Es difícil sintetizar la obra de Humberto Maturana, por su amplio espectro y porque durante años su teoría se ha aplicado a dominios más allá de la ciencia biológica. Uno de esos dominios es la cultural. La obra de Maturana es muy extensa, y la desarrolló en colaboración con diversos autores en variados dominios de la ciencia biológica, antropológica y psicológica. Por tanto, no pretendemos aquí definir la teoría de Humberto Maturana, dado que resulta compleja, por exceder los objetivos de este estudio y requiere de un esfuerzo de reflexión epistemológica que tenemos la esperanza de desarrollar en futuras publicaciones.
A continuación, propondremos una síntesis de la reflexión del autor, que permita, en este breve espacio, aclarar la propuesta de operacionalización de la cultura matrística y patriarcal/matriarcal que nos llevó a la construcción y validación del TAMYP.
En versión muy sintética, podemos definir los momentos de la obra de Humberto Augusto Gastón Maturana Romesín (1928-2021) como la fase de la pregunta sobre el vivir, es decir, sus estudios doctorales, que lo llevan a la noción de autopoiesis (Maturana, Lettvin, McCulloch & Pitts, 1960; Lettvin, Maturana, Pitts & McCulloch, 2013; Varela & Maturana, 1970; Varela, Maturana & Uribe, 1974), la etapa de la biología de la cognición y biología del conocer (Maturana, 1975, 1978, 1988, 1990a, 1995a,1995b, 1996a, 1996b, 2022,2005; Maturana, Varela & Stafford, 1980; Maturana &Varela, 1984; Maturana & Varela, 2019; Maturana & Pörksen, 2010); más tarde propondrá la biología cultural, consecuente con las obras anteriores; Maturana & Verden-Zöller, 1993, 2012; Maturana & Nisis, 1995; Maturana, 2000, 2007; Maturana & Mpodozis, 2000; Maturana & Dávila, 2015, 2019; Maturana, Dávila & Ramírez, 2016; Dávila & Maturana, 2021a, 2021b).
Una de las características esenciales de las diversas presentaciones y escritos se centró en la definición que hacía de su obra, desde el hacer como biólogo. Declaró en múltiples ocasiones que hablaba como biólogo (Maturana, 1990a, 1995a, 1996b; Maturana & Verden-Zöller, 1993; Maturana & Pörksen, 2010; Dávila & Maturana, 2021a), que se interesó por tratar de comprender el fenómeno de la vida y, desde aquí, a los humanos, en cuanto seres vivos. Para lograr dicha comprensión observó la vida en los seres humanos y los recursivos y complejos procesos que estos desarrollan como seres vivos, es decir, como seres autopoiéticos (Maturana, 1975; Maturana & Varela, 1984; Maturana & Varela, 2019).
Para Maturana, lo que hace a los homínidos seres humanos no estaría determinado por el cerebro, por la inteligencia, el lenguaje u otra habilidad cognoscitiva, sino por una serie de conductas conservadas desde hace cientos de miles de años. Según la perspectiva filogénica de Maturana y en concordancia con otros autores, como Eisler (1991), Gimbutas (1982, 1991) y Verden-Zöller (1982), uno de los cambios críticos de nuestros antepasados homínidos se habría generado a partir de la descoordinación del celo y la fertilidad en las hembras homínidas (Homo australopithecus).
Hace 2 a 3 millones de años, los primeros homínidos habrían desarrollado una serie de conductas de acoplamiento sexual complejo, dada la ausencia de coordinación entre celo y fertilidad en las hembras. Dicho acoplamiento sexual complejo habría implicado la coordinación de conductas entre machos y hembras, que habrían dado cuenta de acciones conjuntas previas y posteriores al coito (Maturana & Verden-Zöller, 1993, 2012). Las acciones conjuntas desarrolladas se habrían conservado de generación en generación y se habrían mantenido conductas de acoplamiento social correlativas al desarrollo de nuevas estructuras y mayor complejidad e incremento del volumen del cerebro. Debido a la neotenia (infancia prolongada) y para la sobrevivencia de los sujetos de la especie, los cuidadores iniciales habrían desarrollado una serie de conductas orientadas a la conservación del vástago homínido/humano que habrían permitido nuestra sobrevivencia como especie.
Maturana (1988, 1990b, 1995a) postula que el origen de las conductas de los cuidadores de los recién nacidos se fundamenta en un estado y disposición corporal de aceptación incondicional hacia el otro (bebé) como otro legítimo, especificando dominios de acoplamiento estructural y espacios de relación comunicativa que no solo darán origen al dominio del “lenguajear” sino también a los de protección y cuidados, que se amplificaron a los demás miembros del grupo de homínidos. Dicho estado y disposición corporal de aceptación del otro constituye lo que el autor denomina “amor biológico”.
Las conductas de amor biológico entre los homínidos y sus vástagos conforman una matriz relacional, sostenida y traspasada de generación a generación, denominada, por Maturana y otros, como cultura matrística (Maturana, 1990b; Maturana & Verden-Zöller, 1993, 2012; Maturana & Dávila, 2015; Dávila & Maturana, 2021a) e implica conductas de aceptación incondicional hacia el otro como otro legítimo y vínculos de cooperación, colaboración, reciprocidad, amor y juego. En este sentido, esta matriz relacional, sostenida y traspasada de generación, puede entenderse como cultura.
Páez (2006) destaca el punto común entre la psicología social y la antropología al considerar la definición de cultura como un estilo de vida. Este se construye a partir de patrones de pensamiento, sentimiento y acción socialmente adquiridos.
Para Maturana, una cultura corresponde al espacio de relación en que “los seres humanos surgimos en la historia de la familia de primates bípedos […] cuando el lenguajear como una manera de convivir en coordinaciones de coordinaciones conductuales consensuales, dejó de ser un fenómeno ocasional, y al conservarse generación tras generación en un grupo de ellos se hizo parte central de la manera de vivir que definió de allí en adelante a nuestro linaje” (Maturana & Verden-Zöller, 1993, p. 20).
