Memoria social, juventudes y tránsitos intergeneracionales: afectos, símbolos e imágenes

Memoria social, juventudes y tránsitos intergeneracionales: afectos, símbolos e imágenes

Social memory, youth, and intergenerational transits: affections, symbols and images EN

Daniel Jofré 1, 2
José Cabrera 1, 2
1 Instituto de Psicología, Universidad Austral, Puerto Montt, Chile.
2 Núcleo de Estudios Interdisciplinarios en Desigualdad y Derechos Humanos, Universidad Austral, Puerto Montt, Chile.
Recibido: 17/05/2024 | Aceptado: 08/08/2024 | Publicado: 04/10/2024
Resumen ES

El artículo reflexiona sobre los tránsitos intergeneracionales en escenarios de transformación política y social. La investigación se sitúa desde los estudios críticos en filosofía social y memoria colectiva, y toma como objeto de indagación investigaciones que desarrollen hipótesis comprensivas sobre las lógicas identitarias y generacionales de la juventud chilena. Se complementa esta perspectiva a partir de las elaboraciones de Georges Didi-Huberman respecto de los tránsitos de afectos como potencial subversivo frente a los afectos-poder presentes en las sociedades. Se concluye sobre la importancia de reconocer la continuidad de los tránsitos entre las generaciones de consignas, imágenes y afectos, presentes entre los jóvenes chilenos, lo que permite dar cuenta de un tiempo amplio en donde anclan sus posicionamientos subjetivos.

Palabras clave
memoria colectiva generaciones transmisión juventud y afectos
Abstract EN

This article reflects on intergenerational transits in scenarios of political and social transformation. The research is based on critical studies in social philosophy and collective memory and takes investigations that develop comprehensive hypotheses on the identity and generational logic of Chilean youth as an object of inquiry. This perspective is complemented by Georges Didi-Huberman's elaborations regarding the transits of affections as subversive potential compared to the affections-power present in societies. It concludes on the importance of recognizing the continuity of transits between the generations of slogans, images, and affections present among young Chileans, which allows us to account for a wide time period where they anchor their subjective positioning.

Keywords
collective memory generations transmission youth and affections

INTRODUCCIÓN

La investigación busca aportar, desde la perspectiva de la filosofía social y los estudios sobre sociedades del recuerdo ( Deranty, 2013; Durand-Gasselin, 2013; Erll, 2012; Le Blanc, 2009), a la comprensión de los procesos de rememoración y de recuperación de la memoria social durante la juventud, desarrollados en escenarios de transformación política y social. Situar el estudio crítico de la filosofía social en el ámbito de la juventud refiere, por cierto, al conocimiento de los procesos psicológicos y sociales que posibilitan la conformación de las identidades juveniles, la transmisión intergeneracional y la apropiación ética, normativa y política del vínculo social durante esta etapa de la vida ( Douville, 2004, 2007, 2009; Gagnepain, 1991; Kaës, 1983; Pirard, 2013; Quentel, 2011; Uwineza & Brackelaire, 2014); pero también a la importancia de dar visibilidad a las "vidas juveniles ordinarias" y develar las contradicciones sociales que encarnan estos grupos, las que se expresan en afectos e imágenes que transcurren en el cruce entre los tiempos biográficos y generacionales.

En el plano metodológico, la investigación apuesta por un abordaje conceptual e interdisciplinario que toma como eje central los estudios sobre juventudes de la sociedad chilena y las dinámicas de transmisión de la memoria colectiva. En particular, el estudio busca relacionar esta discusión con los desarrollos de Georges Didi-Huberman respecto de los tránsitos de afectos como potencial subversivo frente a los afectos-poder. Este constituye un abordaje novedoso y de desarrollo potencial, que puede contribuir al entendimiento de la juventud chilena, de la memoria colectiva y de las culturas del recuerdo.

Es posible problematizar la interrogante que vincula juventudes, intergeneracionalidad y memoria social a la luz de antecedentes recogidos en los informes anuales del Observatorio de Conflictos del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social ( Garretón et al., 2017; Garretón et al., 2018; Joignant et al., 2020). En estos informes se observa la multiplicidad de demandas y conflictos sociales en que participan los jóvenes: educativos, ambientales, feministas, de reformas políticas, entre otros. Igualmente se precisa que son las manifestaciones juveniles las que reciben con mayor intensidad la violencia policial, fenómeno que es acompañado por la construcción de figuras retóricas "explicativas" de esta violencia: "los encapuchados", "la primera línea". Otro aspecto puesto de relieve, de especial interés para nuestro estudio, es la intensificación de los conflictos en torno al pasado dictatorial reciente y en particular a las memorias vinculadas a fechas emblemáticas como el "11 de septiembre" o "el día del joven combatiente". Estas disputas de la memoria refieren especialmente a los atropellos de los derechos humanos durante la dictadura y se expresan en revueltas urbanas relacionadas con la instalación y/o ataque de sitios de memoria. Fenómenos como los recién descritos se agudizaron durante el estallido social de octubre de 2019, junto a las conmemoraciones de las víctimas de la violencia policial y los ataques a monumentos representativos del pasado, sobre todo a aquellos asociados a la construcción del Estado nacional y la conquista española.

