VIOLENCIA HOMOFÓBICA ENTRE HOMBRES HOMOSEXUALES
A lo largo de la historia, la violencia contra personas homosexuales ha sido un tema importante. No obstante, a partir de mediados del siglo XIX, la violencia homofóbica comenzó a ser reconocida como un fenómeno relevante por la academia, la política y otras instituciones ( Goldberg et al., 2019; ILGA, 2019). La evidencia empírica reporta que esta violencia tiene efectos negativos en la población de lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, intersexuales, queer y otros (LGBTIQ+) tanto en los niveles de calidad de vida como en la salud mental ( Bauer et al., 2015; Cárdenas y Barrientos, 2008; Shelley et al., 2019). Los reportes han servido para visibilizar los procesos de violencia y sus consecuencias negativas, así como para despatologizar la no heterosexualidad. Sin embargo, a pesar de los avances, en la actualidad aún se hace imperativo seguir investigando sobre este tipo de violencia, dados los contextos heteronormados y el alza de los índices de homonegatividad ( Bauer et al., 2015; Institute of Medicine, 2011; Marshall et al., 2016).
La mayoría de las investigaciones existentes se han enfocado en los procesos de violencia homofóbica, desde el ejercicio de la violencia que las personas heterosexuales ejercen hacia las personas no heterosexuales (e. g., Bauer et al., 2015; Rivers et al., 2018). Además, la investigación se ha centrado en los efectos que tiene la violencia homofóbica en personas homosexuales, lo cual se ha operacionalizado con la noción de homofobia internalizada ( Huynh et al., 2020; Michli y Jamil, 2020; Phillips et al., 2020; Thepsourinthone et al., 2020; Tomicic et al., 2020; Yolaciç y Mericiç, 2020), donde se destacan los efectos negativos a nivel de salud mental y calidad de vida.
Dado este contexto, la investigación a nivel internacional y nacional muestra la relevancia del abordaje del fenómeno de la violencia homofóbica en la actualidad. Sin embargo, en el abordaje de los procesos de violencia homofóbica se ha definido desde actitudes hostiles o agresivas que una persona heterosexual ejerce sobre una persona homosexual ( Barrientos, 2015). Así, han quedado invisibilizados los procesos de violencia homofóbica que emergen de las relaciones entre personas que se autoidentifican como hombres homosexuales. A pesar de lo anterior, encontramos estudios que sugieren relaciones hostiles entre personas que se autoidentifican con una identidad LGBTIQ+ ( Castelar y Quintero, 2012; Hoskin, 2020; Hayfield et al., 2013). Estas investigaciones se centran en la noción de homofobia internalizada (Kimmes et al., 2017; Hoskin, 2020; Lu et al., 2018; Newcomb y Mustanki, 2010; Parmenter et al., 2019; Warriner et al., 2013), en interdependencia con el concepto de masculinidad hegemónica ( Donaldson et al., 2017; McMahon et al., 2020; Meyer, 2003; Ravenhill y De Visser, 2019; Sánchez et al., 2010; Sánchez y Vilain, 2012; Sánchez et al., 2016).
En complemento de lo anterior, la investigación llevada a cabo por Hayfield et al. (2013) presenta resultados donde se observan acciones y verbalizaciones hostiles y agresivas desde mujeres lesbianas hacia mujeres trans, con base en la reproducción de discursos y prácticas hegemónicos cisnormativos. Esto evidencia que los discursos y prácticas heterocisnomativas, machistas y misóginos han permeado en los espacios y relaciones sociales de personas homosexuales. Así, la violencia homofóbica que ejerce un sujeto homosexual sobre otro homosexual se basa en el mantenimiento de privilegios masculinizantes y heterocisnormados.
A partir de lo anterior, se debe realizar una precisión: a pesar de que son fenómenos comparables, en los procesos de violencia homofóbica entre personas homosexuales se destaca la participación de la dimensión del cuerpo. Las investigaciones mencionadas reportan que el cuerpo que transgrede la norma de género hegemónico convierte al sujeto en objeto de violencia y discriminación en el espacio social y privado (Bem y Schipper, 2016; Bishop et al., 2014; Bosson y Michniewicz, 2013; Donaldson et al., 2017; Hoskin, 2020; Lu et al., 2018; McMahon et al., 2020; Meyer, 2003; Ravenhill y De Visser, 2019; Sánchez et al., 2010; Sánchez y Vilain, 2012; Sánchez et al., 2016).
Lo hasta aquí expuesto destaca el rol de la masculinidad hegemónica como base de procesos de violencia homofóbica. La masculinidad hegemónica repercute y reproduce la heterosexualidad como la norma y lo verdadero, sosteniendo el binarismo de género monosexista y patriarcal. Además, la masculinidad como discurso y práctica exige una performática ( Butler, 2017), que se realiza en el cuerpo: moverse de una forma particular, la masculinidad de forma rígida y la feminidad de forma contorneada; el uso de ciertos objetos (e. g., los hombres usan pantalón, zapatos, camisa, etc., y las mujeres usan cartera, falda, maquillaje, etc.) ( Ahmed, 2017; Foucault, 1988). En concreto, la masculinidad hegemónica puede concebirse como una performance que impone formas específicas a los cuerpos a través de normas de género repetitivas y sanciones sociales, orientando la manera en que estos cuerpos se mueven y son percibidos dentro de la economía afectiva de los espacios sociales ( Ahmed, 2017; Butler, 2017; Haraway, 1991).
