INTRODUCCIÓN
Hablar de representaciones sociales implica un extenso entramado de construcciones teóricas y epistemológicas para entender y comprender la subjetividad del ser humano frente a los fenómenos sociales de los que participa activamente. Como lo indica Moscovici (1979), la representación social es una forma particular del conocimiento, cuya función radica en brindar a los sujetos herramientas para relacionarse y comunicarse, permitiendo hacer inteligible la realidad física y social dada desde la cotidianidad.
Así pues, como lo indica León (2002), las representaciones sociales permiten a los sujetos relacionarse y construir símbolos resultantes de las relaciones existentes entre el mundo y los objetos. Desde las posturas de, Jodelet (1986) y Moscovici (1988), estas implican un conocimiento socialmente elaborado y compartido, que proporcionan a los humanos medios para situarse en el contexto social, material e ideal. Este conocimiento se enmarca desde el sentido común, alejándose del conocimiento específico o científico ( Jodelet, 1986). Puesto que está elaborado en colectivo, surgiendo desde la espontaneidad y permitiendo organizar la realidad ( Abric, 2001; Vergara, 2008). Además, sustentan la construcción de un marco referencial que permite interpretaciones de la realidad y guía las relaciones con el mundo.
Si bien, las dinámicas socioculturales son "los términos y las formas por medio de las que conseguimos la comprensión del mundo y de nosotros mismos, son artefactos sociales, producto de intercambio, situados histórica y culturalmente" ( Gergen, 1996, p.73). Cabe resaltar, que trabajar con estás significaciones permitiría la transformación de la subjetividad a partir de un trabajo deconstrucción, de hacer visible lo invisible: atender a lo no pensado, a lo omitido, es decir, de un trabajo de elucidación ( Castoriadis, 1996).
Teniendo en cuenta que, una de las interrelaciones sociales que construye el ser humano a lo largo de su vida son los vínculos afectivos, que moldean la conducta existente, y regulan el comportamiento social. Es necesario reconocer que es en la adolescencia donde estos vínculos afectivos y relacionales inician, surgiendo así formas de relacionarse como el noviazgo. El cual, en palabras de Sánchez, et. al, (2011), se constituye como una experiencia romántica, de vinculación, compromiso y apoyo dentro de un marco social y cultural. En este sentido, aproximarse al noviazgo implica entonces, conocer los sentidos que los adolescentes otorgan a sus relaciones amorosas y al conocimiento que es compartido sobre el mismo en determinados contextos sociales.
En la actualidad, el noviazgo ha experimentado numerosas transformaciones e interpretaciones basadas en las experiencias de los individuos, estas que a su vez han disipado un conjunto de significados característicos de los mismos esquemas de pensamiento, que puedan contribuir o llegar a ser un factor de riesgo para comportamientos violentos durante este periodo. Es por esto por lo que, la violencia durante el noviazgo es definida como todo comportamiento intencional de tipo sexual, físico o psicológico en una relación de noviazgo integrada por jóvenes o adolescentes ( Basile et al., 2014; Centers for Disease Control and Prevention, 2019). Cabe resaltar que una pareja íntima podría ser un novio, novia o pareja sexual actual o anterior ( Breiding et al., 2015) e incluye otras formas de relación como las relaciones extramaritales o el "free", donde existe un vínculo afectivo o sexual pero no se espera compromiso de ninguno de los miembros ( Cienfuegos-Martínez, 2010).
Por lo tanto, el interés científico que se ha desarrollado mundialmente en torno a este fenómeno responde a su alta prevalencia e incidencia ( Heinze et al., 2018; Mohammad et al., 2016; Wincentak et al., 2017). En Colombia, Martínez Gómez et al., (2016) y Pérez-Ruíz et al., (2020), reportaron prevalencias entre el 70% y 90% de conductas violentas dentro de las relaciones de noviazgo entre adolescentes y jóvenes. También se ha reportado la presencia, en la misma proporción de violencia bidireccional dentro de las relaciones de noviazgo entre jóvenes ( Rubio-Garay et al., 2017). Estos hallazgos van en concordancia con lo planteado por el Instituto Nacional de Instituto Nacional de Medicina Legal (2019), dando a conocer que hubo diecisiete mil ciento cuarenta y ocho (17.148) hombres víctimas de violencia intrafamiliar en la pareja cifra contrastada con cincuenta y seis mil ciento sesenta y una mujeres víctimas de violencia intrafamiliar (56.161) y en contraste con los resultados del 2018, dieciocho mil quinientos cincuenta y dos hombres (18.552) han sido víctimas de violencia frente a la relación de pareja ( Instituto Nacional de Salud, 2018).