Por tanto, postula la palabra matrístico “con el propósito de connotar una situación cultural en la que la mujer tiene una presencia mística que implica la coherencia sistémica acogedora y liberadora de lo maternal fuera de lo autoritario y lo jerárquico. La palabra matrístico, por lo tanto, es contraria a la palabra matriarcal, que significa lo mismo que la palabra patriarcal, en una cultura en la cual las mujeres tienen el rol dominante […] en otras palabras, la palabra matrístico está usada intencionalmente para referirse a una cultura en la cual hombres y mujeres pueden participar de un modo de vida centrado en una cooperación no jerárquica, precisamente porque la figura femenina representa la conciencia no jerárquica del mundo natural al que pertenecemos los seres humanos, en una relación de participación y confianza, no de control ni autoridad, y en la cual la vida cotidiana es vivida en una coherencia no jerárquica con todos los seres vivientes, aún en la relación predador-presa” (Maturana & Verden-Zöller, 1993, p.19).
La cultura matrística, según estos autores, fue en la que nos habríamos constituidos como humanos; sin embargo, esta no se habría mantenido como dominante, dando paso a la cultura patriarcal/matriarcal, marcada por la competencia, la noción de propiedad, la conservación del poder, el logro del dominio y control de los espacios de relación, la autoridad, y la subyugación de las mujeres a los hombres (Maturana, 1990b; Maturana & Verden-Zöller, 1993, 2012; Maturana & Dávila, 2015; Dávila & Maturana, 2021a, 2021b).
Por tanto, las culturas patriarcales/matriarcales son aquellas que “se constituyen en una red cerrada de conversaciones caracterizada por las coordinaciones de acciones y emociones que hacen de nuestra vida cotidiana un modo de coexistencia que valora la guerra, la competencia, la lucha, las jerarquías, la autoridad, el poder, la procreación, el crecimiento, la apropiación de los recursos y la justificación racional del control y de la dominación de los otros a través de la apropiación de la verdad” (Maturana & Verden-Zöller, 1993, p. 24).
En el texto Habitar humano en seis ensayos de biología- cultural, Dávila y Maturana (2021a) sintetizan este proceso filogenético (desarrollo de la especie homínida) en el primer ensayo, titulado “Eras psíquicas de la humanidad”. Allí describen, para cada una, las configuraciones del emocionar, del convivir cotidiano que habrían caracterizado los diversos momentos de la historia evolutiva humana como distintos espacios psíquicos o “modos de habitar en lo[s] que se dieron todas las dimensiones del convivir relacional […]. El convivir relacional se vivió en cada era psíquica en un presente en continuo cambio, en el que el fluir del emocionar surgía, momento a momento, del trasfondo histórico-operacional y filosófico-epistemológico imperante” (Dávila & Maturana, 2021a, p.38). Las etapas propuestas eran las siguientes:
- Era psíquica arcaica: La dinámica emocional fundamental habría sido el amar como un suceder espontáneo.
- Era psíquica matrística: La dinámica emocional fundamental habría sido el amar como un convivir deseado.
- Era psíquica del apoderamiento: La dinámica emocional fundamental habría sido la apropiación de la verdad y la veneración de la autoridad.
- Era psíquica moderna: La dinámica emocional fundamental habría sido el dominio de la autoridad y la enajenación en el poder.
- Era psíquica posposmoderna: La dinámica emocional fundamental habría sido el surgimiento de la reflexión y la acción ética consciente, vista como la gran oportunidad de cambio (Dávila & Maturana, 2021a).
Según estos autores, actualmente nos encontramos transitando en la era psíquica posmoderna, que implica aproximarnos al vivir en la competencia constante no solo con los otros, sino también con nosotros mismos. Esta era posmoderna recalca y resalta los valores de vivir en una cultura patriarcal/matriarcal que implica la pérdida de “los fundamentos de lo humano” y las consecuencias eventualmente destructivas en los diversos dominios vitales de nuestra especie. De este modo, la cultura en que vivimos y cohabitamos sostiene, mantiene y reproduce comportamientos, emociones, pensamientos e ideas aprendidas, normalmente permanentes en el tiempo, que pueden ser distinguidas como actitudes.
En la psicología contemporánea, la actitud de una persona se comprende como una evaluación positiva o negativa de realizar un comportamiento (Eagly & Chaiken,1993, 2005; Fishman et al., 2021). Una definición clásica de actitud es la propuesta por Allport (1935) que la considera como “un estado de disposición mental y nerviosa, organizado mediante la experiencia, que ejerce un influjo directivo dinámico en la respuesta del individuo a toda clase de objetos y situaciones” (p. 798). Dicha definición posee las características centrales del término[,] a saber: a) es un constructo hipotético o variable no observable directamente; b) implica una organización o relación entre aspectos cognitivos, conativos y afectivos; c) juega un rol motivacional y [de] orientación hacia la acción y también influencia la percepción y pensamiento; d) las actitudes son aprendidas; e) se mantienen en el tiempo; y, f) implican un componente de evaluación o afecto simple de agrado o desagrado” (Valleran en Páez, 2006). Zimbardo y Leippe (1991) postulan otros dos aspectos que suelen integrar las actitudes, a saber: a) el carácter definitorio de la identidad del sujeto, y b) el ser juicios evaluativos y archivados en la memoria a largo plazo.
Por tanto, definiremos actitudes matrísticas como aquellas predisposiciones positivas a un otro centradas en pensamientos, emociones y conductas asociadas a la cooperación, aceptación incondicional, juego, amor biológico y reciprocidad; y actitudes patriarcales/matriarcales como aquellas predisposiciones a un otro centradas en pensamientos, emociones y conductas ligadas al control, la competencia, el poder, autoridad y la supremacía.
De acuerdo con Maturana y Verden-Zöller (1993, 2012), en la actualidad ambas culturas conviven, con predominio de la cultura patriarcal/matriarcal, que influye en diversos dominios vitales, como la educación, el trabajo, la religión, la política y la organización social, entre otros (Maturana, 1988, 1990b, 1995, 1996, 1999, 2001, 2005; Maturana & Varela, 1984; Maturana & Nisis, 1995; Dávila & Maturana, 2021a; Maturana & Dávila, 2015; Maturana, Dávila & Ramírez, 2016).
