016; Tijoux Riveros Barrios, 2019).
Respecto del género, los resultados mostraron niveles significativamente más altos de sexismo ambivalente en los hombres. Este hallazgo resulta consistente con investigaciones recientes que han señalado que la adopción y mantención de creencias sexistas se encuentra asociada a procesos de socialización diferenciados por género, que comienzan durante la adolescencia y pueden influir en la consolidación de actitudes ideológicas relacionadas con la desigualdad social (Leaper, 2026). Asimismo, cierta evidencia internacional reciente sugiere que el sexismo ambivalente continúa constituyendo un fenómeno relevante para comprender diversas formas de desigualdad social y de género (Barreto Doyle, 2023; Zawisza et al., 2025). En este sentido, aun cuando algunos estudios recientes han documentado una disminución global de distintas formas de sexismo durante las últimas décadas (Hammond et al., 2025), las diferencias observadas en la presente muestra sugieren que estas creencias continúan distribuyéndose de manera desigual entre hombres y mujeres, manteniendo su relevancia para comprender las actitudes sociales en contextos educativos.
El racismo requiere de una relación de poder o dominio de grupo, puesto que su expresión y persistencia dependen de estructuras sociales, culturales, políticas y económicas que legitiman posiciones desiguales entre colectivos (Bonilla-Silva, 2022). Desde esta perspectiva, el racismo no siempre se manifiesta mediante expresiones abiertas de hostilidad, sino también a través de discursos aparentemente neutrales y prácticas cotidianas que contribuyen a reproducir jerarquías sociales. En esta línea, Tijoux y Riveros-Barrios (2019) señalan que “el racismo cotidiano, aquel [al] que asistimos actualmente es un racismo totalmente eufemizado, inscrito en el habitus común. Este, como podemos suponer, se encuentra lleno de sutilezas, conversaciones al pasar, dichos de pasillos, etc.” (p. 403). Del mismo modo, agregan que “la excepción ha sido enseñada por los adultos, aprendida por los niños y difundida por un sentido común afincado en los cuerpos que se busca aniquilar o ignorar” (p. 404). Esta interpretación resulta consistente con evidencia reciente sobre microagresiones raciales, la cual muestra que formas sutiles y aparentemente triviales de discriminación continúan operando en las interacciones cotidianas, contribuyendo a la normalización de desigualdades entre grupos (Sue et al., 2019). En el contexto chileno, las dinámicas migratorias de las últimas décadas han reactivado tensiones y discursos de exclusión dirigidos hacia determinados colectivos migrantes, especialmente en espacios de socialización como las comunidades educativas (Tijoux, 2016). En consecuencia, las diferencias observadas en el presente estudio pueden interpretarse como parte de procesos más amplios de construcción y reproducción de fronteras simbólicas entre grupos sociales, donde el prejuicio racial se articula con otras actitudes ideológicas, asociadas a la jerarquización social y la exclusión.
No se identificaron estudios previos en población adolescente latinoamericana que examinaran conjuntamente estas variables: sexismo hostil y benevolente, agresión autoritaria, orientación a la dominancia social y prejuicio racista. Asimismo, no identificamos antecedentes que hayan examinado el papel del sexismo hostil y benevolente como variables predictoras del prejuicio racista dentro de un modelo similar al aquí propuesto. En contraste, sí existen estudios en adolescentes en los que variables ideológicas, como la orientación a la dominancia social y el autoritarismo de ala derecha, han sido utilizadas para explicar el sexismo ambivalente. Un ejemplo clásico es el estudio de Garaigordobil y Aliri (2011) en España, con una muestra de 802 personas adultas (entre 18 y 65 años). Estos autores buscaban esclarecer la relación entre sexismo ambivalente (sexismo hostil y benevolente) y su relación con la sensibilidad intercultural, el autoconcepto y el racismo, pero sus resultados sugieren una asociación compatible con la predicción del sexismo a partir del nivel de racismo. Este antecedente resulta particularmente relevante porque describe una dirección de asociación inversa a la observada en el presente estudio, lo que contribuye a destacar la especificidad del modelo aquí propuesto.
Los estudios con adolescentes iberoamericanos identificados en la presente investigación hacen referencia, básicamente, a indagaciones de intervención o exploración del sexismo en población menor de 18 años. Se constata la existencia de niveles significativos de sexismo y se los asocia a diversos procesos psicológicos, psicopatológicos, educativos y culturales (Garaigordobil Aliri, 2013; Martín et al. 2025; Navas et al., 2022; Rojas Pedregosa Moreno Díaz, 2016; Roncero Villarreal et al., 2025).