El presente artículo da cuenta de las relaciones hostiles entre hombres homosexuales a partir de discursos y prácticas masculinizantes ( Ahmed, 2017; Butler, 2017; Ojeda, 2019). Para lo anterior, se deben hacer dos precisiones; primero, se partirá de la base de que los procesos de violencia o relaciones hostiles entre hombres homosexuales son un fenómeno social complejo ( Barrientos, 2015), lo cual, a su vez, diferencia conceptos como "endodiscriminación" ( Castelar y Quintero, 2012) o violencia homofóbica ( Meyer, 2003) como un rechazo de la homosexualidad. En segundo lugar, los procesos de violencia o relaciones hostiles entre hombres homosexuales son un fenómeno que se sostiene sobre prácticas y discursos masculinizantes y heterocisnomados que afectan la corporalidad y la performática de género ( Albornoz y Barrientos, 2023).
1.1 Violencia homofóbica y performática de género
La masculinidad en población de personas homosexuales afecta de forma negativa su salud mental ( Bishop et al., 2014; Lu et al., 2018), ya que fuerza a los hombres homosexuales a trabajar subjetivamente sobre sí mismos de forma constante, con una hipervigilancia sobre sus cuerpos y sus relaciones sociales. Este trabajo o proceso de subjetivación foucaultiano ( Foucault, 1988), sobre sí mismos, se hace con la finalidad de ser "más" masculino de lo que se es y rechazar tanto en la propia conducta como en la de otros ( Sánchez y Vilain, 2012) toda característica corporal observable, conductual, emocional y proxémica que se asocie a lo hegemónicamente entendido como femenino ( McMahon et al., 2020).
Por tanto, esta masculinidad performada entrega a los sujetos homosexuales el privilegio de transitar y habitar en espacios sociales y privados sin convertirse en objeto de violencia o discriminación ( Hoskin, 2020). Por otra parte, como lo reportaron McMahon, et al. (2020), la expresión emocional en hombres homosexuales está asociada a una dimensión negativa para la construcción de una masculinidad hegemónica. Esto se debe a que lo masculino es una dimensión que se construye alrededor de aspectos que se asocian a la actividad, la fuerza, la inteligencia, la firmeza, la verdad o la norma, entre otros, mientras que, culturalmente, la expresión emocional está directamente ligada a la debilidad, la pasividad, el engaño y a la flaqueza, todas cualidades atribuidas a lo femenino, en lo que se ha denominado fobia a lo femenino ( Hoskin, 2020).
De acuerdo con esta fobia a lo femenino, en los estudios sobre prejuicios negativos sobre la población homosexual, los discursos sobre la masculinidad fuerzan a las personas que se autoidentifican como hombres homosexuales a la renuncia de lo que se entiende hegemónicamente como femenino ( Hoskin, 2020). Esto, a su vez, es un gatillante del aumento de los niveles de homonegatividad ( Ravenhill y De Visser, 2019), ya que se constituye una relación entre lo femenino y los hombres homosexuales ( Albornoz y Barrientos, 2023). Sumado a lo anterior, en investigaciones sobre población heterosexual ( Donaldson et al., 2017; Welzel et al., 2002), la homonegatividad está asociada a la religiosidad (e. g., catolicismo) y a otros contextos socioculturales donde se avalan o promueven roles de género hegemónicos que, al ser amenazados, elevan los niveles de homonegatividad o antifeminidad ( McMahon et al., 2020). Es decir, la violencia y la construcción de prejuicios negativos permiten perpetuar los privilegios de un sistema de prácticas y discursos hegemónicos. Sin embargo, estos estudios muestran una diferencia a nivel de identidad de género: los niveles de homonegatividad aumentan en hombres, y no en mujeres, cuando su género se ve amenazado ( Bosson y Michniewicz, 2013). Este fenómeno se manifiesta en los hombres como una respuesta a la "antifeminidad", un concepto que denota la resistencia a las características asociadas con lo femenino (Hoskin, 2023). En contraste, la idea de una "antimasculinidad" equivalente carece de fundamento en el marco de la hegemonía de género. La masculinidad, siendo la norma social ampliamente validada y reforzada, no se confronta con un rechazo estructural sistémico ni con una desvalorización cultural que sea análoga a la experimentada por la feminidad ( Albornoz y Barrientos, 2023). Por lo tanto, la homonegatividad no se incrementa en mujeres ante la amenaza de una "antimasculinidad", ya que, en sí misma, la masculinidad es un constructo social privilegiado y dominante.
En consecuencia, la masculinidad aparece como una dimensión importante para la constitución de la heteronormatividad en el contexto de hombres homosexuales de dos formas ( Ravenhill y De Visser, 2019). Primeramente, la masculinidad es vivenciada como un continuo con lo femenino, es parte de un gusto sexual y algo que acerca a la heterosexualidad de la que se quiere ser parte. En segundo lugar, aparece la necesidad del rechazo o eliminación de lo femenino. Por tanto, a pesar de los avances en políticas de inclusión en gran parte de los países occidentales, aún persisten los prejuicios negativos hacia los hombres no heterosexuales que performa roles de género entendidos hegemónicamente como femeninos (ILGA, 2022).