Pensamos que la caracterización que se hace desde la biología cultural en la versión de Maturana y Dávila (Dávila & Maturana, 2021a; 2021b), junto con los antecedentes teóricos, a saber: biológicos, epistemológicos, sistémicos, evolutivos, culturales y psicológicos, da cuenta de la consabida relación entre sujeto y medio, por lo que, por ejemplo, en el contexto del vivir cotidiano patriarcal/matriarcal, se facilitan las conversaciones destructivas en pos del logro del poder, la competencia, la autoridad, que conllevan un emocionar autoagresivo, heteroagresivo, insano y desintegrado, que margina psicosocialmente y que podría explicar, en parte, el origen de las enfermedades de salud mental.
La teoría de Humberto Maturana y colaboradores y su implicancia hoy en día nos parece suficiente para intentar crear y buscar evidencias de validez para un instrumento que relacione estas dimensiones, las operacionalice (actitudes matrísticas y patriarcales/matriarcales) y proponga una manera plausible con estándares psicométricos conforme al actual estado del arte, entregando las garantías éticas necesarias para respaldar su uso, y los hallazgos y resultados que se obtengan a partir de las mediciones psicométricas realizadas con dicho instrumento (AERA, APA & NCME, 2014).
En concordancia con lo previamente expuesto acerca de esta teoría, se esperaría que las actitudes patriarcales/matriarcales centradas en la competencia estuviese relacionado positivamente con el malestar psicológico debido a ser una potencial fuente estrés. En tanto, las actitudes matrísticas debieran estar relacionadas de manera negativa con dicho malestar.
Por otra parte, se esperaría que las actitudes patriarcales/matriarcales estuviesen relacionado positivamente con la dominancia social, puesto que parte de la competencia implica imponerse a otro, mientras que las actitudes matrísticas deberían mantener una relación negativa con la dominancia social, debido a su foco es la colaboración entre las personas.
El presente estudio tiene un doble objetivo. Por un lado, construir un instrumento que permita medir actitudes matrísticas y patriarcales/matriarcales, ofrecer evidencias sobre su validez, y analizar si este instrumento se relaciona con variables psicológicas e ideológicas. Contar con un instrumento capaz de cumplir con lo anterior permitiría enriquecer el análisis psicosocial, al facilitar una aplicación concreta desde la teoría biológica/cultural de Maturana y colaboradores.
1 OBJETIVOS ESPECÍFICOS E HIPÓTESIS DEL PRESENTE ESTUDIO
Objetivo específico 1: Creación y validación del TAMYP en población adulta y estudiantes universitarios de la ciudad de Arica.
Hipótesis 1: El TAMYP mostrará evidencias de confiabilidad y validez del constructo.
Hipótesis 2: Las subescalas de actitudes matrísticas y patriarcales/matriarcales del TAMYP mostrarán entre sí una correlación negativa y significativa.
Objetivo específico 2: Establecer la relación entre las variables del TAMYP y los estados emocionales negativos en una muestra de estudiantes universitarios.
Hipótesis 3: Las actitudes matrísticas mostrarán una relación inversa frente a estados emocionales negativos .
Objetivo específico 3: Establecer la relación entre las variables del TAMYP y la orientación a la dominancia social en una muestra de población general.
Hipótesis 4: Las subescalas del TAMYP mostrarán una relación significativa con la orientación a la dominancia social en una muestra de población general.
2 MÉTODO
2.1 CONSIDERACIONES ÉTICAS
El presente estudio constituye el trabajo de tesis de colegas que forman parte del Grupo de Investigación en Psicología Política de la Universidad de Tarapacá. Cada uno de los tres estudios fueron aprobados por un comité de ética de la misma institución. En todos ellos se siguió el proceso de consentimiento informado, explicando el carácter voluntario de la participación y la posibilidad de desistir en cualquier momento, así como la opción de solicitar información sobre los resultados una vez terminado el estudio.
2.2 DISEÑO Y PARTICIPANTES
El presente análisis psicométrico contó con la realización de tres estudios transversales (Ato et al., 2013). En cada estudio se llevó a cabo un muestreo basado en la accesibilidad de los participantes, quienes fueron estudiantes universitarios en los estudios 1 (E1) y 2 (E2), mientras que en el estudio 3 (E3) se invitó a población general. En todos se utilizó un muestreo no aleatorio.
En el estudio 1 la muestra estuvo compuesta por 317 estudiantes universitarios, de los cuales el 209 (66%) fueron mujeres y 108 (34%) hombres, con edades entre los 18 y 47 años (ME=21,86; DE=4,290).
La muestra del estudio 2 estuvo constituida por 263 estudiantes universitarios, de los cuales 166 (63.1%) eran mujeres y 97 (36.9%) hombres, con edades comprendidas entre 18 y 50 años (ME=22.70; DE=3.44).
La muestra del estudio 3 estuvo constituida por 509 participantes (población general), de los cuales 281 (55.2%) eran mujeres y 228 (44.8%) hombres, con edades comprendidas entre 18 y 81 años (ME=36.53; DE=16.14).
2.3 INSTRUMENTOS
Test de Actitudes Matrísticas y Patriarcales/matriarcales. Para medir las actitudes matrísticas y patriarcales/matriarcales se utilizó el Test de Actitudes Matrísticas y Patriarcales/Matriarcales (TAMYP). La escala cuenta con 20 ítems divididos en dos dimensiones: Actitudes Matrísticas (e. g., “La cooperación es más fructífera que la competencia”; 11 ítems) y Actitudes Patriarcales/Matriarcales (e. g., “Si no tienes poder, no eres nadie en la vida”; 9 ítems). La escala tiene un formato de respuesta de cinco opciones que van desde 1, “Totalmente en desacuerdo”, a 5, “Totalmente de acuerdo”. Como se explica en el siguiente apartado, en el estudio 1 (E1) se construyeron y definieron los ítems finales. La escala resultante fue la que se utilizó tanto en el estudio 2 (E2) como en el estudio 3 (E3).