Si bien, la tendencia investigativa suele centrar a la mujer, en el papel de víctima y al hombre como el agresor, en la práctica no siempre se da esta dinámica. Como ha sido estudiado por Espinoza y Warner (2016), Moncada et al., (2021), Rojas-Solís et al., (2019), Visbal Berrio et al., (2021) y Tsang (2015), quienes reconocen que si bien los hombres experimentan violencia de tipo psicológica dentro del noviazgo, factores como el estigma, la desinformación, las barreras psicológicas, la idea de la masculinidad, la exclusión de los hombres frente a la denuncia y acceso a intervenciones que mitiguen el fenómeno conllevan a que los hombres sean invisibilizados, no se reconozcan como víctimas y eviten la búsqueda de ayuda profesional. Esta situación, pone al descubierto que los hombres sean reconocidos como victimas ( Alegría et al., 2015; Díaz-Aguado et al., 2015; Celis-Sauce et al., 2015; Jennings et al., 2017; Moral y López, 2013). Teniendo en cuenta las discusiones científicas en torno al fenómeno y la posible omisión y reconocimiento de los hombres como víctimas en este fenómeno se llevó a cabo la escogencia de la muestra exclusivamente a esta población. No se desconoce el hecho y las evidencias existentes frente a la mujer como principal víctima y el proceso bidireccional de la violencia, por el contrario, se pretende ahondar y aportar a la discusión científica sobre la otra mirada y la otra parte que está presente en el fenómeno. Es importante, propender como expone Brooks et al., (2020), un debate crítico sobre el contexto de género de la violencia, el poder dentro de las relaciones, y el tratamiento de la necesidad de apoyo de los hombres sin redefinir la victimización o quitarle importancia a las políticas y el apoyo a la victimización continua de las mujeres. Por otra parte, resaltando los hallazgos de Sivagurunathan et al., (2021), los hombres que son víctimas de violencia en sus relaciones de noviazgo suelen ocultar y son muy pocos los que arriesgan al revelar su condición en persona y en línea producto a las respuestas negativas que incluyen la crítica y minimización del abuso. Ante este panorama, el presente estudio busca conocer los significados de las experiencias de violencia en el noviazgo en parejas heterosexuales donde la víctima es el hombre, en aras de aportar hallazgos que soporten y se visibilice la otra cara del fenómeno.
MÉTODOS
Tipo de estudio
Se realizó un estudio cualitativo, que tiene como razón de ser comprender cómo las personas le otorgan significado a sus experiencias ( Smith et al., 2009). Permitiendo investigaciones más participativas y democráticas donde se tienen en cuenta las perspectivas, voces oprimidas y silenciadas ( Cortés, 2013; De la Rosa, 2008; Goodley et al., 2004; Denzin y Lincoln, 1994; Moriña, 2004). Se abordó desde un enfoque fenomenológico interpretativo, ya que intenta como lo menciona Howitt y Cramer (2011), objetivar las experiencias particulares de los participantes a partir de sus propias vivencias y significados otorgados. La técnica utilizada para la recolección de datos fue la entrevista semiestructurada gracias a su flexibilidad y capacidad de profundización en aspectos relevantes e interesantes para la investigacion ( Mann, 2016; Tracy, 2013).
Participantes
La muestra estuvo conformada por 16 hombres estudiantes universitarios de la ciudad de Barranquilla en edades comprendidas entre 18 a 26 años el requisito principal fue el reconocer haber tenido o estado en una relación de noviazgo en los últimos 6 meses. El tamaño de la muestra siguió los lineamientos del muestreo no probabilístico con fines intencionales, puesto que, permitió llevar a cabo un proceso de dialogo a profundidad del fenómeno, como bien sustenta Martínez-Salgado (2012), el interés fundamental desde la investigación cualitativa no es aquí la medición, sino la comprensión de los fenómenos y los procesos sociales en su complejidad y particularidad.
Instrumentos
Se realizó una entrevista semiestructurada por los autores que fue posteriormente validada por dos jueces expertos en el tema. Para la construcción de las preguntas, se tuvo en cuenta conocer el significado de noviazgo, manifestaciones de violencia en el noviazgo y el significado atribuido a las relaciones informales. El instrumento contó con siete preguntas, número que se podría ampliar en función de las respuestas de los participantes con el fin de intentar conocer con mayor detalle las vivencias de los entrevistados.