Aquí podemos pensar en la relevancia del cuerpo, ya que es en esta dimensión material donde aparece la norma de género. Es la performática ( Butler, 2017) corporizada la que permite que en el espacio social y privado aparezca lo femenino y lo masculino. Por tanto, en el cuerpo se configuran las reglas o mandatos de las normas de género que posibilitan la discriminación de un cuerpo afeminado. De este modo, el cuerpo que performa la feminidad transgrede una serie de normas heteronormativas que borran o tensan los límites del campo social heterosexual (Barrientos y Cárdenas, 2013). Es por esto último que tanto los cuerpos sexuados masculinos como femeninos, de hombres homosexuales, son forzados a subjetivarse desde los aspectos masculinos como lo únicamente verdadero y legítimo. Los argumentos expuestos muestran que los ideales heteronormativos polarizan la masculinidad y la feminidad. El espacio social valida los procesos de violencia que algunos cuerpos ejercen sobre otros cuerpos, no masculinos, o la violencia sobre sí mismos cuando no se cumple con los discursos y prácticas masculinas. Esto repercute en resultados negativos sobre la salud mental, en torno a la autoeficacia, el éxito, el poder, la competencia, la emocionalidad restrictiva y la asunción de riesgos ( Hoskin, 2020; Provence et al., 2014).
En concreto, existe evidencia de la articulación entre los discursos de masculinidad y feminidad, y la violencia. Sin embargo, dado que no existe información previa con respecto a los procesos de violencia homofóbica que emergen en las relaciones entre hombres homosexuales y su contexto, se plantean las siguientes hipótesis:
a. Los hombres homosexuales que reporten mayores puntajes de masculinidad1 ( Soto, 2017) tendrán mayores actitudes negativas hacia hombres homosexuales que performan roles de género socialmente entendidos como femeninos.
b. Los hombres homosexuales que reporten menores puntajes de masculinidad ( Soto, 2017) tendrán mayores actitudes positivas hacia hombres homosexuales que performan roles de género socialmente entendidos como masculinos.
c. Los niveles de masculinidad muestran una correlación positiva con la actitud positiva hacia hombres homosexuales que performan roles de género socialmente entendidos como masculinos.
d. Los niveles de masculinidad muestran una correlación negativa con la actitud negativa hacia hombres homosexuales que performan roles de género socialmente entendidos como femeninos.
MÉTODO
Este es un estudio de carácter exploratorio y descriptivo.
2.1. Muestra
La población objetivo fueron hombres que se autoidentifican como homosexuales, mayores de 18 años y residentes en la ciudad de Santiago. Se utilizó un muestreo no probabilístico, tipo bola de nieve ( Heckathorn, 2002). Para acceder a dicha muestra, se recurrió a informantes claves y se difundió el estudio en redes sociales. Dado que en Chile al momento de la aplicación de esta encuesta no se contaba con una cifra exacta de la cantidad de personas homosexuales que existen en el país, la aplicación de la encuesta no tuvo un mínimo de aplicaciones, sino que se realizó una convocatoria abierta durante tres meses.
2.2 Técnica de recolección de datos
El instrumento de recolección de datos fue una encuesta que evaluó la actitud que personas que se autoidentifican como hombres homosexuales o gays tienen frente a otros hombres homosexuales cuando se performan roles de género socialmente entendidos como femeninos y masculinos. Dado que solo existen encuestas orientadas a indagar las actitudes hacia la homosexualidad entre participantes heterosexuales, se adaptaron las encuestas existentes para utilizarlas con los posibles participantes. Se aplicó parcialmente la escala ATLG ( Herek, 1988); en este caso, la subescala de "Actitudes hacia gays". Además, se aplicó el "Cuestionario sobre el ideario de lo masculino y femenino" ( Soto, 2017) y se añadieron dos apartados: uno referente a datos demográficos, y otro que indagaba de forma directa sobre la existencia de procesos de violencia homofóbica en los participantes.
2.3. Medidas
La encuesta se construyó con base en una primera parte, de preguntas demográficas, y luego de aplicación de las dos escalas.
| Preguntas | Respuestas |
|---|---|
| ¿Cuál es tu nacionalidad? | a) Chilena b) Extranjera |
| En la actualidad, ¿cuál es tu principal ocupación? | a) Estudiante b) Trabajador dependiente c) Trabajador independiente d) Sin trabajo |
| ¿Qué edad tienes? | La opción de respuesta va de 18 a +100 años |
| ¿Cuál es tu comuna de residencia? | Se entregan 52 opciones, correspondientes a las comunas que conforman el Gran Santiago |
| ¿Cuál fue tu sexo designado al nacer? | a) Macho b) Hembra |
| ¿Cuál es tu nivel socioeconómico? | a) Nivel Socioeconómico Bajo b) Nivel Socioeconómico Medio c) Nivel Socioeconómico Alto |
| ¿Cuál es tu nivel de educación (formal)? | a) Básica completa b) Básica incompleta c) Media completa d) Media incompletae) Media técnica completa f) Media técnica incompleta g) Universitaria completa h) Universitaria incompleta i) Posgrado |
| En la actualidad, ¿te encuentras en una relación (pololeo, noviazgo o unión civil)? | a) Sí b) No |
| ¿Quiénes saben de tu orientación sexual? | a) Grupo familiar b) Grupo de amigos c) Grupo de trabajo/compañeros de universidad e) Todos los anteriores |
| ¿Participas o has participado en alguna organización LGBTIQ+? | a) MUMS b) Acción Gay c) Movilh d) Fundación Iguales e) Fundación Daniel Zamudio f) Chile Diverso g) No participo |
| ¿Qué tan religioso te sientes? | Se entregan cinco opciones desde a) Nada religioso a e) Muy religioso |
- Medidas sociodemográficas: se encuentran en la Tabla 1
- Actitudes hacia la homosexualidad: se utilizó la subescala de actitud hacia gays (ATG) de la escala Attitudes Towards Gay Men and Lesbians (ATLG) ( Herek, 1988 ). Dicha subescala consiste en diez ítems y mide las actitudes por medio de respuestas Likert de seis puntos ("totalmente en desacuerdo" = 1, hasta "totalmente de acuerdo" = 6). Mayores puntuaciones en la escala indican actitudes más negativas. Esta escala fue evaluada y validada en Chile por Cárdenas y Barrientos (2008) , quienes reportaron una confiabilidad de .90 (Alpha de Cronbach).