A modo de hipótesis, sostendremos que el estudio de las juventudes, la memoria colectiva y la transmisión de afectos entre las generaciones pone de relieve la importancia, a nivel político, ético y ontológico, de los procesos creativos en las trasformaciones sociales y en la producción de las memorias colectivas. Esta visualización de la memoria colectiva podría ser de mucha utilidad para pensar los problemas y desafíos que enfrenta la juventud chilena, en cuanto contribuye a poner en evidencia el carácter dinámico del trabajo de la memoria y su relación con 1) el olvido, la ficción y los procesos de duelo, y 2) la construcción y proyección de identidades individuales y colectivas.

A partir del sentido otorgado por Assmann (2011) a la noción de memoria comunicativa, se postula que en los espacios intergeneracionales las identidades juveniles no solo transmiten, sino que también transforman y desbordan de forma creativa la memoria social en tanto que depositaria de discursos, imágenes y emociones. En esta perspectiva, se concibe el tiempo de la juventud como el momento biográfico e histórico que permite reconocer en las imágenes del pasado nuevas formas de representación de lo acontecido, lo cual da pie a nuevas temporalidades e interpretaciones. No obstante, esta tarea es especialmente compleja, no solo porque conlleva una serie de niveles de expresión --biográficos, estructurales, identitarios o culturales--, sino también porque en cada uno de estos planos se hacen palpables las contradicciones entre la sujeción y la resistencia subjetiva. Estas se expresan en la tensión y en la transmisión de emociones como la melancolía y la ira, y en sentimientos como la solidaridad y la esperanza.

Respecto del campo de estudios sobre juventud en Chile, cabe reconocer una serie de investigaciones en el ámbito de las ciencias sociales. Este contexto investigativo responde a líneas simultáneas y superpuestas de indagación que han demostrado importantes desarrollos desde los estudios históricos sobre la juventud chilena ( Salazar & Pinto, 2002); antropológicos, sobre juventudes rurales e indígenas ( González, 2003; Feixa & González, 2006); sociológicos, sobre juventud, adultocentrismo, conflictos sociales y las repercusiones en los posicionamientos juveniles de problemáticas estructurales de la sociedad chilena ( Alé et al., 2021; Barozet et al., 2021; Canales et al., 2016; Sandoval, 2012); generacionales, sobre los modos de conformación históricos y culturales de las identidades generacionales y la orgánica de las generaciones histórico-políticas y los movimientos sociales ( Álvarez, 2018; Aguilera & Muñoz, 2015; González, 2011; Muñoz, 2002, 2004, 2011); culturales, sobre los modos de construcción de identidades grupales y la configuración de nuevos modos de subjetivación, de apropiación corporal y de performatividad ( Aguilera, 2017; Cárdenas, 2014; López & Cárdenas, 2015; Figueroa-Grennet, 2018; Ganter et al., 2017; González, 2011, 2020; Olguin, 2007; Parades et al., 2018; Urzua, 2015; Zarzuri & Ganter, 2002, 2018); y discursivos, sobre las formas mediáticas y políticas que promueven la estigmatización de los sujetos juveniles movilizados ( Cárdenas & Pérez, 2017; Ruiz, 2020). Asimismo, se han realizado estudios respecto de las emociones y los determinantes biográficos y sociales que condicionan la participación juvenil en las manifestaciones y protestas violentas ( González et al., 2021; Rozas & Somma, 2020) y sobre género, feminismo, movimiento estudiantil y disidencias ( Krauskopf, 2015; Lillo, 2020; Ravelo & Duarte, 2021). Este amplio campo de investigación sobre juventudes en Chile posee, en consecuencia, una mirada interdisciplinaria y un enfoque prioritario que da cuenta del anclaje de los fenómenos juveniles en procesos históricos amplios, como los tránsitos migratorios campo-ciudad, la conformación de las primeras culturas juveniles y las formas de resistencia de los jóvenes en la década de los ochenta, hasta concentrarse en las manifestaciones juveniles de protesta desarrolladas en los últimos años. Por otra parte, estos estudios encuentran como núcleo reflexivo la indagación del adulto centrismo presente en las instituciones de la sociedad chilena y en los imaginarios sociales concurrentes al momento de discernir los fenómenos juveniles ( Duarte, 2018).

El artículo se estructura en dos partes. La primera parte, "Lógicas generacionales, neoliberalismo e identidades juveniles", busca poner de relieve los estudios que se centran en las alianzas intergeneracionales y en la conformación identitaria de la juventud chilena actual, dando cuenta de las perspectivas estructurales y culturales que se conforman a este respecto. En la segunda parte, "Resistencia creativa, transmisión de emociones y sentires colectivos", se retoman las interrogantes iniciales sobre el modo en que operan los procesos de rememoración durante la juventud en "las vidas juveniles ordinarias". En este marco se resalta la importancia de los procesos de reapropiación discursiva, semiótica y emotiva de la memoria social. Para dicho propósito se abordan algunas elaboraciones de Georges Didi-Huberman (2020) respecto de las posibilidades creativas presentes en los afectos que se transmiten entre las generaciones, los que se oponen a los afectos-poderes de las sociedades, en cuanto favorecen el quiebre de la temporalidad normalizada de los afectos permitidos, abriendo la posibilidad de la desubjetivación del pasado, el presente y el futuro.