Análisis de los datos
Se llevaron a cabo dieciséis entrevistas a hombres que voluntariamente decidieron hacer parte de este estudio. Las entrevistas fueron transcritas e importadas en el software ATLAS.ti v8 donde se realizó un análisis de contenido de la información obtenida. Para el análisis se crearon los códigos que emergen de cada unidad de análisis, y luego se agruparon los códigos según la similitud y las relaciones encontradas en el discurso de los participantes. Una vez establecidas las relaciones pertinentes y las agrupaciones de códigos, se identificaron las subcategorías que permitieron identificar las redes de pensamiento en la que se representan las relaciones entre el discurso de los participantes. Una vez obtenidas las redes de pensamiento en el software, se trianguló la información. Finalmente se describieron los resultados y se contrastaron con hallazgos científicos que abordan el fenómeno.
Aspectos éticos
Según la Resolución 8430 de 1993, es una investigación con riesgo mínimo, ya que «se trataron aspectos sensibles del comportamiento, no representó un riesgo importante para la integridad de los participantes, en tanto no se realizó ninguna intervención física o psicológica» ( Ministerio de Salud y protección social, 1993). Además, se les indicó que la participación en el estudio no traería un beneficio directo. No obstante, los participantes podrían pedir retroalimentación de los resultados de las pruebas a los correos electrónicos de los investigadores.
RESULTADOS
A partir del análisis de los datos obtenidos, 3 categorías emergentes fueron identificadas dentro del estudio de este fenómeno, el discurso estuvo guiado en: 1) Reconstrucción del significado de noviazgo, 2) Identificación de la violencia dentro del noviazgo, categoría de la cual se identificaron 4 subcategorías: a) Reconocimiento de signos de agresión o violencia, b) Violencia verbal dentro del noviazgo, c) Violencia psicológica dentro del noviazgo y d) Violencia física dentro del noviazgo. Finalmente, una última categoría emergió y 3) Temor a la denuncia por parte del hombre. A continuación, se abordarán los ejes temáticos identificados complementados con el discurso de los participantes.
Reconstrucción del significado de noviazgo
El significado de noviazgo Figura 1, está reconstruido por una dimensión afectiva o vincular, en la que se concibe como amor la unión de dos personas, reciprocidad de afecto y cariño, comprensión, apoyo mutuo, respeto, tolerancia y reconocimiento de que hay una atracción hacia el otro basados en compartir intereses. "para mi significa relación afectiva que existe entre dos personas que se construye a base de valores, como compresión, tolerancia, amor y respeto." (P. 7).
Esta dimensión involucra la creencia que el noviazgo implica una unión emocional estable, duradera, en la que el afecto va acompañado de un proyecto vital, de estabilidad en la pareja entendida como "relación formal entre dos personas, que creen, que se brindan una estabilidad" (P. 16), que posibilita la construcción de valores que emergen de la relación y que se pueden considerar una segunda dimensión vital para el noviazgo. "vínculo fuerte, sentimental, propio, deseable que une a dos personas que se aman y se gustan y comparten cosas a futuro" (P. 6). En este sentido, la comprensión del noviazgo tiene un valor tanto personal, atribuido a lo que se espera de él, y a su vez, una comprensión cultural, en donde las personas valoran si su idea de noviazgo se asemeja a la de los otros. Así pues:
Se define como una relación amorosa que puede existir entre una pareja hombre-mujer, hombre- hombre o mujer- mujer, etc. Esto implica el respeto, ayudarse mutuamente, acompañarse, comprender y sobre todo la sinceridad, aunque en nuestro contexto muy poco se ve la sinceridad, pero la realidad debe ser otra. (P. 4)
Identificación de la violencia dentro del noviazgo
La identificación de violencia dentro del noviazgo, como categoría central, está construida bajo cuatro dimensiones que describen el discurso de los participantes Figura 2. Por un lado, emergen las formas en que el hombre reconoce los signos la violencia, también, las formas de violencia verbal y la violencia psicológica, una tercera dimensión que implica el temor a la denuncia por parte del hombre y finalmente la violencia física dentro del noviazgo.
Reconocimiento de signos de agresión o violencia
En esta dimensión, los hombres describen aquellos hechos en los que conciben la manera en que pueden identificar signos de violencia dentro de la relación de pareja. La experiencia tiene un carácter descriptivo de los cambios del estatus quo de la pareja, entre esos signos se encuentra en primer lugar la violencia, al observar los cambios y no sentirse a gusto con lo expresado por parte de su pareja, lo que se concibe como maltrato recibido por parte del otro dentro de la relación. "El hombre cree que reconoce cuando hay violencia cuando las cosas cambian, por lo general cuando no te sientes a gusto con eso que te están expresando" (P. 9).