- Actitudes hacia la masculinidad: se usó el Cuestionario sobre ideario de lo masculino y lo femenino de Gonzalo Soto (2017) , validado en Chile. Esta escala consiste en 27 afirmaciones sobre características personales asociadas a características culturales socialmente entendidas como femeninas y masculinas, con siete opciones de puntuación, desde 0 = "característica no deseable" a 6 = "característica muy deseable". A mayor la puntuación, mayores son los índices de feminidad, mientras que a menor puntuación, mayores son los índices de masculinidad ( Soto, 2017 ). La confiabilidad no fue reportada en investigaciones anteriores; sin embargo, la fiabilidad interna de la escala se evaluó utilizando el coeficiente omega de McDonald, que fue de .891, indicando una alta consistencia interna de los ítems ( Hayes y Coutts, 2020 ).
- Vivencia de violencia homofóbica: la última parte de la encuesta constó de seis preguntas que indagaban sobre la vivencia o experiencia con violencia homofóbica en relación con otra persona que se autoidentificara como hombre homosexual o gay. Este apartado comenzaba con la pregunta "¿Has vivido violencia homofóbica por parte de otra persona homosexual o gay?", y disponía de una viñeta para guiar al participante: "La violencia homofóbica se refiere a que tú hayas sido víctima de maltrato psicológico, físico, político o discriminación, debido a tu orientación sexual o expresión de género, por parte de otro hombre homosexual o gay, por alguna razón, en algún momento de tu vida". Las preguntas se muestran en la tabla
2.4. Consideraciones éticas
Antes de proceder con la recolección de datos, la investigación obtuvo la aprobación del Comité de Ética de la Universidad Alberto Hurtado. Todos los procedimientos se ajustaron a la ley n.° 19.628, de protección de la vida privada; a la ley n.° 20.120, que regula la investigación en Chile, y también a la ley n.° 20.584, que reglamenta el registro público de la investigación y las retribuciones que son entregadas a los participantes. Adicionalmente, el estudio se ejecutó considerando tratados internacionales como la Declaración de Singapur, el Código de Nuremberg (1946) (OHSR, 2010) y el Informe de Belmont (1978).
2.5. Procedimiento
Dado el contexto de pandemia, y para obtener un tamaño muestral suficiente, la encuesta se llevó a cabo en línea. Para esto, las encuestas fueron adaptadas a la plataforma Google Forms. Luego de construida la escala, se efectuó una validación de contenido, recurriendo a la técnica de "juicio de expertos" ( Mach, 2017). Como expertos, se invitaron a dos académicos/as/ques y a dos personas que tuvieran las características de inclusión de los participantes. Además, se invitó a las agrupaciones LGBTIQ+ de Santiago Movilh, Iguales y Toda mejora, que participaron de este proceso, a través del cual se introdujeron ajustes y modificaciones.
Para responder la encuesta, cada participante debía aceptar el consentimiento informado para participar del estudio, el cual se encontraba al principio del cuestionario, donde se ofrecían las opciones "sí" y "no"
| 1. ¿Crees que ser muy masculino es una característica positiva para los demás hombres homosexuales/gays? | Cinco alternativas, desde 1) Nada relevante, hasta 5) Muy relevante |
|---|---|
| 2. ¿Crees que los hombres homosexuales o gays evalúan de forma negativa a los hombres homosexuales que se comportan de forma femenina? | Cinco alternativas, desde 1) No hasta 5) Sí |
| 3. ¿Crees que los hombres homosexuales o gays evalúan de forma negativa a los hombres homosexuales que se comportan de forma masculina? | Cinco alternativas, desde 1) Nada, hasta 5) Mucho |
| 4. ¿Crees o percibes que entre hombres homosexuales o gays existe violencia homofóbica? | Cinco alternativas, desde 1) No hasta 5) Sí |
| 5. ¿Has vivenciado o experimentado violencia homofóbica por parte de un hombre homosexual o gay? | Cinco alternativas, desde 1) No hasta 5) Sí |
| 6. Si la respuesta a la pregunta anterior fue “sí”, ¿de qué tipo fue esta violencia? | 1) Agresión psicológica, 2) Agresión física, 3) Agresión verbal y 4) No he sufrido agresión. |
El proceso de difusión se realizó con ayuda de las organizaciones LGBTIQ+ mencionadas (Movilh, Iguales y Todo Mejora). Para este proceso, primero, se obtuvo la autorización para apoyar la difusión de la encuesta y luego se negoció la retribución para la organización LGBTIQ+ por parte del investigador responsable. En este proceso de negociación, se acordaron talleres de capacitación para las personas que participaban en las fundaciones, sobre temáticas relacionadas a violencia, psicología en población no heterosexual, efectos psicológicos de la violencia y la relación entre homofobia y salud mental.