LÓGICAS GENERACIONALES, NEOLIBERALISMO E IDENTIDADES JUVENILES

Durante la dictadura militar chilena se desarrolló un modelo de comprensión de la juventud que oponía la juventud integrada al régimen y la juventud popular o marginalizada. Esta última era caracterizada como anómica y violenta, generando la dicotomía entre la imagen del orden, la patria y el futuro, y el caos juvenil antipatriota ( Touraine, 1997; Muñoz, 2004). Ante esta representación de la juventud chilena, investigadores en psicología y sociología toman el espacio temporal de la transición a la democracia para interrogarse respecto de los niveles de anomia y alienación presentes en los jóvenes en 1989 y 2007 ( Aceituno et al., 2009). La conclusión a la que arriban es que no se observa una diferencia clara entre estos periodos. Respecto de esta investigación, se debe resaltar que la intención de estudiar los sentimientos de pertenencia buscaba superar una lectura solo material de la inclusión social, a fin de reconocer la relación de los jóvenes con las normas sociales y la percepción de las posibilidades de desarrollo, y la incidencia de estos aspectos en sus proyectos de vida. El estudio concluye que hay que vincular los sentimientos de exclusión, incertidumbre, frustración, degradación y extrañamiento, con el aislamiento, la ausencia de sentido y propósito de parte de los jóvenes, instalando así la pregunta por la dimensión histórica asociada a estos fenómenos de malestar.

De manera complementaria, Duarte (2009) se interroga por las formas de representación de los sujetos juveniles de sectores populares respecto del imaginario neoliberal chileno, constituido desde el ideal del consumo opulento, el éxito laboral y la masificación de las nuevas tecnologías. Este trabajo se detiene en el requerimiento del consumo para la conformación de un "sentido de vida", el cual se enlaza con la solidificación de la autoestima y la identidad. Identifica, de este modo, las estrategias que desarrollan estos sujetos juveniles para acceder al consumo, la eficiencia y al uso de la tecnología, y la sensación de derrota y pérdida que emerge de las condiciones de vida en las que se encuentran insertos. Se expresa de esta manera el carácter contradictorio de las satisfacciones que permiten el consumo o el acceso tecnológico y las sensaciones que surgen asociadas a las características de la realidad cotidiana, las que, a diferencia de las primeras, no son fugaces sino permanentes, forjando una identidad sacrificial que tiende a hacerse responsable de las condiciones estructurales, históricas y normativas de la sociedad chilena. Sandoval (2012) igualmente retoma las particularidades de la sociedad chilena actual y observa que la "integración mediante el consumo" instituye una sociedad de consumidores-clientes y que el distanciamiento cada vez mayor respecto de la institucionalidad política se asocia a nuevas formas de resistencia social, mucho más cercanas a la lógica de las protestas sociales y juveniles que a la política tradicional. Reconoce, no obstante, que estas nuevas formas de asociación y de construcción identitaria de los jóvenes chilenos se desarrollan en conformidad con lógicas globales de desencanto con las políticas económicas neoliberales y con las dificultades que encuentran los jóvenes para conformar proyectos de vida en escenarios sociales cambiantes e interconectados.

La interrogante sobre las identidades y desafíos normativos de las actuales generaciones de jóvenes chilenos permite de igual manera visualizar una dimensión relevante para la comprensión de los sentimientos de malestar, a saber, la dimensión histórica de las herencias recibidas. De hecho, es en esta dirección que Canales et al. (2016) buscan examinar los sentimientos de culpa e incertidumbre frente al futuro, estudiando las trayectorias biográficas que se proyectan en jóvenes que se encuentran en el tránsito entre la educación media y universitaria. Estos investigadores ponen de relieve sentimientos como esperanza, miedo y melancolía frente a la posibilidad de la profesionalización y consideran la dimensión generacional que se esboza en la idea/mandato de "ser alguien más". Este "mandato" transmite el deseo de los padres respecto de sus hijos, es decir, que hace presente las expectativas que los jóvenes reciben y representa, en este sentido, el cruce imaginario de estas trayectorias biográficas. Por tanto, es a partir de la conformación de este espacio intergeneracional que se visualizan las condiciones materiales y las posibilidades de unos y otros, y se otorga significación a la reparación simbólica "transgeneracional" de las carencias de los padres. A este respecto, se infiere que en estos "espacios intergeneracionales" defraudar es no retribuir lo adeudado, lo que da lugar a sentimientos de miedo al fracaso no solo material, sino también asociado a las alianzas, obligaciones y proyecciones presentes entre las generaciones: "Fracasar es defraudar y defraudarse, o lo que es lo mismo, frustrarse. Son la generación que lleva como signo esta condición de deudores, de sí mismos, y sobre todo, de los padres" ( Canales et al., 2016, p. 95).