Estados emocionales negativos. Para medir los estados emocionales negativos se utilizó la Depression, Anxiety and Stress Scales (Lovibond & Lovibond, 1995) en su versión en castellano y abreviada (DASS-21, Bados et al., 2005; Daza et al., 2002) y adaptada para población chilena (Antúnez & Vinet, 2012). La escala cuenta con 21 ítems distribuidos en tres dimensiones: Depresión (e. g., “Siento que no hay nada por qué vivir”; 7 ítems), Ansiedad (e. g., “Cuando tengo problemas, suelo sentir temblores en el cuerpo”; 7 ítems) y Estrés (e. g., “Suelo sentirme irritable”; 7 ítems). La escala tiene un formato de respuesta de cuatro opciones, desde 0, “No describe nada de lo que me pasó o sentí en la semana”, a 3, “Sí, esto me pasa mucho, o casi siempre”. Las puntuaciones altas en cada una de las dimensiones de la escala reflejan estados emocionales más negativos. Los puntajes de la escala presentaron coeficientes alfa de Cronbach y omega aceptables (Depresión, α=.90, ω=.90; Ansiedad, α=.87, ω=.88; Estrés, α=.84, ω=.85). Esta escala se utilizó en el estudio 2 (E2).
Orientación hacia la dominancia social. Para medir la orientación hacia la dominancia social (variable ideológica) se utilizó la Social Dominance Orientation Scale (Sidanius et al., 1994) en su versión en castellano (Silván-Ferrero & Bustillos, 2007), que ha sido adaptada para población chilena (Cárdenas et al., 2010; Henríquez et al., 2020). La escala contiene 14 ítems divididos en dos dimensiones: Dominancia Grupal (e. g., “Algunas personas son inferiores a otras”; 7 ítems) y Oposición a la Igualdad (e. g., “Todos los grupos deberían tener las mismas oportunidades en la vida”; 7 ítems inversos). La escala tiene un formato de respuesta de siete opciones, que van desde 1, “Totalmente en desacuerdo”, a 7, “Totalmente de acuerdo”. Las puntuaciones altas en ambas dimensiones reflejan mayor orientación hacia la dominancia social. Los puntajes de la escala presentaron coeficientes alfa de Cronbach y omega aceptables en ambas dimensiones (Dominancia Grupal, α=.77, ω=.78; Oposición a la Igualdad, α=.94, ω=.94). Esta escala se utilizó en el estudio 3 (E3).
Orientación política. Para medir la orientación política, se les consultó a los participantes sobre su posición política contestando un ítem único de 10 opciones, donde 1 era extrema izquierda y 10 era extrema derecha. Esta escala se utilizó en el estudio 3 (E3).
2.4 PROCESO DE CONSTRUCCIÓN DEL TEST DE ACTITUDES MATRÍSTICAS Y PATRIARCALES/MATRIARCALES
En un trabajo conjunto de los autores, originalmente se redactaron 100 ítems para tener un amplio pool de selección inicial. Estos reactivos presentan actitudes matrísticas y patriarcales/matriarcales conformes a las lecturas de las obras de Maturana y Vërden-Zöller (1993, 2012). En este sentido, los ítems para evaluar la cultura patriarcal/matriarcal incluyeron características esenciales de esta; por ejemplo, ítems asociados a la valoración de la competencia, el poder, la propiedad, la guerra, el liderazgo bélico, el machismo y otros. Respecto a los ítems de la cultura matrística, se consideraron características esenciales de esta; por ejemplo, ítems asociados a la aceptación incondicional del otro, la importancia de la expresión afectiva, la cooperación con y hacia los otros, la reciprocidad, entre otros. Este conjunto de reactivos iniciales fue sometido al juicio de siete expertos. Mediante una lista de control online, los jueces expertos calificaron cada uno de los reactivos según los criterios de claridad, relevancia y coherencia. En cada ítem estos criterios se puntúan entre 1 (muy baja) y 5 (muy alta). Aquellos ítems que puntuaron en promedio sobre 4 en cada uno de los tres criterios se conservaron. Adicionalmente, había un espacio para realizar observaciones en donde se podía argumentar acerca de descartar o cambiar el ítem. A partir de los resultados se decidió descartar 12 ítems y reformular ligeramente 10 de los restantes, manteniendo el resto en su forma original. Así se definió la primera versión de este instrumento.
Luego de obtener la aprobación del comité de ética y siguiendo adecuadamente el proceso de consentimiento informado, los 88 ítems resultantes se sometieron al primer estudio (E1) en una muestra de 317 participantes. Se seleccionaron los pesos factoriales sobre .5 para las dos dimensiones resultantes y se descartaron elementos que pudiesen tener pesos similares en ambas. Se realizó un análisis factorial confirmatorio, puesto que, al ser guiado por la teoría, es factible realizar este tipo de análisis directamente (Batista-Foguet et al., 2004; Ferrando & Anguiano-Carrasco, 2010), considerando que se esperaba obtener dos dimensiones: una matrística y otra patriarcal/matriarcal.
Aunque 40 ítems permitían un buen modelo, se optó por obtener la versión más breve posible que conservase buenas propiedades psicométricas. El resultado fue una versión de 20 ítems. Se obtuvo un RMSEA=0.063 (0.055 – 0.071), CFI=.915, TLI=.904. Esta versión es la que se utilizó posteriormente en los estudios 2 y 3.

2.5 PROCEDIMIENTOS
Antes de aplicar los instrumentos de medición, se solicitó a cada uno de los encuestados que firmaran un formulario de consentimiento informado autorizando el uso de sus respuestas solo con fines investigativos. En los tres estudios, los cuestionarios fueron anónimos y confidenciales. En el estudio 1 los cuestionarios se aplicaron de manera presencial en las salas de clases de la universidad, con autorización de los docentes a cargo. En el estudio 2, su distribución fue mediante aplicación de encuesta mediante Google Forms a estudiantes de diversas carreras de la institución de educación superior. En el estudio 3 la distribución también fue realizada a través de Google Forms. Cada cuestionario fue respondido individualmente.
