El discurso asociado al sistema de creencias religiosas como facilitador del abuso sexual en la iglesia católica

El discurso asociado al sistema de creencias religiosas como facilitador del abuso sexual en la iglesia católica

The discourse associated with the religious belief system as a facilitator of sexual abuse in the catholic church EN

Paul Endre-Saavedra 1
1 Universidad Alberto Hurtado, Santiago — Chile
Recibido: 01/07/2022 | Aceptado: 01/10/2022 | Publicado: 20/01/2023
Resumen ES

Las creencias son una parte fundamental de la existencia humana. Estas nos proporcionan una cosmovisión, un lugar en el mundo, una identidad, así como pertenencia. Todo este escenario muchas veces ha servido para que sacerdotes, religiosos/as o miembros activos de la Iglesia, utilicen las creencias y los discursos asociados a ellas para propiciar el abuso, sea de conciencia, sexual o espiritual. Las prácticas abusivas que hoy posee la Iglesia, no solo son parte de una estructura, sino que están avaladas por esos discursos que brotan de ciertas interpretaciones acerca de las verdades de fe que esta institución instala, generando sumisión, obediencia ciega y la invisibilidad de los crímenes cometidos contra los niños, niñas, adolescentes y adultos vulnerables. Se vuelve necesario identificar los conceptos o ideas que están integradas en los discursos de las creencias y que ejercen un factor de dominación que impide, no solo el cuestionamiento a la Institución y la forma en que esta hoy se nos presenta, sino que impide el disenso, la confrontación con las estructuras de poder y el empoderamiento de nuevas voces que permitan desinstalar los discursos de dominación.

Palabras clave
Creencias discurso abuso Iglesia Teología
Abstract EN

Beliefs are a fundamental part of human existence. They provide us with a worldview, a place in the world, an identity, as well as belonging. This scenario has many times served priests, religious people or active members of the Church, to use these beliefs and the discourse behind them to facilitate abuse, be it of conscience, sexual or spiritual. The abusive practices the Church currently has, are not only part of a structure, but they are supported by the narrative that emerges from several interpretations of the institu-tion's truths of faith, generating submission, blind obedience and invisibility of crimes committed against children, adolescents and vulnerable adults. It becomes necessary to identify concepts or ideas underneath the discourse on beliefs, creating a domination factor that prevents, not only questioning the institution and the way we look at it today, but also prevents dissenting, confronting power structures and the empowerment of new voices allowing to break with the discourses of domination.

Keywords
Beliefs discourse abuse Church Theology

INTRODUCCIÓN

La cita bíblica que encabeza este artículo, está tomada del libro del Génesis. La tradición que contiene ese libro, nutre a las llamadas "religiones abrahámicas", a saber, judaísmo, cristianismo e isla-mismo. Estas religiones se asientan en la experiencia religiosa atribuida a Abraham. Tan solo una decena de capítulos son los que contienen su historia, que llega al punto más alto cuando lo vemos dispuesto a sacrificar a su hijo, Isaac. El imaginario social religioso cristiano 1 ha transmitido por medio de los discursos asociados al personaje de Abraham, que la disposición que este tuvo de sacrificar a su hijo, es manifestación de su irrestricta fe expresada en la obediencia. La Iglesia ha validado la interpretación de este pasaje como un acto sacrificial ordenado por Dios, lo que le impide a Abraham resistirse u oponerse. Esa interpretación no emerge de un dogma en particular o del propio texto, pero se ha instalado gracias a los discursos e interpretaciones revestidas de un carácter oficial, que gravitan de modo particular —mas no exclusivamente— en el imaginario católico. Como señala el sociólogo Manuel Antonio Baeza (1999), en América Latina los imaginarios religiosos, en especial en sectores sociales populares, son capaces de influir con mucha fuerza en las maneras de pensar y, sobre todo, de decidir y orientar las acciones individuales y sociales (p. 69).