En segundo lugar, el presente estudio buscó proponer un modelo predictivo de dicho prejuicio, considerando las dimensiones del sexismo ambivalente (hostil y benevolente) como variables predictoras y la orientación a la dominancia social y la agresión autoritaria como variables mediadoras. Los resultados sugieren de manera preliminar que el prejuicio racista, tanto en su puntuación total como en sus dimensiones sutil y manifiesta, se asocia con las dimensiones del sexismo ambivalente dentro de un modelo en el que la orientación a la dominancia social y la agresión autoritaria ocupan una posición mediadora.
Una posible interpretación de los resultados del presente estudio proviene de la propuesta de Duckitt (2001), quien plantea que la orientación a la dominancia social y el autoritarismo responden a motivaciones subyacentes distintas y constituyen dimensiones relativamente independientes para explicar diversas formas de prejuicio. Mientras el autoritarismo se relaciona con la necesidad de mantener el orden y la seguridad grupal frente a amenazas percibidas, la orientación a la dominancia social se vincula con la aceptación de relaciones jerárquicas y de superioridad entre grupos. Desde esta perspectiva, ambas orientaciones ideológicas pueden contribuir al desarrollo de actitudes negativas hacia grupos socialmente estigmatizados, aunque a través de mecanismos motivacionales diferentes (Duckitt Sibley, 2010b). Los resultados obtenidos son coherentes con esta propuesta, ya que tanto la agresión autoritaria como la orientación a la dominancia social mostraron asociaciones significativas con el prejuicio racial. Sin embargo, las relaciones observadas no fueron idénticas. Mientras la agresión autoritaria se vinculó tanto con el prejuicio sutil como con el manifiesto, la orientación a la dominancia social mostró una asociación más clara con las expresiones manifiestas del prejuicio. Esta interpretación coincide con evidencia que vincula el autoritarismo de derecha y la orientación a la dominancia social con distintas formas de prejuicio (Díaz-Lázaro Toro-Alfonso, 2014) y que muestra que ambas orientaciones pueden contribuir de manera independiente y complementaria a la formación de actitudes prejuiciosas hacia grupos socialmente estigmatizados (Wedell Bravo, 2022), así como con evidencia de incrementos posteriores en el prejuicio hacia minorías étnicas (Osborne et al., 2021). En conjunto, estos hallazgos sugieren que distintas motivaciones ideológicas pueden contribuir simultáneamente a la formación y mantenimiento del prejuicio hacia grupos migrantes. En particular, los resultados observados indican que el prejuicio racial no parece depender de una única orientación ideológica, sino de la convergencia de procesos vinculados tanto a la percepción de amenaza y necesidad de orden social como a la aceptación de relaciones jerárquicas entre grupos.
Desde la teoría de la dominancia social, la relación entre sexismo y racismo puede comprenderse a partir de dos elementos centrales: la organización jerárquica de las sociedades y la orientación a la dominancia social como disposición favorable a dichas jerarquías (Sidanius et al., 1992; Sidanius Pratto, 1999, 2004; Pratto et al., 2006).
- Sidanius propone que las sociedades actuales se organizarían en tres tipos de jerarquías conectadas entre sí: a) el subsistema de edad (los mayores tienen más poder que los menores), b) el subsistema patriarcal (que conlleva el sexismo de facto y donde los hombres dominan a las mujeres) y c) los subsistemas de “conjuntos arbitrarios”, que da cuenta de categorías construidas socialmente, como raza, religión, clase social, etnia y otras.
- En esta descripción sistémica, la orientación hacia la dominancia social sería la actitud (o rasgo de personalidad) en la que un individuo desea que los grupos superiores dominen a los inferiores. Propone que sujetos con SDO (orientación a la dominancia social) alta tienden a respaldar ideologías legitimadoras como el racismo, el nacionalismo, el sexismo y otras, para justificar la desigualdad.
Para completar el modelo, Sidanius y colaboradores (Sidanius Pratto, 2004; Pratto et al., 2006) plantearon dos hipótesis de trabajo que reafirman su modelo, a saber: a) hipótesis del objetivo masculino subordinado (conocido por su sigla en inglés SMTH), donde el racismo corresponde a una interacción entre etnia y género que tiene como consecuencia que, en el conflicto intergrupal, el racismo se dirige hacia los hombres del grupo subordinado, siendo los hombres los que recibirán mayor hostilidad y agresividad desde el grupo dominante, y la b) hipótesis de invariancia de género, que implica que los hombres, sin importar cultura o raza, puntúan más alto en la escala SDO que las mujeres. Esto implica que el sexismo refuerza la estructura psicosocial para que otras jerarquías, como el racismo, nacionalismo o clasismo, persistan y se naturalicen.