El conjunto de estos estudios permite reconocer la importancia de visibilizar los problemas de la juventud no solo desde una faceta material, dado que lo que al parecer estaría en juego en el tránsito generacional desarrollado durante la juventud sería el deseo de elaboración de las historias familiares y de las condiciones sociales en que estas se desplegaron, reconociendo, en consecuencia, el tránsito de los afectos y los imaginarios reprimidos en el contexto de estas transformaciones sociales.

Desde este punto de vista, se hace posible desplazar, aunque sea mínimamente, la perspectiva de lectura respecto de los procesos de malestar expresados por los jóvenes chilenos. Se transita desde los problemas de adaptación y frustración asociados a la imposibilidad del proceso modernizador chileno de cumplir con la promesa de integración social, hacia la puesta de relieve de la perplejidad de los jóvenes frente a la necesidad de comprender el sentido histórico de estas transformaciones y a la dificultad de elaborar emociones tristes, como el miedo y la desesperanza.

Por otra parte, los estudios sobre culturas juveniles desarrollan hipótesis sobre las estéticas juveniles y las formas de apropiación de los códigos culturales por parte de la juventud, y dan cuenta de identidades circunscritas a modos específicos o tribales y a formas de expresión musicales underground, ligadas al rock progresivo y/o pesado ( Zarzuri & Ganter, 2002, 2005). La principal apuesta de estas investigaciones consiste en subvertir las categorías analíticas de integrado/no integrado, que otorgan validez a cuadros interpretativos en términos de subculturas o contraculturas, priorizando un acercamiento a las formas de interacción presentes en estos grupos juveniles desde modelos centrados en las trayectorias biográficas generacionales e intergeneracionales. En el ámbito específico de indagación de las identidades e institucionalización se estudia la esfera de las identidades juveniles y la conformación de subjetividades impulsadas tras el golpe de Estado de 1973. Se rescata el impacto de las políticas represivas que, en un amplio margen, buscaban la destrucción de la pluralidad identitaria de la juventud presente en el Chile pre-dictatorial ( González, 2011, 2015; Sierra, 2014). Se habla de un "golpe generacional" que opera a nivel del cuerpo, las interacciones, la estética y las consciencias de los jóvenes chilenos. Dicho proceso se desarrolla de una manera principalmente institucionalizada mediante la exclusión de los referentes contrarios al régimen y la utilización o control de las expresiones artísticas como recitales de rock, en tanto que instancias de interacción e intercambio juvenil ( Santis-Cáceres, 2009). Igualmente se ponen de relieve las diferencias y continuidades de las formas de creación ligadas al Canto Nuevo o al punk y el pop, y en especial, la discontinuidad introducida por las nuevas tendencias musicales en relación con la recuperación de los referentes identitarios presentes en el periodo previo a la dictadura. De este modo, se visibiliza una nueva forma de resistencia al régimen, desde el ámbito estético y musical, que da lugar a un nuevo espacio social y simbólico de interacción juvenil ( Benítez et al., 2016; Osorio, 2011). En el caso de estas expresiones estético-culturales se hace posible reconocer que, si bien no se plantean claramente como formas de resistencia conformadas por idearios políticos, sí se erigen como expresiones que tensionan los modelos hegemónicos de construcción de los sujetos juveniles de la sociedad chilena.

Estas modalidades de oposición a la dictadura se pueden vincular a la conformación de las actuales identidades juveniles y a los nuevos modos de protesta social, que son demostrativos de formas creativas de organización política, de utilización del cuerpo y de expresividad emocional ( Ganter et al., 2017; Zarzuri & Ganter, 2018). Así, es posible sostener que estas identidades se nutren de la memoria social heredada de la lucha contra la dictadura y adquieren el carácter de un compromiso militante antagónico e híbrido frente a los modos de subjetivación política del Chile neoliberal. Por ejemplo, respecto de las movilizaciones estudiantiles de 2011 Paredes et al. (2018) observan que

También destacan por sus recursos visuales, no solo lienzos y pancartas, también cuerpos pintados, escenificaciones diversas, batucadas, tambores, grupos de bailes [...] la gran variedad de recursos auditivos como cánticos, gritos y consignas destacan también durante el proceso, presentando un matiz sobre los elementos performáticos al introducir el uso del lenguaje y la comunicación que introduce el recurso a la memoria de las luchas pasadas (p. 133)