2.6. Análisis de datos
Se usó el paquete estadístico SPSS versión 25.0, en conjunto con las directrices establecidas por la perspectiva feminista de Camacho (2020). También, se emplearon las directrices de análisis estadístico con perspectiva feminista de Luxán y Legarreta (2019), quienes enfatizan que la construcción de las variables sea posicionada y que estas tengan la capacidad de mostrar una aproximación estadística cuando se las compare con otras variables.
Dada la naturaleza de los datos, se realizaron correlaciones no paramétricas, la R de Sperman, y, en cuanto a las preguntas demográficas y las indagatorias del apartado "D", se llevaron a cabo análisis descriptivos.
RESULTADOS
3.1. Características de la población encuestada
Se logró encuestar a un total de 546 personas. Los resultados por pregunta se muestran en la Tabla 3.
3.2. Violencia homofóbica entre hombres homosexuales
Con respecto al apartado que indagaba de forma directa sobre los procesos de violencia entre hombres homosexuales, los análisis descriptivos reportan que más del 50% de los encuestados percibe la existencia de violencia homofóbica entre hombres homosexuales en Santiago de Chile.
Luego, en relación con la vivencia de violencia homofóbica ejercida por parte de otra persona que se autoidentifica como hombre homosexual o gay, encontramos que un 53,3% de los participantes ha vivenciado este fenómeno. Una de las agresiones más comunes reportada es la verbal (e. g., gritos, burlas), con un 25,6%; luego, la agresión psicológica, con un 21,4%, mientras que la agresión física se reporta con un 3,1% y la opción "todas las anteriores" tiene un 4% de respuestas.
| Preguntas | Respuestas |
|---|---|
| ¿Cuál es tu nacionalidad? | Chilena: 94,1% (514*) |
| Extranjera: 5,7% (318*) | |
| En la actualidad, ¿cuál es tu principal ocupación?** | Estudiante: 28,9% (158*) |
| Sin trabajo: 7,7% (42*) | |
| Con trabajo: 63,4% (346*) | |
| ¿Qué edad tienes? | Mínimo: 18 años |
| Máximo: 73 años | |
| ¿Cuál es tu comuna de residencia?** | Santiago: 22,5% (123*) |
| Providencia: 9,3% (51*) | |
| Las Condes: 7,7% (42*) | |
| ¿Cuál fue tu sexo designado al nacer? | Hembra: 8,2% (45*) |
| Macho: 91,8% (501*) | |
| ¿Cuál es tu nivel socioeconómico? | NSE Alto: 16,3% (89) |
| NSE Medio: 71,1% (389*) | |
| NSE Bajo: 12,6% (69) | |
| ¿Cuál es tu nivel de educación (formal)?** | Universitaria completa: 37,9% (207*) |
| Universitaria incompleta: 26,6% (145*) | |
| Educación básica incompleta: 0,2% (1*) | |
| En la actualidad, ¿te encuentras en una relación (pololeo, noviazgo o unión civil)? | En una relación sexoafectiva: 51,6% (282*) |
| No en una relación sexoafectiva: 48,4% (264*) | |
| ¿Participas o has participado en alguna organización LGBTIQ+? | Participa políticamente: 14,8% (82*) |
| No participa políticamente: 85,2% (465*) | |
| ¿Qué tan religioso te sientes?** | Nada religioso: 69,9% (382*) |
| Muy religioso: 4,2% (23*) |
Notas: * Corresponde al n de la muestra. ** Para esta pregunta se presentan las respuestas de mayor representatividad.
En relación con las performáticas de género, el 76,4% de los encuestados manifiesta que la performática de género femenina en un hombre homosexual o gay es percibida como una característica negativa. En cambio, un 40,7% de los encuestados manifiesta que la masculinidad es una característica positiva en los hombres homosexuales o gays. En cuanto a la evaluación de estas características, los datos recolectados describen que ser masculino no es evaluado como algo negativo; un 76,9% de los participantes así lo manifiesta. Pero, en relación con ser femenino, un 76,4% manifiesta que esta es una característica negativa en un hombre homosexual. Estos resultados permiten observar que la masculinidad es una característica deseada por la población encuestada.
De acuerdo con estos datos, la población encuestada señala dos cuestiones relevantes. En primer lugar, de forma mayoritaria se indica la existencia del fenómeno de la violencia homofóbica entre hombres homosexuales o gays en Santiago de Chile. En segundo lugar, la mayoría ha vivenciado este proceso de violencia, ya sea de forma física, psicológica o verbal. También vemos cómo las performáticas de género femenina y masculina son aspectos que se evalúan o perciben como dicotómicos en cuanto a la evaluación de estos en otro hombre homosexual y como característica esperada.