Otros signos que describen los hombres es el cambio en la forma de ser y el comportamiento. Los hombres son capaces de reconocer cuando otro puede estar en una relación en la que haya violencia y algunos de esos signos son la inseguridad, la sumisión del hombre cuando la pareja es entendida como una figura de autoridad dentro de la relación, la pérdida de autonomía y dependencia de la pareja para tomar decisiones.
Bueno, una de las maneras para reconocer esto, aunque sea difícil y atípico, cuando cambia la forma de ser la persona... Si antes era divertida ahora va a ser sumisa, si antes seguro ahora será inseguro, es aquel que espera el visto bueno de su novia, antes que nada. (P. 14).
Algunos describen que la violencia hacia el hombre es poco común, sin embargo, se puede identificar aquellos casos en los que se da. "es raro, pero si se puede identificar, además los cambios son evidentes, el hombre es figura de autoridad"
(P. 1) Esta identificación está asociada no solo a la pérdida de la autoridad asumida por el hombre en la relación, sino que también uno de los cambios se relacionan con la afectación del estado anímico, como lo es la desmotivación, la pérdida de apoyo, el trato que recibe el hombre por parte de su pareja o el reconocimiento que la pareja le haga sentir mal, son ejemplos de las manifestaciones en que los hombres asocian a la desmotivación. "cuando sientes que tu novia, en el caso del hombre percibiéndolo, si es violencia psicológica te hace sentir mal o te agrede emocionalmente que no hay vínculo de apoyo" (P. 9).
El reconocimiento de la violencia también tiene un componente inherente a la dinámica relacional de la pareja, en el que por un lado, los hombres reconocen cuando hay violencia al ser rechazados por la pareja, además de las situaciones propias de las manifestaciones de agresión verbal o física: "cuando hay actos de insulto, ac-tos de palabras feas hacia la otra persona que de pronto ya uno se sienta aborrecido por su pareja o quizá hasta porque no, se puede dar el caso de que ella lo maltrate físicamente" (P. 15).
Así también, la relación estable puede dificultar el reconocimiento de la violencia debido a que existe el temor a la pérdida del vínculo con la pareja, el hombre ve en riesgo el proyecto de vida que puede crear en compañía con la pareja y la estabilidad que da un vínculo con gran duración. "constantemente mis amigos son víctima de violencia en el noviazgo por sus novias, ya que tienen un noviazgo de años" (P. 14), esto es, que el tiempo es un fenómeno relacionado con la creencia a estabilidad de la pareja y puede llevar a la normalización de conductas violentas, entendiéndolas como una crisis normativa de la pareja.
La dificultad del reconocimiento de la violencia dentro de una relación de noviazgo estable tiene una vinculación con el significado atribuido al noviazgo "vinculo fuerte , sentimental, propio, deseable que une a dos personas que se aman y se gustan" (P. 6), "Cuando hay una relación entre dos personas de distintos sexos, tanto hombre como mujer y ahí se da lo que es el amor, el respeto, la tolerancia del uno al otro" (P. 13), en el que la creencia sobre la relación se vincula a una dimensión afectiva y física de la relación, así como una dimensión temporal de estabilidad mutua entre ambos "relación formal entre dos personas, que creen que se brindan una estabilidad (P. 16).
La identificación de la violencia en el noviazgo, además de tener una comprensión acerca de los signos relacionados a la identificación de la agresión dentro de la relación, como los cambios del estado del ánimo, la desmotivación, los cambios en el comportamiento, el reconocimiento de la violencia en otros, y que existe una posible dificultad de reconocer esta violencia por la creencia de que los hombres no son víctimas de violencia o el tiempo que se lleva en la relación, también tiene una comprensión de los tipos de violencia y la manera en que se manifiestan en la relación. Así, se describen las formas de violencia hacia el hombre dentro de la relación de pareja.
Violencia verbal dentro del noviazgo
La violencia verbal es entendida por los hombres a través de las manifestaciones, expresiones, comentarios negativos que se dan en un lenguaje verbal despectivo, amenazador o hiriente en los cuales el hombre reconoce haber sido agredido. Las vulgaridades son una muestra de ello "la violencia en el noviazgo es cuando no hay empatía hacia uno, a veces uno se siente solo y además de eso agredido con palabras feas, vulgaridades y ofensas" (P. 13). El sentimiento de agresión es identificado por los hombres cuando hay comentarios o expresiones agresivas hacia ellos. "Alguna vez me sentí agredido por una pareja, me agredía con expresiones verbales, con grandes vulgaridades y no tenía paciencia conmigo" (P. 5).