Los entrevistadores eran estudiantes de pregrado y fueron capacitados específicamente para la aplicación del instrumento. La duración de la evaluación fue de aproximadamente 30 minutos.
2.6 ANÁLISIS ESTADÍSTICO
La base de datos se analizó utilizando los softwares estadísticos SPSS 24 y Mplus 8.8. En primer lugar, para proporcionar evidencia de la estructura factorial del TAMYP se estimó un modelo de medida mediante análisis factorial confirmatorio en las muestras de los dos estudios por separado. El modelo debía reflejar dos dimensiones teóricas del constructo mediante indicadores de bondad de ajuste aceptables (Schreiber, 2017) y presentando saturaciones factoriales altas (\lambda > .5). En segundo lugar, para proporcionar evidencia de la confiabilidad de los puntajes de las pruebas, se estimó la consistencia interna calculando el coeficiente alfa de Cronbach (\alpha) y el coeficiente omega (Revelle & Zinbarg, 2009) para cada una de las dimensiones de la escala.
Posteriormente a los análisis de fiabilidad, se evaluó la validez nomológica, que se refiere a la existencia de relaciones empíricas entre constructos hipotéticamente relacionados (Batista-Foguet et al., 2004; Aldás-Manzano & Uriel-Jiménez, 2017). Para evidenciar la validez nomológica de las puntuaciones del TAMYP, se estimaron dos modelos de ecuaciones estructurales. El primer modelo (M1) presenta la relación entre las puntuaciones de las dimensiones del TAMYP y los estados emocionales negativos (DASS-21; E1). Para este modelo (M1) se controló el efecto de la edad y el sexo. El segundo modelo (M2) presenta la relación entre las puntuaciones de las dimensiones del TAMYP y la orientación hacia la dominancia social (SDO; E2). Para este modelo (M2) se controló el efecto de la edad, el género, el nivel educativo y la orientación política. Para el análisis de los modelos, se utilizó el método de estimación weighted least square mean and variance adjusted (WLSMV), que es robusto con variables ordinales no normales (Beauducel & Herzberg, 2006) y el método de rotación oblicua Geomin, el cual permite la correlación entre factores (Muthén & Muthén, 2017). La bondad de ajuste de los modelos se estimó utilizando valores de chi-cuadrado (\chi^2), error cuadrático medio raíz de aproximación (RMSEA), índice de ajuste comparativo (CFI) y el índice de Tucker-Lewis (TLI). De acuerdo con los estándares recomendados por la literatura (Schreiber, 2017), los valores de RMSEA \leq .08, CFI \geq .95 y TLI \geq .95 se consideran adecuados e indicativos de buen ajuste. Estos índices proporcionan información sobre la discrepancia entre la matriz de varianza/covarianza propuesta por el modelo teórico y la matriz de varianza/covarianza proporcionada por las puntuaciones de los participantes (Hu & Bentler, 1995).
3 RESULTADOS
3.1 ESTRUCTURA FACTORIAL Y FIABILIDAD DE LAS PUNTUACIONES
La tabla 1 muestra los indicadores de bondad de ajuste del TAMYP en los estudios 2 y 3. Tanto en el estudio 2 (E2) como en el estudio 3 (E3), los indicadores de bondad de ajuste del TAMYP fueron cercanos a los recomendados por la literatura (Schreiber, 2017). Sin embargo, en ambos estudios el TLI y el CFI fueron menores a los puntos de corte recomendados (i.e., TLI > .95, CFI > .95; Schreiber, 2017). Con el fin de mejorar el ajuste del modelo y también de conseguir un instrumento más breve, se procedió a analizar el contenido de cada uno de los ítems.
Se eliminaron iterativamente los ítems “Me gusta compartir lo que tengo con los demás”, “Las personas no se miden por sus errores o defectos”, “Valoro a las personas tal y como se expresan” y “Para mí, ganar poder es una meta esencial en la vida”, ya que podrían estar compartiendo el mismo contenido semántico con otros ítems del instrumento. En la tabla 1 se pueden observar también los indicadores de bondad de ajuste de los modelos depurados. En ambos estudios, el modelo depurado de 16 ítems presentó mejores indicadores de bondad de ajuste que el modelo original de 20 ítems. Por tanto, se continuó trabajando con el modelo depurado.
Tabla 1
| Estudios | Par | χ2 | gl | p | CFI | TLI | RMSEA | RMSEA IC 90% | |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Inferior | Superior | ||||||||
| E2 | 100 | 369.060 | 169 | .000 | .937 | .929 | .067 | .058 | .076 |
| E2* | 80 | 195.517 | 103 | .000 | .966 | .961 | .058 | .046 | .071 |
| E3 | 101 | 444.473 | 169 | .000 | .927 | .918 | .057 | .050 | .063 |
| E3* | 81 | 260.249 | 103 | .000 | .948 | .940 | .055 | .047 | .063 |
Nota:
*Modelos depurados con 16 ítems; E2 = Estudio 2; E3 = Estudio 3. Par = parámetros.
En la tabla 2 se presentan las cargas factoriales, las medias y las desviaciones típicas de las puntuaciones para cada dimensión del TAMYP. Como se puede observar, los ítems de cada una de las dimensiones presentan cargas factoriales elevadas y estadísticamente significativas en ambos estudios.