Este artículo pretende aproximarse al impacto que provocan esos discursos que circulan en la Iglesia y cómo estos determinan las creencias asociadas a un patrón de sometimiento, que viene dado no solo por la interpretación que fija la institución, sino también por las figuras que instala como paradigma, principalmente la figura del sacerdote como hombre elegido por la divinidad. El ejemplo de Abraham permite la construcción de un referente dentro del mundo religioso: el del creyente irrestricto, capaz de todo, el patriarca elegido. Las virtudes asociadas vienen a invisibilizar la posición de subyugación de Isaac, quien representa en esta reflexión el lugar de la víctima que resiente el impacto de las creencias. Ese impacto se traduce en fortalecimiento de espacios de sometimiento, asimetría y, posteriormente, impunidad. Isaac es el adolescente que no piensa que su padre se vuelva en su contra 2.

Sin embargo, una interpretación actualizada del libro del Génesis y más atenta a la lengua de origen del texto, apunta hacia otro horizonte. Para el biblista Mike van Treek, el pasaje del sacrificio de Isaac, como señala en su video "Una relectura del Génesis. Primera sesión", guarda relación con la idea de propiedad, posesividad e independencia. La historia o el ciclo de Abraham se entrelaza literaria y teológicamente con la idea de ser carne única. Van Treek sigue la línea del teólogo belga André Wénin (1999), quien señala que la teología del Génesis habla de la individualidad (ser carne única), del problema existencial del sometimiento y cómo el ser humano puede ir desatándose, liberándose de aquello que impide la salida de la casa del padre. Así desde Eva, que sale de la carne animada de Adán, hasta Isaac, que sale de la carne anciana de Abraham.

En relación con el sacrificio de Isaac, van Treek señala que se trata de una prueba que Abraham interpreta como una orden dada por Dios, pero con una ambigüedad de por medio. De hecho, según van Treek (2021) 3, la traducción literal del texto hebreo es: toma, te pido, tu hijo, tu único, aquel que amas, Isaac, y anda, vete a la tierra de Moriah y súbelo allí para un sacrificio sobre una montaña que te diré a ti. Ciertamente, en ninguna parte se dice explícitamente que Isaac debe ser sacrificado. Por tanto, lo que está en juego es dejar de considerar a Isaac como propiedad. Abraham interpretó que la divinidad exigía la vida de su hijo. De algún modo, pareciera que Abraham comprendió que Isaac no le pertenece. No obstante, esta interpretación no hace parte del discurso que gravita en el imaginario religioso católico; antes bien, la idea sacrificial y la interpretación de un patriarca elegido, sometido a la voluntad caprichosa de su divinidad y dispuesto a todo, adquiere mayor fuerza que lo anteriormente señalado.

LAS CREENCIAS RELIGIOSAS COMO FACILITADOR DEL ABUSO

Se puede suponer, entonces, que las creencias actúan como dispositivos de doble impacto: por una parte, facilitan la aparición de escenarios delictivos y a la vez, impiden que esos actos perpetrados por miembros activos de la Iglesia Católica sean vistos como crímenes y violaciones sistemáticas a los derechos humanos 4. Los crímenes del clero, gracias a los discursos que intervienen en las creencias, generan una disposición particular frente a los hechos, interpretando aquello que es un delito, como una prueba, un pecado, o debilidad por parte de un miembro, y que, por consiguiente, no debe apuntarse a todos por igual; antes bien, es algo que se debe perdonar 5. Son varias las preguntas que suscita el número de casos conocidos de abuso que concentra la Iglesia Católica. Desde hace varias décadas que han surgido voces, a veces con mayor difusión y prensa, otras más acalladas, de los crímenes de abuso de parte de religiosos, religiosas y personas vinculadas al mundo eclesial. Todo esto es posible de afirmar gracias a los testimonios recogidos desde los sobrevivientes de diversas partes del mudo. Prueba de ello fue la experiencia de la Comisión Independiente sobre los abusos sexuales en la Iglesia, en Francia, quien recogió el testimonio de doscientas mil víctimas entre 1950 y 2020, entregando un reporte que, luego de dos años de trabajo, sale a la luz el 5 de octubre de 2021 (CIASE, 2021).