Otra de las muestras de violencia verbal descrita por los hombres son las críticas verbales hacia la pareja por su comportamiento. Esta agresión es reconocida como constante dentro de la relación ya que la pareja suele ejercer control y poder. "la vez que yo me sentí agredido por mi pareja fue cuando me dijo que yo no soy capaz y no tengo la suficiente destreza o inteligencia para hacer ciertas cosas cuando yo puedo y si me lo propongo si lo puedo hacer" (P. 7).
También, la violencia verbal dentro del noviazgo puede conllevar expresiones de humillaciones en la que la mujer puede usar comportamientos pasados como forma de agredir, menospreciar o expresarle la idea que tiene poco valor como hombre, "lo reconoce cuando vive todo el tiempo pendiente a lo que hace o incluso recalxando cosas pasadas y humillando todo lo que uno hace" (P. 13).
El contenido de la agresión verbal se muestra como una dimensión en donde los hombres reconocen aquellas manifestaciones por parte de su pareja en las cuales se sienten poco valorados como personas dentro de la relación, y a su vez, se relaciona con la presión social que implica asumir que son víctimas de violencia. Las humillaciones en este sentido también son percibidas por el hombre como una causa por la que no expresan abiertamente que son víctimas de violencia y que también los lleva a no denunciar estos actos violentos.
"He conocido varios casos donde la pareja agrede tanto física como verbalmente a su novio y la gente cuando los ve no le presten atención por la misma imagen que tenemos aquí tan opacada y la misma ignorancia de que dejamos pasar por alto cuando el hombre también se le vulnera los derechos y también sufre" (P. 7).
Violencia psicológica dentro del noviazgo
Experimentar violencia psicológica dentro de la relación sentimental es concebida como una forma clara de violencia, ampliamente descrita cuando se manifiesta a través del maltrato psicológico, la falta de apoyo en la vida de pareja o el aborrecimiento hacia la pareja. Esto es, que los hombres reconocen una dimensión afectiva que no funciona en la pareja, producto de conductas agresivas capaces de afectar emocionalmente hombre y la estabilidad de la relación, "...el cual su expareja además de tener violencia física golpeándolo y apuñalándolo también evidenció la violencia psicológica de manera que expresa repudio y ataques ofensivos" (P. 14). De la misma manera, las agresiones verbales, van acompañadas de un componente afectivo, reconocido por los hombres, "si, pues una vez tuve una exnovia bastante celosa, posesiva y me sentía agredido verbalmente psicológicamente" (P. 14). Otro componente implicado en la violencia psicológica denota una dimensión relacional con la pareja, es decir, la relación es definida en términos de pérdida de empatía, celos, o sacar a relucir situaciones pasadas para hacer sentir mal a la pareja. "la violencia en el noviazgo es cuando no hay empatía hacia uno, a veces uno se siente solo y además de eso agredido" (P. 13), "uno lo reconoce cuando vive (ella) todo el tiempo pendiente a lo que hace o incluso recalcando cosas pasadas y humillando todo lo que uno hace" (P. 13). Este sentimiento de posesión y dominación constituye también otro elemento de la violencia psicológica.
Por otra parte, la dinámica de poder y control entre la pareja es otro elemento presente en este tipo de violencia, la manipulación, el sentimiento de dominación por parte de la pareja o las prohibiciones, son algunas formas en las que el exceso de poder y control puede generar en el hombre la vivencia de una situación de agresión psicológica. "se puede reconocer de varias formas controladora, que lo manipule y ya no haga las cosas que antes hacía" (P. 16), "sobre exigencias y privación de su libertad por chantaje y manipulación" (P. 6). Esta experiencia de poder también llega a afectar el bienestar social de los hombres, entendido como la libertad de relaciones con otros. "Casi siempre se nos maltrata de forma psicológica o con nuestro bienestar social se reconoce en el momento en el que comienzan las prohibiciones como las salidas o en los círculos de amistad." (P. 10).
Violencia física dentro del noviazgo
Las agresiones físicas son las últimas en la línea de identificación de la violencia. Los hombres en primer lugar describen las agresiones verbales, luego las psicológicas y finalmente las físicas. La violencia física está ligada al concepto de violencia que los hombres usan cuando intentan describir a qué se refiere la violencia dentro de la relación sentimental. "para mí la violencia en el noviazgo se puede interpretar o se puede dar de múltiples formas, pero entre las más comunes está la violencia psicológica y violencia física" (P. 9). La violencia física, es un elemento que ayuda a discernir la situación de violencia que puede vivir el hombre, así como también lo es el componente de control y poder que en la violencia psicológica se refiere a aquellas formas en que el hombre se ve dominado y pierde su libertad de decisión o acción dentro de la relación.