Tabla 2
| Ítems | E2 | E3 | ||||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| AM | AP | AM | AP | |||||
| λ | M (SD) | λ | M (SD) | λ | M (SD) | λ | M (SD) | |
| Actitudes matristicas (AM) | ||||||||
| Debemos facilitar el desarrollo de los niños/as y jóvenes a través de su participación en diversos juegos. | .840 | 4.40 (0.78) | -- | -- | .847 | 4.71 (0.68) | -- | -- |
| La cooperación es más fructífera que la competencia. | .685 | 4.22 (1.00) | -- | -- | .658 | 4.32 (1.06) | -- | -- |
| Acepto la expresión emocional de los niños como llanto, gritos o risas, pues ellos no pueden controlarse en ciertos momentos. | .588 | 3.86 (1.07) | -- | -- | .655 | 4.33 (1.03) | -- | -- |
| Me encanta encontrarme con gente culturalmente muy diferente a mí. | .660 | 4.26 (0.86) | -- | -- | .777 | 4.43 (0.87) | -- | -- |
| El compartir en juegos facilita el sano desarrollo de los que participan. | .821 | 4.37 (0.79) | -- | -- | .898 | 4.62 (0.73) | -- | -- |
| Se debe respetar al otro independiente de quien sea. | .524 | 4.39 (0.93) | -- | -- | .657 | 4.59 (0.82) | -- | -- |
| Lo bueno de jugar es que se gana con el solo hecho de participar. | .680 | 3.77 (1.15) | -- | -- | .703 | 4.27 (1.09) | -- | -- |
| Jugar es algo tan necesario como la formación educativa. | .691 | 4.33 (0.89) | -- | -- | .735 | 4.50 (0.94) | -- | -- |
| Actitudes patriarcales (AP) | ||||||||
| La mujer debe quedarse en la casa cumpliendo su rol esencial de madre. | -- | -- | .718 | 1.29 (0.70) | -- | -- | .625 | 1.34 (0.94) |
| Creo que los hombres son superiores a las mujeres. | -- | -- | .868 | 1.17 (0.51) | -- | -- | .843 | 1.18 (0.65) |
| El juego tiene sentido en la medida que uno gane. | -- | -- | .563 | 2.27 (1.16) | -- | -- | .546 | 1.84 (1.19) |
| Si no tienes poder no eres nadie en la vida. | -- | -- | .638 | 1.78 (1.09) | -- | -- | .753 | 1.41 (0.89) |
| Es claro que hay personas que están destinadas a obedecer. | -- | -- | .543 | 1.89 (1.09) | -- | -- | .607 | 1.77 (1.16) |
| Las personas deberían aceptar a ciegas lo que dicen sus líderes. | -- | -- | .672 | 1.33 (0.68) | -- | -- | .695 | 1.29 (0.78) |
| Si queremos líderes eficientes, estos tienen que ser hombres. | -- | -- | .991 | 1.18 (0.55) | -- | -- | .910 | 1.15 (0.64) |
| Ya se les han dado demasiados beneficios a las mujeres en nuestra sociedad. | -- | -- | .826 | 1.36 (0.77) | -- | -- | .770 | 1.37 (0.91) |
Nota:
E2 = Estudio 2; E3 = Estudio 3; \lambda = Carga factorial; AM = Actitudes matristicas; AP = Actitudes patriarcales/matriarcales.
En cuanto a la representación de las relaciones entre los factores, las dimensiones mostraron correlaciones inversas de magnitud grande ((r > .50); Cohen, 1988) en ambos estudios, siendo de (-.521) en el estudio 2 y de (-.513) en el estudio 3. Finalmente, los coeficientes de confiabilidad (tanto alfa de Cronbach como el coeficiente omega) fueron superiores a ( .76 ) en las dos dimensiones del TAMYP y en ambos estudios (ver tabla 3).
Tabla 3
| E2 | E3 | |||
|---|---|---|---|---|
| AM | AP | AM | AP | |
| Alpha (α) | .816 | .763 | .832 | .761 |
| Omega (ω) | .827 | .807 | .847 | .789 |
Nota:
E2 = Estudio 2; E3 = Estudio 3; AM = Actitudes matristicas; AP = Actitudes patriarcales/matriarcales.
3.2 EVIDENCIA DE VALIDEZ NOMOLÓGICA
Con el fin de presentar evidencia de validez nomológica, se estimaron dos modelos de ecuaciones estructurales . La tabla 4 muestra los indicadores globales de ajuste de los modelos estimados.
Tabla 4
| Modelos | Par | χ2 | DF | p | CFI | TLI | RMSEA | RMSEA IC 90% | |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Inferior | Superior | ||||||||
| E2--M1 | 171 | 1074.654 | 695 | .000 | .966 | .964 | .046 | .040 | .051 |
| E3--M2 | 207 | 1766.862 | 654 | .000 | .930 | .926 | .058 | .055 | .061 |
Nota:
E2 = Estudio 2; E3 = Estudio 3; M1 = Modelo 1; M2 = Modelo 2. Par = parámetros.
3.3 ESTUDIO 2
El (M1) examina la relación entre las puntuaciones del TAMYP y los estados emocionales negativos en una muestra de estudiantes universitarios (ver figura 1). La edad y el sexo se incluyeron como variables de control en el análisis. El modelo presentó índices de bondad de ajuste cercanos a los criterios recomendados por la literatura (ver tabla 4). La figura 2 muestra que las actitudes matrísticas de los estudiantes universitarios presentan una relación negativa estadísticamente significativa de magnitud leve ((b > .10); Cohen, 1988) con los estados emocionales negativos. Las actitudes patriarcales/matriarcales no presentaron una relación estadísticamente significativa con los estados emocionales negativos de los estudiantes universitarios.

3.4 ESTUDIO 3
El (M2) examina la relación entre las puntuaciones del TAMYP y la orientación hacia la dominancia social en una muestra de población general (ver figura 2). La edad, el género, el nivel educativo y la orientación política se incluyeron como variables de control en el análisis. El (M2) presentó índices de bondad de ajuste aceptables; por lo tanto, el modelo es una buena representación de las relaciones observadas (Schreiber, 2017). La figura 3 muestra que las actitudes matrísticas presentan una relación negativa estadísticamente significativa de magnitud grande ((b > .50); Cohen, 1988) con la orientación hacia la dominancia social ((M2)). Las actitudes patriarcales/matriarcales presentan una relación positiva estadísticamente significativa de magnitud moderada ((b > .30); Cohen, 1988) con la orientación hacia la dominancia social ((M2)).