3.3. Performática de género y actitudes hacia la homosexualidad
En la subescala ATG tenemos una media de 1,34, con una desviación estándar de 0,45, como se muestra en la Figura 1. Por su parte, en el Cuestionario sobre ideario de lo masculino y femenino, la media fue de 5,28, con una desviación estándar de 0,58, como se muestra en la Figura 2
La correlación entre la performática de género (femenina o masculina) y la actitud hacia la homosexualidad fue baja, rho (536) = -,284, p = ,01 (véanse Figura 3 y Tabla 4). Esta correlación indica que existe una relación negativa entre la performática de género y la actitud hacia lo homosexual, aunque de baja magnitud. Finalmente, considerando la literatura y siguiendo las recomendaciones de Camacho (2020), quien plantea la necesidad de un análisis estadístico feminista, se correlacionó la pregunta que indaga de forma directa sobre la existencia del fenómeno de la violencia homofóbica entre hombres homosexuales con los indicadores demográficos evaluados (sexo biológico asignado al nacer, edad, nacionalidad, ocupación, comuna de residencia, nivel socioeconómico, nivel educativo [formal], relación afectiva, socialización de la no heterosexualidad, activismo político y religiosidad). No existen correlaciones significativas entre violencia homofóbica y las variables sociodemográficas evaluadas ( Tabla 5).
DISCUSIÓN
Los resultados encontrados referentes a la ATG ( Herek, 1988) han evidenciado que no son comparables con los resultados obtenidos usando esta misma subescala en otros estudios, dado que estos se han llevado a cabo con población heterosexual (Grahm et al., 2014; Moral y Valle, 2014; Moreno et al., 2015; Papadaki et al., 2015; Santona y Tognasso, 2017; Sirota, 2011; Yu et al., 2011). La correlación entre la media de la ATG ( Herek, 1988) y la del Cuestionario sobre ideario de lo masculino y femenino ( Soto, 2017) es baja, ya que la mayoría de las personas encuestadas reporta mayor puntuar de feminidad en el Cuestionario sobre lo ideario de lo masculino y femenino ( Soto, 2017). Sin embargo, con los resultados de este estudio podemos tener una visión descriptiva del proceso de violencia homofóbica entre personas que se autoidentifican como hombres homosexuales y la forma en cómo esta se ejerce hoy en Santiago de Chile.
| Media ATG | Media CMF | |
|---|---|---|
| Media ATG | - | |
| Media CMF | .284* | - |
Nota: * La correlación es significativa si p < 0,01.
| ¿Crees o percibes que entre hombres homosexuales o gays existe violencia homofóbica? | |
|---|---|
| Ocupación actual | 0,04 |
| Nivel socioeconómico | -0,068 |
| Nivel educativo | 0,02 |
| Relación socioafectiva | -0,066 |
| Socialización de la no heterosexualidad | 0,08 |
| Participación política LGBTIQ+ | 0,013 |
| Comuna de Residencia del participante | 0,013 |
| Ocupación | 0,024 |
| ¿Cuál es tu nacionalidad? | -0,039 |
| ¿Qué edad tienes? | 0,007 |
En relación con el fenómeno de la violencia homofóbica entre hombres homosexuales, se reporta que es una problemática que existe en la población encuestada, tal como ha sido informado en estudios previos ( Castelar y Aguirre, 2012; Hoskin, 2020; McMahon et al. 2020; Miskolci, 2013; Ravenhill y De Visser, 2019). La violencia percibida podría estar teniendo repercusiones graves en la población de hombres homosexuales en Chile a un nivel físico y mental. Las personas encuestadas manifiestan haber vivenciado violencia física, psicológica y verbal ( Kiss et al., 2018; Schmitt et al., 2014; Synnes y Malterud, 2018). Además, como reportan otras investigaciones ( Cárdenas y Barrientos, 2008; Barrientos et al., 2010; Barrientos et al., 2012; Barrientos y Cárdenas, 2013; Barrientos, 2015; Movilh, 2008 y 2013), focalizar la mirada en los procesos de violencia homofóbica entre hombres homosexuales es importante no solo por la prevalencia de esta, sino que también por sus efectos.
Al igual que en la investigación de Sánchez et al. (2016), los resultados acá expuestos muestran cómo la performática de género es relevante para entender el proceso de violencia estudiado. La masculinidad entendida como "deber ser", "forma de ser" o norma social sigue siendo una performática de género exigida y validada entre los hombres homosexuales encuestados, lo cual se desprende de las respuestas a la pregunta "¿Crees que ser muy masculino es una característica positiva para los demás hombres homosexuales/gays? ( Tabla 1). A partir de los resultados obtenidos, podemos mencionar que, para la población encuestada, la masculinidad es entendida en principio desde dos prismas. Primero, como algo que los diferencia positivamente de los hombres homosexuales que performan un rol de género femenino. En segundo lugar, la masculinidad es una característica protectora, es valorada y es esperada, lo cual se asemeja a lo reportado por Papadaki et al. (2015). Estos resultados son coherentes con los reportes que distintas investigaciones han encontrado ( Graham et al., 2014; Moral y Valle, 2014; Moreno et al., 2015), donde la masculinidad es definida y percibida como una performática de género que entrega el privilegio de acceso y movilidad en espacios sociales y privados, sin convertir al sujeto en objeto de violencia o discriminación. En dichas investigaciones, la masculinidad es un atributo deseable por la población homosexual, lo cual los aleja de lo femenino, que es una característica no deseable. Esto explica cómo la normatividad de la población no heterosexual está sostenida sobre los discursos sexogénericos/hegemónicos y heterosexistas. Por consiguiente, la masculinidad es aquello que se espera que los hombres homosexuales performen, lo que concuerda con estudios previos. Por ejemplo, Ariza (2018), en su trabajo sobre la "plumofobia", afirma que la masculinidad como práctica conductual y como discurso entrega privilegios al sujeto que la performa, ya que, si no es performada la masculinidad, es probable que aumente el rechazo hacia la homosexualidad. La masculinidad es, por eso, una de las dimensiones que controla y marca un campo social de comportamiento ( Astudillo, 2016; Barrientos, 2019; Espejo, 2017), posibilitando la constitución de prácticas y discursos heteronormativos en el contexto de hombres homosexuales ( Ravenhill y De Visser, 2019). Esto último permite pensar en el uso de la homofobia como una herramienta educativa y de disciplinamiento, una suerte de dispositivo de control en los contextos sociales por medio del cual se modelan las subjetividades de los hombres homosexuales.