Cabe puntualizar que el cúmulo de estos estudios sobre identidades juveniles permite identificar que, frente a la hegemonía de la globalización neoliberal y sus formas de estigmatización e invisibilizarían social de la juventud, se yerguen nuevas "sociabilidades" o micro resistencias que, dado su carácter subterráneo, permiten, o al menos intentan, subvertir las lógicas de normalización de la sociedad chilena. A ello resulta necesario añadir la presencia de afectos contradictorios en los jóvenes que ponen de relieve las tensiones estructurales de la sociedad, la fragilidad de la integración social mediante el consumo y la desconfianza frente a las lógicas políticas e institucionales. De este modo, ante los esfuerzos por desarrollar una imagen de la juventud construida en conformidad con los discursos y poderes instituidos --la cual se ve representada con claridad, por ejemplo, en las estadísticas y descripciones institucionales sobre la juventud ( INJUV, 2022)--, es posible reconocer imágenes y deseos subterráneos que representan memorias anómalas frente a los pactos sociales de la transición chilena. Estos pactos promueven una "moralidad" que omite recordar las consecuencias y horrores de la dictadura militar chilena, instalando una narración fabulada en donde se intercambian los papeles entre victimarios, cómplices y víctimas ( Karmy, 2018).

RESISTENCIA CREATIVA, TRANSMISIÓN DE EMOCIONES Y SENTIRES COLECTIVOS: ESPECULACIONES DESDE LAS EXPERIENCIAS DE IMPUGNACIÓN DEL ORDEN SOCIAL CHILENO

Los estudios sobre juventudes han abierto un fértil ámbito de discusión que integra la experiencia juvenil, la pregunta por la composición de los tránsitos generacionales y la reflexión sobre la memoria social. En este sentido, resulta relevante tomar dichas elaboraciones desde los marcos analíticos de los estudios en filosofía social a fin de aportar a la comprensión crítica sobre el modo en que se concibe la participación de los afectos reprimidos o invisibilizados en la conformación de la memoria colectiva.

Las "vidas juveniles ordinarias" que se rescatan en los estudios sobre juventudes pueden ser comprendidas desde los planteamientos de G. Le Blanc (2008). Para este autor, por una parte, encontramos el asujetamiento que produce el poder disciplinario que considera la inserción de los cuerpos y las vidas en las relaciones de poder, lo que no garantiza estabilidad, pero otorga cierta visibilidad y posibilidad de resistencia, y, por otra parte, se encuentra la desatención del poder que produce las vidas precarias. Estas vidas, o al menos ciertas facetas de estas vidas, no están fuera de la sociedad, pero están relegadas en las relaciones de poder y en sus condiciones de dignidad y visibilidad, quedando en un espacio precario, a la vez dentro y fuera. Pese a ello, estas vidas poseen igualmente posibilidades de resistencias. A este respecto, Le Blanc se apoya en la noción de normatividad de G. Canguilhem (1966), mediante la cual se reconoce la potencialidad vital de todo organismo de romper su encuadre normativo para instituir nuevas normas. Le Blanc opone de esta forma las "macronormas" sociales instituidas por el poder a las "micronormas" que pueden conformar los sujetos para resistir a la exclusión y la precarización.

A partir de estas ideas y con el objetivo de especificar estas resistencias vitales o creativas, se propone examinar los vínculos entre deseo y memoria que G. Didi-Huberman (2020, 2023) vislumbra en sus estudios sobre las imágenes y los levantamientos. Un aspecto esencial de la perspectiva que desarrolla Didi-Huberman se encuentra en la oposición entre la potencia o "lo imperceptible del devenir" (2020, p. 169) y el poder. La potencia, explica el autor, puede expresarse en "imágenes síntomas" o "imágenes deseo" trasmisoras de una historia pasada que reclama una historización que la haga posible en el presente. Precisa: "No hay historia política sin inconsciente y sin esas 'supervivencias' que pronto --a finales del siglo XIX-- teorizarían Freud en el dominio de la psique y Warburg en el de las 'ciencias de la cultura'" (2020, p. 207). Se trata, puntualiza Didi-Huberman, de imágenes que, tal como intuye Freud para el trabajo del sueño o en los procesos de duelo y rememoración, se esfuerzan por superar los límites de lo sensible, subvirtiendo el orden que el poder normalizador posee para "reducir la diversidad espontánea de los afectos" (2020, p. 249).

Cabe puntualizar que la potencia creativa de estas imágenes y afectos no descansa en un fundamento sólido, un tiempo anterior que reivindicar en el presente o al cual retornar, sino que, más bien, se aproxima a lo que Nietzsche reconoce como intempestivo (2002) o a la comprensión del concepto de historia desarrollada por Benjamin (2021). Es decir, se trataría de una temporalidad deseo que suspende la historia pactada, los mitos o fábulas que narran el tiempo presente:

El origen como remolino subvierte, de hecho, todo lo que el origen como raíz querría instituir. La raíz es permanente, bien anclada en el suelo, y es eso lo que permite a Heidegger hablar de la tierra, donde reside la raíz, como cierre sobre sí, como reino de lo Mismo. Cosa muy diferente es el remolino: es impermanente. Surge de cuando en cuando, la mayor parte de las veces de manera imprevisible, en el curso del río. No hay, pues, fenómeno del origen que no sea pasajero, frágil, tan desaparecerte como pareciente: tan poco "instituido" como posible y susceptible de hacer surgir, desde su remolino, toda la pluralidad del Otro ( Didi-Huberman, 2023, p. 84).