4 DISCUSIÓN.
De acuerdo con el objetivo específico 1 e hipótesis 1, el TAMYP presenta evidencias de validez y fiabilidad midiendo actitudes patriarcales/matriarcales y matrísticas, en tres estudios que involucraron a 1.089 participantes. Además, de acuerdo con la hipótesis 2, los resultados evidencian la validez y confiabilidad de las puntuaciones obtenidas en el TAMYP, las cuales se reflejan en dos dimensiones distintas y opuestas: las actitudes patriarcales/matriarcales y las actitudes matrísticas. En el segundo estudio, y de acuerdo con el objetivo específico 2, se evaluó el efecto de las actitudes patriarcales/matriarcales y matrísticas sobre los estados emocionales negativos en una muestra de estudiantes universitarios. Los resultados constatan la hipótesis 3 y demostraron que las personas que presentaban actitudes en favor del juego, la aceptación del otro como un otro legítimo, la reciprocidad y la cooperación, a su vez obtuvieron puntuaciones más bajas en la escala de estados emocionales negativos (ansiedad, depresión y estrés). Esto es coherente con la reflexión desarrollada por Maturana y sus colaboradores, al exponer las características fundacionales de la cultura matrística y su énfasis en la aceptación incondicional, el amor y el juego como fundamentos de lo humano.
Podemos afirmar, de acuerdo con los resultados del estudio 2, que se constata la hipótesis de Maturana y colaboradores en términos de que el vivir con actitudes matrísticas disminuye la prevalencia de estados emocionales asociados a ansiedad, depresión y estrés.
Por otro lado, en el estudio 2 no se detectaron relaciones estadísticamente significativas entre las actitudes patriarcales/matriarcales y los estados emocionales negativos. Esto quizás se deba a variables asociadas a la muestra de estudiantes universitarios u otras variables que no fueron consideradas; por ejemplo, personalidad o presencia (o no) de psicopatologías. Lo anterior debiese ser considerado en futuras investigaciones, para detectar el efecto de las actitudes patriarcales/matriarcales sobre los estados emocionales negativos y/o sobre la presencia de cuadros psicopatológicos en estudio.
Al buscar estudios de predicción o correlación entre variables similares a las nuestras no encontramos equivalencias al estudio 2. Sin embargo, el tema de la masculinidad hegemónica y la convivencia con las nuevas masculinidades podría estar en sintonía con nuestra teoría y hallazgos.
Robles et al. (2021) plantean la deconstrucción de miradas reduccionistas y heteropatriarcales. Con una muestra de 1.255 varones, residentes en Argentina, proponen una descripción de las nuevas masculinidades, que se caracterizan como expresiones contrahegemónicas y disidentes de las perspectivas de género impuestas por el patriarcado” (Robles et al., 2021, p.88).
Evidentemente, esta constatación de que no hay una única forma de ser varón está en sintonía con las características que los varones desarrollan en la cultura matrística, en el espacio familiar, laboral, social y de pareja (entre otros). Lo interesante del estudio descriptivo de Robles et al. es que, dados sus resultados, infieren que los varones de la muestra se encuentran en un proceso de reconsideración de los roles domésticos, tales como asumir labores de cuidados, expresar emociones y acoger la posibilidad de postergar las relaciones sexuales en pareja (actitus atribuida mayoritariamente a las mujeres), o en materia de anticoncepción, nuevos patrones de paternidad y mayor participación en la crianza. Todos aspectos en desacuerdo con la perspectiva patriarcal/matriarcal, donde al hombre se lo caracteriza principalmente desde el rol de proveedor y protector.
En el mismo tenor, las teorías de tensión del rol de género y de sexismo sugieren que la adherencia rígida a los roles de género tradicionales está asociada con disfunción psicológica. Por extensión, se presume que la adherencia a creencias sexistas debería estar asociada con síntomas de salud mental. En esa línea, Borgogna y Aita (2020) analizaron una muestra de hombres y mujeres (N=1,025) entre 2017 y 2019. El estudio reveló, a través del modelo de ecuaciones estructurales multigrupo, que el sexismo hostil era un predictor significativo de estados emocionales negativos (depresión, ansiedad y estrés) en hombres y mujeres y que el sexismo benévolo se asoció significativamente de manera positiva con el estrés y la ansiedad en los hombres, así como con los síntomas de ansiedad en las mujeres a nivel bivariado. Dichos roles de género “tradicionales” obviamente se enmarcan en la cultura patriarcal/matriarcal dominante y de aquí la importancia de describir dicha cultura y deconstruirla. En el tercer estudio, y de acuerdo con el objetivo específico 3, se examinó el efecto de las actitudes patriarcales/matriarcales y matrísticas sobre la orientación hacia la dominancia social en una muestra de población general. Los resultados con población general comprobaron la hipótesis 4, demostrando que las personas que presentaban actitudes patriarcales/matriarcales orientadas hacia el logro del poder, la competencia y la autoridad, mostraron mayor preferencia por valorar la jerarquía social y el control sobre los demás. Esto se alinea con las propuestas anteriores de la biología cultural (Dávila & Maturana, 2021a, 2021b; Maturana &Dávila, 2016; Maturana, Dávila & Ramírez, 2016).
Por otro lado, las personas que presentaron actitudes matrísticas, como estar a favor del juego, la aceptación del otro como un otro legítimo, la reciprocidad y la cooperación, demostraron tener una menor preferencia por la dominancia grupal y la oposición a la igualdad.
Lo anterior puede explicarse desde las primeras reflexiones publicadas por Maturana y Verden-Zöller (1993, 2012) respecto de la emergencia de la cultura matrística desde una perspectiva ontogénica (en el desarrollo en perspectiva individual, desde su nacimiento a la muerte), lo que se refuerza con la perspectiva filogenética (desarrollo de la especie homínida), caracterizada por espacios de relación de amor biológico y la necesidad de generar contextos de juego que faciliten el desarrollo de empatía y confianza, entre otros efectos, contribuyendo a la sobrevivencia de los miembros del grupo. Maturana (1990b), en el prefacio a la obra El cáliz y la espada. Nuestra historia, nuestro futuro, de Riane Eisler (1995, p. xv), expone: “Las conductas que forman el dominio de acciones que en la vida cotidiana connotamos cuando hablamos de amor, son las que constituyen al otro como un legítimo otro en la convivencia, y como tales fundan lo social”.