Además, la performática femenina es considerada como algo no esperado y, por ello, es mal evaluado que un hombre homosexual la performe; es decir, acá la performática femenina podría ser entendida como un gatillante de los procesos de violencia homofóbica. Lo anterior se relaciona con la definición y valoración, negativa e inferior, de la feminidad como performática en el contexto chileno ( Flores et al., 2022; Juárez et al., 2022; Saletti et al., 2022). Por lo tanto, es menos esperado que un hombre homosexual performe la feminidad.
Lo anterior problematiza la literatura existente de dos formas. En primer lugar, estos resultados coinciden con las investigaciones ( Cabello, 2018; Eguiguren, 2018; Sánchez, 2018; Undurraga y Simbürge, 2018; Villavicencio y Zúñiga, 2015) que señalan cómo las normativas de género definen lo masculino y femenino como un deber ser, con los privilegios y no privilegios que cada una de estas categorías (binarias) posee. En segundo lugar, estos resultados muestran la compleja relación que estos discursos heterocisnormados tiene, dentro de las relaciones y espacios sociales como privados de los hombres homosexuales, en el contexto de Santiago de Chile. Estos discursos permean e instalan un "deber ser" en los espacios sociales, favoreciendo la aparición de la homonormatividad ( Hatzenbuehler, 2014), la cual se ha reportado como la percepción y evaluación positiva de la característica masculina por sobre la femenina. Además, lo anterior permite pensar en la injerencia que tienen las prácticas y discursos heterocisnormados en el campo social de la no heterosexualidad y de los sujetos que están insertos en él, independientemente de una orientación heterosexual o no heterosexual ( Ahmed, 2017).
Por otro lado, estos resultados van en contra de lo que es reportado por otras investigaciones a nivel nacional ( Caro et al., 2020; Jirón y Gómez, 2018; Zúñiga y Herrmann, 2022), que mencionan que los discursos asociados a la familia y a ser hombre y mujer, históricamente y en la sociedad chilena actual, generan un entretejido tremendamente complejo en torno a lo que es entendido como masculino y femenino. Estos estudios muestran la alta valoración hacia la relación entre nivel socioeconómico alto y la masculinidad en detrimento de lo femenino y bajos niveles socioeconómicos, lo cual no se encontró en esta investigación.
En concreto, a pesar de la heterogeneidad de la muestra en términos demográficos, sí podemos concluir, al igual que otras investigaciones que abordan el fenómeno de la violencia basada en discursos hegemónicos del género en Chile ( Cabello, 2018; Caro et al. 2020; Eguiguren, 2018; Jirón y Gómez, 2018; Undurraga y Simbürge, 2018; Villavicencio y Zúñiga, 2015; Zúñiga y Herrmann, 2022), que, históricamente, la figura simbólica de lo femenino (mujer) ha sido violentada en diversas formas. Además, los resultados obtenidos muestran que en Santiago de Chile no existiría una relación entre el fenómeno de la violencia homofóbica entre hombres homosexuales y algunas variables sociodemográficas (e. g., sexo biológico asignado al nacer, lugar de residencia, nivel socioeconómico o nivel educativo). Es decir, los procesos de violencia homofóbica entre hombres homosexuales son un fenómeno que se percibe y experimenta en todos los estratos económicos, y no varía según el sexo biológico asignado al nacer, la edad, el nivel educativo, la comuna de residencia, la religiosidad o la participación política de la población encuestada.
Lo anterior, a su vez, permite dar cuenta de la complejidad que el fenómeno de la violencia homofóbica entre hombres homosexuales en Santiago de Chile desde dos aristas. Por una parte, visibiliza cómo las expectativas de normas de género, sustentadas en un modelo heterocisnormado, persisten y permean las relaciones entre las personas no heterosexuales, gatillando procesos de violencia. Por otra parte, este fenómeno se ve reflejado en la forma de valorar la masculinidad como una característica esperada en otro hombre homosexual, así como también en evaluar la feminidad como una característica poco deseada en otro hombre homosexual.