Nos parece que en la transmisión de emociones y la reinvención de las identidades juveniles es posible identificar los márgenes que escapan a la imagen instituida de la juventud chilena, y dar cuenta de modos de resistencia y de lucha que se transmiten entre las generaciones desde un tiempo plural que no busca reivindicar un pasado mítico predictatorial, a la vez que reniega de las fábulas y narrativas de la posdictadura. Esta aproximación permite transitar desde representaciones homogéneas y estables de la memoria social hacia el reconocimiento de los tránsitos generacionales como un campo fragmentario, en permanente disenso, conflicto y renovación. Se trata de "anomalías de la memoria" que se hacen presentes contrariando los relatos oficiales y que irrumpen de manera azarosa, escapando a las grillas estadísticas que se diseñan para aprehender los fenómenos juveniles. Así, al joven integrado a la realidad económica de un país en continuo crecimiento, las investigaciones que se han visitado le oponen la persistencia de emociones que expresan desencanto, la sensación de vulneración y posiciones vitales contradictorias, las que no se logran resolver en las biografías de estos sujetos y que por ello vuelven a estar presentes en las generaciones siguientes. Pese a ello, cabe resaltar que los jóvenes no solo son recapituladores del pasado, ya que al volcarse sobre las memorias familiares y sociales logran formas novedosas de apropiación y de expresión. Parece necesario, entonces, oponer críticamente a la persistencia de la normalización de las identidades, afectos y memorias, el trabajo creativo que es puesto en juego en cada generación.

En este sentido, rescatar los elementos creativos, estéticos, identitarios o simplemente las formas de supervivencias frente a las contradicciones estructurales y culturales que se deben superar en cada tránsito generacional permite: i) reconocer la potencia creativa presente en las formas vitales y normativas que generan los individuos en respuesta a las vicisitudes de su medio natural y social, y ii) examinar las formas de internalización, normalización y resistencia de los afectos permitidos por la sociedad chilena de la posdictadura.

Las emociones y sentimientos que expresan la integración social refieren a múltiples planos: materiales, simbólicos, normativos, estéticos, de acción/participación y generacionales, y expresan no solo la consciencia que los sujetos sociales construyen respecto de las normas y las acciones del presente, sino también la internalización de los afectos y sentidos que se transmiten generacionalmente. Se trata, por tanto, de los modos en que los jóvenes se apropian de las narraciones colectivas de la memoria social y comunicativa, y de la memoria familiar, y, en consecuencia, de la legitimidad otorgada a los imaginarios del pasado en estos tránsitos generacionales. Este trabajo de construcción identitario integra tiempo biográfico, estructura social y tiempo histórico, así como también los "efectos de sentido" que se ocupan del presente y develan las posiciones enunciativas que proyectan la propia imagen y las palabras utilizadas como referentes que orientan los posicionamientos personales y colectivos en la historia reciente.

Como se ha planteado, en el caso de la juventud chilena estas formas de apropiación se manifiestan utilizando un amplio repertorio expresivo. Sin embargo, nos parece posible dar cuenta de nuestra hipótesis de lectura mediante tres ejemplos que refieren sucesivamente a las palabras, los símbolos y las imágenes reconocibles en las protestas de los estudiantes desde 2006 hasta el estallido social de 2019.

El primero de estos aspectos se podría situar en el ámbito de las consignas utilizadas por los jóvenes duran‐te las tomas de establecimientos educativos y las protestas callejeras, en las que se vislumbra un ejercicio de reapropiación de fórmulas discursivas que habían caído en desuso durante los primeros años de la transición a la democracia. Consignas que se "escuchan" en las manifestaciones o se "leen" como grafitis o rayados callejeros, y que retrotraen la memoria al periodo previo a la dictadura --se lee "poder popular", "acción directa", "nacionalizar el cobre para financiar la educación", "chileno: 44 años después El Mercurio miente"-- a la posdictadura --se lee "desmunicipalización", "educacion", "¡violenta es tu educación de mercado!"-- ( Jofré, 2021; López & Cárdenas, 2015). Cabe observar, sin embargo, que a pesar del anclaje histórico de estas fórmulas o consignas, parece ser que ven modificados sus sentidos dependiendo de las disputas en cuestión, las biografías y los contextos de los hablantes. Un segundo ámbito en donde es posible reconocer las modalidades de operación de estas apropiaciones generacionales es identificado por González (2020), quien toma como ejemplo el "cancionero de la revuelta" para argumentar en contra de una supuesta ruptura generacional presente en el estallido, la cual posicionaría en lugares opuestos a una generación adulta incapaz de orientar a la juventud, y a una juventud carente de normas, excesivamente emocional y creyente solo en los propios sentidos subjetivos. Al contrario de esta hipótesis, la lectura propuesta apunta a reconocer en la entonación sistemática de un "cancionero popular", que mezcla composiciones emblemáticas de la nueva canción chilena, la música de los ochenta y los géneros musicales contemporáneos, la continuidad de significantes entre las generaciones, los que, al ser modificados y reapropiados, permiten vislumbrar tanto el presente como el pasado y, en particular, los imaginarios en que se reconocen los grupos juveniles y la memoria social. Desde esta perspectiva se hace presente una alianza intergeneracional que se proyecta como consciencia y afectos heredados.