Desde la vereda teológica, que es la disciplina a la que adhiere el autor de este artículo, las preguntas debieran tender fundamentalmente a los discursos asociados a las creencias y que, en parte, son las que sostienen la estructura actual de la Iglesia. Se trata de mirar el presente; interpretar el momento actual, evitando la reproducción literal de enunciados cuyo registro pertenece a otro contexto histórico. Tal como dice el sociólogo francés Eric Fassin, en el texto de Bonfil (2010) en una entrevista de "La Jornada": ¿Qué hace la teología? Interpreta, relee en función de una Historia. Todo lo contrario del fundamentalismo que solo busca regresar a los orígenes y anular la Historia. La iglesia católica está en contra del fundamentalismo. Su dilema es decidir si elige el fundamentalismo (la negación de la Historia), o asume las consecuencias de su carácter histórico y trabaja constantemente para obtener la verdad. Teniendo en cuenta esto: ¿se puede hablar de la Iglesia como una institución cuyos discursos acerca de sus creencias posibilitan escenarios abusivos? Será necesario para ello delinear varias ideas previas que ayuden a la comprensión de esta pregunta, permaneciendo en diálogo con el texto bíblico que ilumina la reflexión.

¿Qué es una creencia?

Comenzar con una definición del concepto de creencia es una tarea compleja. No es un concepto fácil de abordar, pues desafía proponer una idea que englobe lo que social y culturalmente relacionamos al concepto, ya que no solo supone referirse a un circuito de enunciados que termina por materializarse en dogmas, como sería en el caso de la Iglesia Católica. La creencia también remite a la noción psicológica de la disposición, que implica la tendencia a comportarse desde la convicción de que aquello que se cree, es verdadero. De acuerdo con lo que expone Díez (2017), la creencia supone un modo de comportamiento por parte del creyente, pues lo condiciona a actuar de determinada manera. Al hablar de creencia, estamos hablando de aquello que motiva una conducta. Siguiendo lo que sostiene este psiquiatra, las creencias se infieren, no se observan, y, al igual que todo lo correspondiente al mundo mental del sujeto, aunque este nos informara verbalmente acerca de ellas, esta información podría ser falsa, sea porque estemos ante un sujeto mendaz, sea porque el sujeto esté equivocado y se autoengañe (p. 137).

Se puede decir que la creencia, además de disponer al sujeto a un comportamiento del que se puede establecer una conclusión o juicio acerca de aquello que cree, estas se manifiestan dentro de un variopinto de posibilidades, que va desde creencias ideológicas, pasando por creencias políticas y hasta religiosas. Las creencias de tipo religioso, inde-pendiente de la religión que sea, son de carácter vinculante; es decir, están asociadas a un factor de identidad o pertenencia. Dentro del catolicismo, es observable la identificación de las creencias con lo que se denomina fe. Para muchos, el paradigma católico supone la adhesión teórica a un conjunto de "verdades reveladas" por un Ser Superior a un grupo de personas que surgen como mediadores entre esas verdades y el sujeto creyente. Entendida así la fe, es simplemente un acto de asentimiento y sometimiento a un grupo de representantes de una divinidad que se sostiene a partir de enunciados que ellos interpretan discursivamente 6. El problema se complejiza cuando ese sistema de creencias argumenta ser "la única verdad".

El discurso de la verdad revelada

Un hecho a considerar al momento de integrar el concepto discurso es la dificultad de analizar esta categoría, debido a su carácter polisémico, sumado a los diferentes enfoques que analizan los discursos y el modo en que estos se configuran y significan. Las diversas perspectivas de análisis, como señala Díaz (2010), en las que se aborda el discurso abren a una riqueza de ensayos e investigaciones que amplían tanto el campo de su análisis como las reflexiones que se desprenderán de dicho análisis.