Sintetizando, para Sidanius y colaboradores, el sexismo es el fundamento biológico y evolutivo de las jerarquías y, en este marco, el racismo sería una extensión “arbitraria” del impulso de dominación, lo que puede explicar nuestros resultados. Aunque esta teoría no está exenta de críticas y la discusión no ha terminado, el análisis de sendero nos orienta a considerar el sexismo ambivalente en adolescentes como una variable asociada al prejuicio racista, a través de patrones diferenciados de relación con la dominancia social y el autoritarismo.
Un aspecto particularmente interesante del modelo es que las dos dimensiones del sexismo no parecen haberse asociado de manera equivalente con las variables ideológicas consideradas. Mientras el sexismo benevolente se vinculó principalmente con la agresión autoritaria, el sexismo hostil lo hizo con la orientación a la dominancia social. Este patrón sugiere que ambas formas de sexismo podrían relacionarse con el prejuicio a través de mecanismos ideológicos diferenciados, aspecto que resulta coherente con el énfasis del sexismo benevolente en el mantenimiento del orden tradicional y del sexismo hostil en formas más explícitas de jerarquización social.
Rojas Pedregosa y Moreno Díaz (2016), en un estudio con adolescentes, también reportan efectos negativos asociados al sexismo benevolente, debido a su carácter paternalista, que puede favorecer la sumisión, la aceptación de estas situaciones y su reproducción en otros contextos de la vida adulta.
Limitaciones y proyecciones del estudio
Una primera limitación del estudio fue el tipo de muestreo, que, al ser por conveniencia y no aleatorio, limita la generalización de los resultados obtenidos, por lo que se sugiere en un próximo estudio cambiar el tipo de muestreo con la finalidad de aumentar la potencia de los análisis estadísticos. Una segunda limitación fue la cantidad de participantes (inferior a 250), que limita la posibilidad de estimar con suficiente estabilidad modelos estructurales más complejos con variables latentes. Una tercera limitación se relaciona con la baja consistencia interna observada en la subescala de agresión autoritaria (α = .56). Aunque la validación chilena del instrumento reportó adecuados indicadores para la escala global, no informó coeficientes de fiabilidad para sus subescalas. En consecuencia, si bien los resultados obtenidos mostraron coherencia con los modelos teóricos examinados, las asociaciones observadas para esta dimensión deben interpretarse con cautela. Finalmente, la delimitación geográfica de la muestra corresponde a una ciudad del norte de Chile (Antofagasta) que, si bien representa un territorio movilizado por la inmigración latinoamericana, no es necesariamente representativa del resto del país. Adicionalmente, la presencia de estudiantes migrantes se concentró en uno de los establecimientos municipales, por lo que las diferencias observadas según dependencia educacional podrían estar parcialmente asociadas a distintos niveles de contacto intergrupal.
A partir de los resultados obtenidos, las futuras investigaciones podrían evaluar la estabilidad de las relaciones observadas mediante diseños longitudinales y muestras más amplias y diversas. Asimismo, sería relevante explorar estas asociaciones en etapas previas de la adolescencia e incluso durante la niñez tardía, considerando que los procesos de socialización vinculados al sexismo y otras orientaciones ideológicas comienzan a desarrollarse tempranamente y podrían influir en la posterior formación de actitudes prejuiciosas (Leaper, 2026).
CONCLUSIÓN
Los resultados del presente estudio sugieren que el prejuicio racial hacia grupos migrantes durante la adolescencia se encuentra asociado a orientaciones ideológicas vinculadas a la dominancia social, el autoritarismo y el sexismo ambivalente. En particular, los análisis realizados mostraron que las dimensiones benevolente y hostil del sexismo se relacionaron de manera diferenciada con la agresión autoritaria y la orientación a la dominancia social, las cuales, a su vez, se asociaron con mayores niveles de prejuicio racial.
Estos hallazgos indican que, tanto en establecimientos municipales como particulares, persisten formas de vinculación e interacción sociocultural asociadas a actitudes de exclusión y jerarquización entre grupos. Desde una perspectiva de derechos humanos, orientada a la no discriminación, la igualdad y la universalidad, los resultados ponen de manifiesto la importancia de seguir profundizando en los procesos de socialización que contribuyen a la formación y mantención de actitudes prejuiciosas durante la adolescencia. Una comprensión más acabada de este fenómeno podría contribuir al diseño de estrategias orientadas a la prevención del prejuicio y a la promoción de una convivencia intergrupal positiva en los establecimientos educacionales.
Financiamiento
Los autores declaran no haber recibido financiamiento para este trabajo.