Esta hipótesis sobre la continuidad histórica de los procesos generacionales de los jóvenes chilenos contemporáneos, nos parece, puede encontrar asidero en varias de las imágenes que componen el libro Postales del estallido social chileno. Entre la vivencia y la memoria, editado por Iván Ojeda y publicado en 2020, que registra fotográficamente imágenes de las protestas desarrolladas a finales de 2019. En estas imágenes se cruzan la variable individual del deseo de retener en la memoria una visión determinada, con un ángulo y perspectiva definidos por quien la rescata y la idea de archivo como memoria social posible de ser compartida "con otros", con el objetivo de crear símbolos que permitan retornar imaginariamente al momento original en que la fotografía fue tomada. A partir de estas dimensiones se propone la recopilación de imágenes como un dispositivo del recuerdo frente al olvido o la desfiguración que tiende a recaer sobre los procesos sociales que entran en conflicto con las visiones hegemónicas de las sociedades. En el caso del estallido social, se trata de la tensión entre la violencia de las protestas y la violencia represiva, pero también de la solidaridad y de las acciones de apoyo y cuidado presentes en estas manifestaciones.

En varias de estas imágenes se reconoce el tránsito entre las generaciones de las demandas sociales, lo que hace que el mismo mensaje pueda ser representado por niños, adolescentes y jóvenes, adultos o adultos mayores. En la mayor parte de las imágenes se hace palpable este "reencuentro generacional", que supera las distinciones etarias por otra forma de modulación, una que se ve atravesada por las circunstancias históricas en que se expresan y por los deseos y memorias que permiten reconocer. Observemos que para Didi-Huberman (2020) las imágenes permiten visibilizar cómo el sufrimiento toma posición en un entramado histórico, social y cultural que expresa modulaciones del poder y del saber específicas. Esta toma de posición, observa el autor, pone de manifiesto un movimiento y una imaginación dialéctica que tiende a lo inacabable y que, en este sentido, es resistencia ante la fijación de la imagen a una interpretación y proyección de nuevos sentidos posibles. Tomemos la imagen de una anciana sentada en silla de ruedas que sostiene sobre sí un cartel con el mensaje: "Última línea. De aquí no pasarán" ( Ojeda, 2020: 78). Esta imagen conduce a la superposición de dos temporalidades: jóvenes/viejos en un mismo punto de inflexión en la lucha social. Así, si la "primera línea" tiene como función, en el juego de tácticas de la lucha callejera, constituirse como una barrera frente al avance de la policía, posicionándose como línea de avanzada, esta anciana asume idéntico rol, pero en un plano existencial, lo que permite apreciar en el cuerpo de esta mujer un testimonio de las tensiones sociales que movilizan las revueltas de los jóvenes, como una barrera que, de traspasarse, develaría el desarraigo social de estas vidas invisibles. En otras imágenes se reconoce la impotencia, la ira y el dolor. Algunos ejemplos: la imagen de un rayado en el centro de Santiago que porta el siguiente mensaje: "Si la alegría no vino, hay que ir a saquearla" ( Ojeda, 2020, p. 86); un cartel que anuncia: "Que arda todo por amor" ( Ojeda, 2020, p. 211), o la imagen del rostro herido de un joven que dirige una mirada que expresa, a la vez, dolor y desconfianza, mientras su boca se inclina expresando ambas emociones, pero también un gesto de tristeza ( Ojeda, 2020, p. 147). En cierto sentido, estas imágenes son en sí un signo de las emociones que se despliegan entre las generaciones, donde la alegría y el amor conviven en un mismo espacio con la violencia, el dolor y la incredulidad. Signos que manifiestan y son portadores de una potencia que se hace portavoz de la memoria, de la actualidad y de una apertura del tiempo por venir ( Didi-Huberman, 2020, p. 64).

Resulta de interés resaltar que en estas imágenes se revela un mensaje que se diversifica, en cuanto se pueden derivar de ellas y de su interrelación en una u otra dirección múltiples significados. Las emociones que resguardan estas imágenes, pensamos, están también presentes en las circulaciones y modificaciones de sentidos de las consignas que se utilizan en las protestas estudiantiles, y en el modo en que ciertas canciones --o partes de estas-- son reapropiadas en tanto que símbolos que engloban el momento de su creación, pero también el de su "relanzamiento", en una lógica que recupera el tiempo pasado, con el fin de construir nuevos imaginarios de un futuro posible. En esta perspectiva, tal como lo vienen demostrando los estudios sobre juventudes en Chile, resulta una ficción adulto céntrica concebir a las identidades juveniles que se manifiestan, en especial en 2006, 2011 y 2019, como una entidad que surge solamente de la oposición al mundo adulto. Ciertamente, se observa un claro rechazo y desconfianza respecto de las lógicas políticas y sociales que se desarrollan en el tiempo de la pos-dictadura, pero estos posicionamientos se anclan en los sentires y deseos reprimidos, en las contradicciones que se develan en las alianzas intergeneracionales y en los afectos subversivos que se levantan contra la normalización de las emociones tristes, como la ira y la melancolía. A estas emociones tristes se enfrentan la creatividad, la expresividad y la revuelta, que hacen presente la tensión inmanente entre deseo y memoria en las temporalidades biográficas, generacionales e históricas. En esta perspectiva, la vertiente política de estas manifestaciones de impugnación al orden social supone, como observa DidiHu‐ berman (2020), comprender que en estos posicionamientos en la memoria colectiva se halla la apertura a una temporalidad perdida que no es solo el tiempo pasado, puesto que remite a múltiples temporalidades, afectos y deseos, las que se expresan en la posibilidad de identificarse, como jóvenes, con nuevas figuras e imágenes que no reconduzcan a los estereotipos que los discursos del mundo adulto construyen para modelar a la juventud chilena.