Uno de los elementos relacionados a la violencia física es la presencia de golpes y el maltrato físico, como cuando "se agrede con golpes" (P. 7). Las agresiones y los maltratos físicos tienen un componente significativo para la creencia que asumen los hombres sobre su posición dentro de la relación, y que, aunque él reconozca la violencia, no siempre lleva a divulgarla por temor a la sociedad, al ser valorados negativamente por los otros.
"y si es física cuando por ejemplo en un ataque de celos te golpea y tú cómo eres hombre de pronto no te puedes proteger porque está mal visto en la sociedad, no considero que deba ser así, pero así lo tenemos estimado en la sociedad" (P. 9).
Los hombres son capaces de reconocer la violencia física en los otros, y los signos que se relacionan con la violencia física son los golpes, las agresiones, las amenazas de agresión y la comparación con hechos similares en donde otros hombres han sido víctimas.
"Si claro que conozco eso de un amigo en el colegio, literal le dejó el ojo rojo, morado le dio un golpe fuerte y al final le terminó la novia. Y mi amigo no hizo nada. Incluso también lo he visto por noticias, dónde mujeres asesinan y llegan al punto con tal de todo" (P. 2).
En esta línea, se reconoce que en el noviazgo la violencia psicológica y la física son muy comunes, es decir, "es aquella situación en la cual el hombre y la mujer se faltan el respeto no solamente físico sino verbalmente, todo comienza a partir de ahí" (P. 8). Es necesario mencionar el carácter bidireccional presente en esta dinámica, los hombres reconocen que cualquiera de las partes dentro de la relación sentimental, puede ser víctima o victimario. "uno de estos ejemplos es que en la pareja además de tener violencia física golpeándolo y apuñalándolo también hay violencia psicológica de manera que expresa repudio y ataques ofensivos y cualquiera de los dos la puede hacer" (P. 3).
Se hace necesario destacar el componente cultural presente en este tipo de violencia, esto es, asumir que se es víctima de violencia física trae consigo unas consecuencias que se traducen en la vulneración del desarrollo integral y el bienestar físico y social del hombre, puesto que este evita contextos o situaciones cotidianas en las que cumple un papel social, pero que puede ser valorado negativamente por ser una víctima de violencia.
"He conocido varios casos donde la pareja agrede tanto física como verbalmente a su novio y la gente cuando los ve no le presten atención por la misma imagen que tenemos aquí tan opacada y la misma ignorancia de que dejamos pasar por alto cuando el hombre también se le vulnera los derechos y también sufre" (P. 7).
Dentro de este dinamismo cultural, se presenta el fenómeno de la revictimización, determinando la decisión de actuar para poner una denuncia o no. El temor a la denuncia se asocia no sólo a aspectos relacionales como el temor a la pérdida de la pareja o la posible pérdida del sentimiento construido en la relación, sino que también se evita por la vergüenza que suelen sentir al reconocerse como víctimas, y en consecuencia el sentirse menos hombre al denunciar. Estos dos últimos, constituyen una dimensión cultural que se relaciona con el temor a la denuncia.
Temor a la denuncia por parte del hombre
El temor a la denuncia Figura 3, está definido bajo aquellas, creencias, experiencias, emociones y vínculos afectivos que impiden dar a conocer que se es víctima de violencia dentro de la relación de noviazgo. Por un lado, el temor a la denuncia tiene un componente contextual que implica un sistema de valores y creencias relacionados a la cultura, así como la poca credibilidad que los dan sobre el hecho de ser víctima de violencia. De la misma manera, la denuncia de un hombre como víctima de violencia en la pareja es visto como algo incomprensible por parte de la sociedad y del mismo hombre, generando barreras personales ante la denuncia. Finalmente, el temor a la denuncia implica un componente afectivo, por la posible pérdida de la pareja al denunciar.
Uno de los aspectos relacionados al sistema de creencias es la creencia de poco valor como hombre al colocar la denuncia. Esta creencia está asociada a que la mujer puede ser la única víctima de maltrato, "hay un tabú entre las mujeres y los hombres de que las mujeres no hacen violencia, y si, por esta razón los hombres no suelen denunciar piensan que esto no va a pasar que no tiene caso" (P. 2). En este sentido, la violencia hacia el hombre es un acto considerado atípico y poco creíble por la sociedad y las víctimas. Los atributos físicos relacionados al hombre.
son un elemento cultural que se asocia a la incredibilidad de la agresión al hombre.