Uno de los fundadores del llamado "análisis de discurso", Teun van Dijk (1997), señala que el discurso es:

[...] una forma de uso lingüístico, [...] un tipo de interacción social, condicionada por la cognición y socialmente contextualizada por los participantes, tomados como miembros sociales en situaciones sociales. El discurso, ya sea oral o escrito, se define como un evento comunicativo de un tipo especial, estrechamente relacionado con otras actividades comunicativas no verbales y otras prácticas semióticas de significado y con los usos sociales de códigos simbólicos,[...] (pp. 68-69).

En sintonía con lo que van Dijk (2008) propone, a saber, que los discursos se producen y se reproducen socialmente, habrá que considerar las interacciones comunicativas que se producen entre distintos actores sociales (p.e. sacerdote-feligrés), lo que permite pensar que algunas estructuras semánticas del discurso —como podría ser una homilía dominical— funcionen de forma más efectiva que otras (pp. 220-223). Dicho de otra manera, existen ciertos elementos mínimos para que se pueda fijar en el colectivo una representación o idea que surge del discurso que la Iglesia ofrece. En palabras de van Dijk (1994):

Para que un discurso logre afectar a una masa hay necesidad de que dicha masa conozca la lengua y que, por lo tanto, haya ya formado unos esquemas cognitivos que le permitan inscribir en ellos lo que está viendo, oyendo o leyendo. No hay repercusión si antes no se han construido unos marcos mínimos de conocimiento [...]. Debe haber una cognición compartida, una cognición de grupo, unos prejuicios de grupo, unas actitudes de grupo(pp. 9-10).

Esta definición del discurso sugiere nueva-mente la relación entre los procesos de cognición y el rol que juega en esto la Iglesia al momento de instalar los discursos interpretativos de los dogmas o la Biblia. La interpretación que circula en torno al relato de Isaac, le asigna al patriarca la pertenencia de la vida y cuerpo del muchacho, so pretexto de su irrestricta fe; sin embargo, en el discurso que ronda en el imaginario católico, no se evidencia lo que el texto en su lengua original señala y que se destacó al comienzo 7.

Es por medio del discurso que se logra un control que tiene que ver con los intereses o interpretaciones que algunos les asignan a ciertos hechos o personajes. Tal como señala Foucault (2018), el discurso es instrumento y efecto del poder:

En toda sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por cierto número de procedimientos que tienen por función conjurar sus poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y temible materialidad (p. 14).

Ahora bien, la Iglesia Católica posee una categoría que compone la matriz de sus creencias y discurso oficial; esa categoría es la de revelación 8. El término se entiende como la comunicación de una verdad que proviene de Dios y que es transmitida a la humanidad por medios que se encuentran más allá del comportamiento ordinario de la naturaleza (Concilio Ecuménico Vaticano II, Dei Verbum 6). De acuerdo con esto, Dios puede considerar conveniente el uso de medios sobrenaturales para comunicar esas verdades que son imposibles de lograr desde las facultades racionales. Las verdades reveladas por Dios pueden resultar inaccesibles a la mente humana. Algo de ello se puede ver reflejado en la construcción hermenéutica que se ha hecho del pasaje del sacrificio de Isaac: Dios se comunica, no hay mediación natural, ordena algo impensable, ambiguo, pero que tiene como resultado el sometimiento de un inocente.