REFLEXIONES FINALES

Los jóvenes poseen la potencialidad de subvertir el régimen normativo de las sociedades, dando cuenta, como precisa Didi-Huberman (2020), de afectos creativos que se oponen a los afectos-poderes de las sociedades, en cuanto permiten romper la temporalidad normalizada de los afectos permitidos, abriendo la posibilidad de la resubjetivación del pasado, el presente y el futuro. Por ello, consideramos necesario poner de relieve el carácter creativo de estos procesos de apropiación intergeneracional. Cada joven y cada generación ponen en tensión el espacio imaginario, simbólico y político en que habitan, transmitiendo los fantasmas que en estos escenarios se proyectan y las emociones contradictorias que resguardan: la melancolía, la rabia, la perplejidad, al mismo tiempo que producen pequeñas variaciones de la perspectiva, las que permiten identificar la imagen que "se da al otro" y el anclaje simbólico que la sostiene como un punto de visibilidad subjetiva y social. Como se ha hecho presente, Didi-Huberman (2020) aporta importantes reflexiones que permiten discernir que, hasta en los más pequeños desplazamientos de estos posicionamientos, se desarrolla la apertura a nuevas posibilidades creativas, las que dan forma al deseo inconsciente de rechazar la posición asignada, las emociones y los sentimientos que a ella se asocian. Se trata, entonces, de formar nuevos escenarios futuros desde la imaginación y el deseo de transformación.

Como observa André Green (2000), el psicoanálisis aborda en el ámbito de las lógicas colectivas el problema de la memoria de lo reprimido, la que expresa el trabajo de lo negativo en lo social. A este respecto, Green se detiene en las desfiguraciones imaginarias y en la destructividad pulsional que se manifiestan socialmente, las que potencian las formas de normalización sobre lo que debe ser recordado y olvidado, ajustando la memoria social a modos de decir y a afectos legítimos. El trabajo de la memoria, por medio de su capacidad elaborativa, cuestiona estos límites representacionales, lo que da lugar a procesos de duelo respecto de experiencias dolorosas del pasado, pero también a nuevos posicionamientos subjetivos y colectivos. Estos tránsitos y elaboraciones permiten reconocer el espacio entre las generaciones como un espacio creativo y vital. Parece posible suponer, entonces, que las producciones de los adolescentes y jóvenes chilenos se aventuran al espacio mítico, imaginario y simbólico en que se anidan los recuerdos proscritos, las vivencias y afectos reprimidos de sus padres o abuelos que vivieron las restricciones del régimen dictatorial y la violencia o el miedo de este periodo, como también en las perplejidades y las contradicciones de la posdictadura, dando lugar a un trabajo de elaboración que no se limita a intentos de recuperación del pasado, sino que también insta a su utilización en diversas estrategias creativas.

Pensamos que los jóvenes chilenos en los últimos años han intentado superar las imágenes del pasado, quizás sin éxito, con una mezcla de sentimientos de melancolía e ira que derivan muchas veces en violencia, pero este es un intento que debemos acoger y valorar como un esfuerzo de reparación de las contradicciones sociales que han heredado. Desde esta lectura, entendemos, se debe reconocer la continuidad de los sentidos y desafíos entre las generaciones. Las tentativas identitarias de los jóvenes chilenos son múltiples y manifiestan actualmente una enorme pluralidad, la cual cabe destacar y defender frente al desarrollo de perspectivas que tienden a homogenizar las experiencias juveniles.

DECLARACIÓN DE CONFLICTO DE INTERÉS

Los autores no han referido ningún potencial conflicto de interés en relación con el contenido de este artículo.

FINANCIAMIENTO

Este texto se enmarca en el contexto de una investigación más vasta titulada: "*Transmisión entre las generaciones y normatividad: aportes para un abordaje comprensivo y crítico del concepto de memoria colectiva en las sociedades del recuerdo".* Nuestros agradecimientos a ANID/Programa Fondecyt-iniciación 11230745

Notas del Autor

Autor correspondiente / Correspondence: daniel.jofre@uach.cl

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