Por consiguiente, los efectos que tienen los discursos hegemónicos sexocisgénericos en los hombres homosexuales encuestados pueden verse homologados con los resultados de las investigaciones hechas en población heterosexual que reportan que el género (i. e., masculinidad y feminidad) es un gatillante de violencia física ( Flores et al., 2022; Juárez et al., 2022; Saletti et al., 2022) y psicológica ( Da Silva, et al., 2022), de desigualdad social ( Caro et al., 2020, Gaete y Álvarez, 2020; Zúñiga y Herrman, 2022) y de un empobrecimiento de la calidad de vida ( González et al., 2016; Gallardo et al., 2018; Jirón, 2007). Por lo tanto, dichos resultados complejizan cómo se entiende la influencia de estos discursos violentos y constrictivos en la sociedad actual no heterosexual y las consecuencias que tienen sobre la forma en que se construye el fenómeno de la violencia homofóbica.
Finalmente, en términos conceptuales, a pesar de que otros estudios se han acercado al fenómeno de la violencia homofóbica entre hombres homosexuales, a través de nociones como "plumofobia" ( Del Amo, 2018; Ordóñez, 2017; Serrano, 2020), este estudio no ha seguido ese camino. La noción de plumofobia enfatiza el temor irracional (fobia) experimentado por hombres homosexuales que performan roles de género masculinos respecto a aquellos que performan roles de género femeninos. Este estudio ha seguido el camino de las investigaciones ( Castelar y Aguirre, 2012; Miskolci, 2013) que optan por el término endodiscriminación, ya que este concepto se entiende como un proceso discriminativo que surge entre personas que pertenecen a un mismo grupo. En este artículo, dada la complejidad que logramos detectar en estos resultados, optamos por no recurrir a dicha noción, ya que el proceso de violencia estudiado no es tan solo un proceso de rechazo hacia ciertas características, sino que, más bien, involucra un proceso complejo y no bien delimitado hasta ahora. Por ello, el fenómeno de la violencia homofóbica sobrepasa la forma de entender la violencia como la acción de un sujeto sobre otro, ya que involucra una estructura social --en este caso, heterocisnormada-- que valida dicha violencia y es observada como algo necesario.
Por lo anterior, en esta investigación entendemos esta violencia como un proceso que denominamos violencia homofóbica ( Fraïssé y Barrientos, 2016). Y entender este fenómeno como un proceso de violencia supone pensar que ella está sostenida y validada por un contexto heteronormativo que trasciende las propias relaciones heterosexuales/heteronormadas. Además, supone que estos discursos son replicados por los hombres homosexuales en sus propias relaciones sociales con otros hombres homosexuales, propiciando los procesos de violencia homofóbica entre ellos.
Limitaciones
Dado su carácter exploratorio, esta investigación tiene varias limitaciones.
Primero, la población que fue encuestada no es representativa de toda la población homosexual chilena; es una muestra no probabilística sesgada. Ya que, la muestra encuestada, tuvo una edad media de 28 años, de nivel educativo de grado universitario con un 64,5% y que vive en su mayoría en ciertas comunas de Santiago que son Santiago (22,5% (123 )), Providencia (9,3% (51 )) y Las Condes (7,7% (42*)), por lo que tiene ciertas características que no la hacen en ningún caso generalizable al universo de hombres homosexuales existentes en Chile.
Luego, tenemos que el uso de la ATG constituye una limitación importante. Esta es una encuesta creada para evaluar actitudes explícitas de personas heterosexuales hacia personas gays. Así, este estudio no usó una encuesta específica que reporte las actitudes de personas homosexuales hacia otras homosexuales. Además, la ATG evalúa prejuicio explícito y no las transformaciones de este prejuicio en nuevas formas, por lo cual en el futuro habría que diseñar estudios que incluyan escalas específicas para estas poblaciones.
Sin embargo, pese a dichas limitaciones, esta investigación puede ser una puerta de entrada para la generación futura de una línea de investigación sobre este fenómeno de violencia, normalmente invisibilizado por la violencia ejercida por la población heterosexual hacia las poblaciones LGBTIQ+. Además, considerando que ya se ha demostrado el efecto que el prejuicio sexual tiene sobre la salud mental (Meyer, 1995), los resultados obtenidos permiten suponer que este fenómeno también puede afectar o estar afectando la salud mental de los hombres homosexuales. En esta línea, si bien algunas investigaciones previas han reportado la importancia de la conexión con la comunidad LGBTIQ+ para las personas gays y lesbianas ( Breder y Bockting, 2022; Ceatha, et al., 2019; Snapp, et al., 2015) este estudio y este tipo de violencia podrían sugerir que, a veces, esta comunidad, en vez de constituirse en una fuente de apoyo, podría más bien ser una fuente importante de estrés.
DECLARACIÓN DE CONFLICTO DE INTERÉS
Los autores no declaran conflictos de interés.
NOTAS
- El puntaje en "masculinidad" hace referencia a la categoría utilizada por Gonzalo Soto (2017) para dar cuenta de la prevalencia de los rasgos, conductas físicas y psicológicas que en la actualidad hombres y mujeres reconocen y asumen como propios de lo masculino, hegemónicamente definido. A mayor puntaje, existe un mayor cercanía y valoración de los discursos y prácticas masculinizantes en la performática de la persona, y a menor puntaje, una mayor cercanía a discursos y prácticas de la feminidad hegemónica.
FINANCIAMIENTO
Los autores no declaran fuentes de financiamiento.