En esta línea, no nos sorprende la estructura bifactorial de la escala, ni tampoco la correlación entre predominio de actitudes matrísticas y estados emocionales negativos (figura 2), dado que conceptualmente ambas culturas, a saber, cultural matrística y cultura patriarcal/matriarcal, conviven en la actualidad, llevando a sus actores a destinos opuestos.
Del mismo modo, encontrar una correlación negativa entre actitudes matrísticas y orientación hacia la dominancia social (figura 3), además de la correlación positiva descubierta entre las actitudes patriarcales/matriarcales y la misma variable, aporta evidencia para confirmar la reflexión desarrollada por Humberto Maturana y colaboradores.
El estudio de Shi et al. (2021) en población china (N=2008) demostró la predicción de la depresión a través de la orientación hacia la dominancia social (SDO), es decir, se constató que la preferencia por el dominio y la desigualdad aumentaba la depresión en contexto de pandemia.
En un sentido similar, Szabó et al. (2024), con población turca (N= 492), utilizaron la escala de orientación a la dominancia social (SDO) y la escala de autoritarismo de ala de derecha (RWA), en relación con la estigmatización de tres enfermedades mentales, a saber, esquizofrenia, depresión y trastornos por consumo abusivo de alcohol. Los resultados de dicho estudio muestran que ambas variables ideológicas serían predictoras del fenómeno de estigmatización. Sin duda, ambas variables, SDO y RWA, forman parte de una concepción ideológica conservadora. La SDO estaría asociada a la oposición a la igualdad y la valoración de las jerarquías sociales. Por su parte, el autoritarismo de ala de derecha (RWA) evalúa la agresión autoritaria hacia grupos (validada por la autoridad) y sumisión autoritaria, es decir, subalternidad a la figura de la autoridad. Según Duckitt y Bizumic (2013), el autoritarismo de derecha se muestra no solo como una condición de personalidad individual, sino como un fenómeno multidimensional representado por el autoritarismo, el conservadurismo y el tradicionalismo, aspectos que claramente guardan relación con la cultura patriarcal/matriarcal descrita por Maturana y colaboradores. De aquí que los resultados presentados por Szabó et al. (2024) estén orientados hacia el mismo espectro de relación de variables que el presente estudio.
El TAMYP logró una representación adecuada de su estructura de dos factores latentes y demostró tener puntuaciones válidas y confiables para su aplicación en poblaciones similares a las examinadas en los dos estudios presentados. Además, se observó una relación negativa entre las actitudes matrísticas y los estados emocionales negativos, así como con la orientación hacia la dominancia social. A su vez, se encontró una relación positiva entre las actitudes patriarcales/matriarcales y una mayor inclinación hacia la dominancia social.
Futuras investigaciones podrían explorar si la incorporación de las actitudes matrísticas y patriarcales/matriarcales, junto con variables positivas de salud mental como la satisfacción con la vida y la resiliencia, contribuye a una comprensión más integral de los factores psicosociales que influyen en el bienestar de las personas. Este análisis podría abarcar tanto el ámbito de la psicoterapia individual y grupal como el diseño de intervenciones psicosociales. Asimismo, sería pertinente examinar cómo estas interacciones se vinculan con variables negativas, como la discriminación y el acoso, para obtener un panorama más completo de los factores que afectan el bienestar. Además, se debería considerar el papel de las políticas públicas y su implementación, ya que estas pueden actuar como facilitadores o barreras para el bienestar de las comunidades (Rojas-Andrade et al, 2024).
En el ámbito de la reflexión psicopolítica, estas variables podrían servir como impulsores de investigación en procesos ideológicos y políticos, al estar asociadas con la toma de decisiones, diseño de políticas públicas y participación política, movimientos sociales e incluso intenciones de voto, entre otros fenómenos. Considerando lo anterior, creemos que la construcción de este instrumento era necesaria, con el fin de posibilitar el desarrollo de líneas de investigación que tributen a diversas áreas, como la educación, la salud mental, el mundo laboral, la participación política, el desarrollo de políticas internacionales diplomáticas, la resolución de conflictos entre estados y otras áreas. Nuestro grupo espera desarrollar aplicaciones en algunos de estos dominios, especialmente la psicología y, sin duda, la psicología política.
5 LIMITACIONES DEL ESTUDIO
En primer lugar, hay que considerar que el estudio 2 y el estudio 3 adoptaron un enfoque transversal, lo que impide atribuir efectos causales a las relaciones observadas entre las variables en ambos modelos. En segundo lugar, en el estudio 2 se examinaron las puntuaciones de una muestra no representativa, compuesta por estudiantes de educación superior universitaria, mientras que en el estudio 3 se analizaron las puntuaciones de una muestra igualmente no representativa de población en general. Por tanto, sería menester incorporar en futuras investigaciones diseños experimentales que permitan atribuir causalidad a las relaciones observadas y que empleen muestras obtenidas mediante selección aleatoria de la población objetivo, permitiendo así obtener conclusiones más generalizables para la población en su conjunto.
6 CONCLUSIONES
El TAMYP cuenta con evidencia psicométrica apropiada respecto a su estructura factorial, obteniendo indicadores de bondad de ajuste adecuados, así como a su fiabilidad. También se obtuvo evidencia que respalda, al menos parcialmente, su validez nomológica. Por tanto, puede ser un instrumento útil para avanzar en la investigación empírica de la cultura matrística propuesta por Maturana y colaboradores.
7 AGRADECIMIENTOS
Esta publicación fue realizada por el Grupo De Investigación de Psicología Política de la Escuela de Psicología y Filosofía de la Universidad de Tarapacá, Arica, Chile.