"...la ignorancia de la sociedad y sobre todo los mismos hombres cuando ven este tipo de casos que no son normales generalmente, cuando los hombres son igual a las mujeres, no somos ni más ni menos y la gente se burla de eso porqué creen que la mujer es débil cuando realmente no es así y como el hombre tiene más masa muscular creen que eso es tema de burla que un hombre se deje golpear de una mujer" (P. 7).
El temor a la denuncia también tiene un componente de credibilidad de los otros sobre la agresión del hombre. Los hombres manifiestan que hay poca credibilidad al dar a conocer que ha sido violentado por su pareja, así pues, no encuentran apoyo de los demás "porque se siente menos hombres, porque no contará con el apoyo, se reirán del... por muchas cosas" (P. 16), y también las posibles consecuencias legales que trae consigo el querer poner la denuncia "Otras de las razones puede ser las represalias legales que puede tener la persona" (P. 14).
El temor a la denuncia, entendido como un factor cultural, también se concibe a partir de la experiencia de cada hombre y la apropiación del sistema de creencias que se imponen al poner la denuncia. El denunciar a la pareja puede exponerlo a la burla de la sociedad, esto es que "en estos casos por una mujer se diría que es algo como una humillación y el contarlo o denunciarlo generaría una burla en la sociedad" (P. 10). Estas burlas son interpretadas por los hombres como humillaciones, sentimiento de inferioridad, sentimiento de ser menos al denunciar: "el orgullo, la burla, el solo pensar que un hombre va a decir que mi novia me hizo tal cosa ya es una burla para la sociedad" (P. 2), y también "la pena, el qué dirán, además la mayoría de las personas que atienden esos casos son hombres, entonces imagínate ir y denunciar porque mi novia me pega o me violenta, eso es feo...Bien feo" (P. 1).
Una última dimensión vinculada al temor a la denuncia es la dimensión afectiva, el temor al desapego y la pérdida de la pareja, como lo dirían: "la principal razón es el temor por perderla, a la final nosotros somos masoquistas a pesar del maltrato físico y muchos hombres siguen amando a sus novias" (P. 14). Este temor se construye a partir de un profundo sentimiento de afecto producto de la relación construida. De la misma manera, el amor que siente el hombre hacia su pareja es más fuerte que la violencia, esto es, que la relación estable se convierte en un elemento que disipa la identificación de la violencia, puesto que la relación estable no solo es concebida desde los sentimental, si no como un proyecto que, al denunciar, se puede ver fragmentado. "pero está la otra persona que es la víctima, es el novio, que pueda que, si quiera a esa persona que la ame bastante, muchas veces no denuncian porque lo que él cree que siente por ella es muy grande" (P. 15).
Así también, esta dimensión afectiva está comprendida desde la pérdida de dos intereses que se han consolidado en la relación: estabilidad sexual y estabilidad económica, aspectos que pueden perderse al terminar la relación por asumir ser víctima de violencia "también puede ser por el simple hecho de que de pronto algún interés económico, sexual, referente a eso puede ser para mí" (P. 8).
DISCUSIÓN
Son diversos los factores que coinciden para que se presente esta situación particular, como es expuesto por Bruel dos Santos (2008), la unión entre creencias, ideas, actitudes y prácticas que se sitúan dentro de la interacción con el otro, desde asignaciones sociales y culturales que sustentan las relaciones entre hombres y mujeres, llevan a que se mantengan y recreen comportamientos sexistas, machistas, y estereotipos limitantes que pueden dificultar a los hombres reconocerse a sí mismos como víctimas de violencia dentro de sus relaciones de noviazgo. Este aspecto, es uno de los principales hallazgos dentro de este estudio, que pudo corroborar que los hombres son capaces de reconocer la presencia de conductas violentas de tipo psicológico, verbal y física dentro de sus relaciones, no obstante, tienden a normalizar estos comportamiento por el temor al rechazo de la pareja, no sentirse cómodos e incluso la culminación del noviazgo, ya que, el noviazgo es concebido y lleva implícito para ellos una connotación de proyecto afectivo y de vida a largo plazo.
Otro hallazgo, está relacionado con el inicio y evolución de la violencia dentro del noviazgo, es así como la violencia verbal, en el relato de los participantes es la primera forma en que se pueden presentar estas conductas de agresión. Aspecto que ha sido ampliamente estudiado, confirmando sus altas prevalencias ( Jaen-Cortés et al., 2017; Rodríguez-Castro y Alonso-Ruido, 2015). En cuanto a la presencia y reconocimiento de la violencia psicológica, se pudo evidenciar que, ante la presencia de este fenómeno, los hombres tienden a ser conscientes cuando experimentan sus consecuencias, por lo que, sentirse afectados emocionalmente, percibir que atentan contra su integridad y que denigran su valor como persona, fueron aspectos recurrentes en el discurso de los participantes. Estos aspectos, Cuadrado (2012), los concibe como inherentes al trasfondo psicosocial interpretativo, donde los hombres interpretan muchas de las modalidades de maltrato como mecanismos de interacción social, aunque las mujeres los atribuyen a la intencionalidad de dañar y a mecanismos de desequilibrio de poder. Asimismo, la manifestación constante de celos, la prohibición por parte del otro, dominación, manipulación, dificultad de dialogo y comunicación en la relación fueron las conductas identificadas que denotan la presencia de violencia psicológica, los cuales van en concordancia con los hallazgos en otras investigaciones ( Delucchi et al., 2018; Guillén Verdesoto et al., 2021; Johnson et al., 2015). Llegados a este punto, es importante señalar que la violencia puede ser cometida tanto por hombres como en mujeres, es decir, la bidireccionalidad de la violencia, donde ambos pueden ejercerla y recibirla ( Fernández-Montalvo et al., 2020). En términos de impacto, los estudios en hombres víctimas han demostrado este fenómeno puede resultar en consecuencias duraderas para el bienestar psicológico y físico ( Breiding et al., 2014; Dickerson-Amaya y Coston, 2019; González Oddera, 2016; Hines y Douglas, 2016; Trujano, et al, 2013).
Simultáneamente, se identificó que relaciones estables y de larga duración, pueden ser factores que llevan a que los hombres se mantengan dentro de estas relaciones violentas, puesto el compromiso que se experimenta dificulta el reconocimiento de la violencia. Este hecho se suma a los identificados por Balabukha et al., (2016) y Machado et al., (2018), que sostienen que creencias sobre la estabilidad y duración de la relación, planes futuros, bienestar propio y de la pareja fueron los justificantes más usados por los hombres para no dejar sus relaciones.
Finalmente, una de las grandes categorías emergentes fue el temor a la denuncia, asociado en gran manera a las representaciones sociales, la aceptación del machismo, el establecimiento de una sociedad patriarcado y a la misma cultura, llevando a que el hombre se sienta temor al desapego de su pareja; aspectos que están relaciona-dos a la reacción, el apego a la otra persona y la perdida de ese sentimiento de la relación o lo construido en la misma. Este fenómeno del temor a la denuncia, autores como Migliaccio (2002), y Schongut (2012), lo ven sustentado en las ideas erróneas que tienen los hombres con respecto al significado de masculinidad, puesto que se ha concebido ideológica e históricamente como un conjunto de prácticas normativas respecto a lo que define que es ser hombre y la categoría de víctima no es una característica que pueda exhibir o presentarse porque la noción de ser a la vez hombre y víctima sigue siendo un gran tabú. También, los hombres luchan por mantener un ideal masculino y como grupo pueden tener cierto poder debido a su género, pero como individuo, pueden estar en una posición de des empoderamiento debido a otras características, como ser víctima de violencia ( Brod y Kaufman, 1994; Janos y Espinosa, 2015; Schrock y Schwalbe, 2009). Estos aspectos, han sido demostrados por Park et al., (2021), explicitando cómo la masculinidad en una sociedad puede moldear los pensamientos, las emociones, las reacciones y los comportamientos de las víctimas masculinas y limitar el reconocimiento de este fenómeno. Como bien menciona, Taylor et al., (2021), el impacto de la violencia y la experiencia de los hombre como victimas sugieren que las necesidades de salud mental de los hombres con violencia acumulada a lo largo de la vida contradicen las expectativas de los roles de género de ser estoicos.
Así mismo, como sustentan, Brooks et al., (2020), se hace necesario y relevante reforzar la importancia del trabajo cualitativo en profundidad para revelar el contexto de la violencia desde la perspectiva masculina, comprender el impacto del miedo, la victimización y el poder/control en la salud mental de los hombres, así como el resultado de los servicios legales y de apoyo y la falta de ellos.
A manera de conclusión, siguiendo con las recomendaciones de Pérez-Ruíz et al., (2018), Reis et al., (2020) y Zakrison et al., (2018), es importante enfatizar la necesidad de tener un mayor conocimiento de este fenómeno, que suele ignorarse y no denunciarse, con la finalidad de desarrollar políticas públicas, programas de apoyo a esta población y campañas mejoradas y adaptadas para facilitar la búsqueda de ayuda en los hombres victimizados. Que puedan tener un impacto potencial en cuanto a la prevención, atención y tratamiento enfermedades mentales el abuso de sustancias, la reincidencia en los traumas e incluso la violencia a nivel social asociadas a este fenómeno.