Si bien la esencia del concepto revelación radica en la idea de comunicación, este se da mediatizado. En otras palabras, la revelación fue confiada a la Iglesia, la que tiene la responsabilidad de transmitir y enseñar al creyente, así como al mundo entero, las verdades reveladas que transformarán la vida de las personas y el modo en que nos organizamos como sociedad (Concilio Ecuménico Vaticano II, Dei Verbum 7). No obstante, la respuesta a las verdades reveladas es por medio de la fe. Una fe que, tal como lo define el Catecismo de la Iglesia Católica, se entiende como el sometimiento completo de la inteligencia y voluntad del sujeto (Iglesia Católica, CCE, n° 143) 9; el asentimiento al Dios que se revela, y que no puede ni podría engañarnos 10. Por tanto, la fe se basa en la autoridad de Dios y de la mediación elegida. Luego, el diálogo con el creyente queda neutralizado y supeditado 11. No es extraño que, a partir de estas consideraciones, la figura de Abraham, como quien somete su voluntad e inteligencia a Dios, encuentra eco en las definiciones magisteriales. Los discursos asociados a Abraham no atentan al dogma, al contrario: fortalecen la idea del sometimiento, de la subyugación y de la verticalidad dinámica dentro del espacio eclesial. La Iglesia, en el Concilio Vaticano II, recalca que: Cuando Dios revela hay que prestarle "la obediencia de la fe", por la que el hombre se confía libre y totalmente a Dios prestando "a Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad", y asintiendo voluntariamente a la revelación hecha por Él (Concilio Ecuménico Vaticano II, Dei Verbum 5).Para expresar su experiencia de fe, su cosmovisión y su doctrina, la Iglesia ha utilizado una realidad discursiva creada por sus interpretaciones, dogmas y creencias. No obstante, no son pocas las veces en que la Iglesia se presenta como la poseedora de la Verdad. Esta forma de situarse, relaciona esa verdad con la realidad misma de un Dios, cuyo atributo es ser La Verdad. De ese modo, se nutre un sistema donde no cabe otro modo de explicarse la existencia. La confesión de un único y verdadero Dios impide la posibilidad de rebatir, disentir, negarse o de plantear lo propio como parte de una verdad que se quiere construir con las otras experiencias. Este modo de interpretación ha sido funcional al tipo de estructura y sistema que fija la Iglesia, lo que no es producto del azar, sino de varios eventos históricos que han posibilitado la asociación de la fe con el sometimiento. La génesis de todo esto parte con el proceso de separación que el cristianismo tuvo en relación con su matriz judía y el enfrentamiento con el imperio. Después de siglos de persecuciones, las comunidades cristianas pueden manifestarse públicamente en el Imperio Romano gracias al Edicto de Milán del año 313. Su legitimidad como expresión religiosa es producto de la acción política de Constantino. La intervención de Constantino en la esfera eclesial es crucial 12. Es él quien convoca el Concilio de Nicea del 325, lo que permite que se fije el dogma cristiano con la idea de un Único Dios, una sola fe, custodiada por un solo emperador.

Años más tarde, con el edicto de Tesalónica del 380, el cristianismo definido en Nicea se transformó en la religión oficial del imperio. Los pueblos adheridos debían someterse a la nueva religión, que era administrada por una institución que emerge gracias a la intervención política del emperador: la Iglesia Católica. Y es así como Jesús de Nazaret, un judío crucificado por sedición en la Jerusalén del 30 del siglo primero de nuestra era, se transformó en la única deidad de todo el imperio romano. La unión de la Iglesia con el Imperio será indisoluble. De ahí en adelante, cada vez que el Imperio retoma sus conquistas se enfrentará a ciertas creencias que otros poseen y que se resuelven inmediatamente desde la dialéctica de lo verdadero o falso. Cualquier otra definición o aproximación a la esfera de lo divino, que no esté reproduciendo el discurso oficial del imperio —que a su vez es el discurso de la Iglesia—, será considerado engañoso, falso, hereje.

Toda esta breve descripción de hitos históricos se ilumina con la reflexión de Foucault (2005):

La doctrina vincula a los individuos a ciertos tipos de enunciación y como consecuencia les prohíbe cualquier otro; pero se sirve, en reciprocidad, de ciertos tipos de enunciación para vincular a los individuos entre ellos, y diferenciarlos por ello mismo de los otros restantes. La doctrina efectúa una doble sumisión: la de los sujetos que hablan a los discursos, y la de los discursos al grupo, cuando menos virtual, de los individuos que hablan (p. 44).

Retomando la categoría de revelación, que empalma con la del Dios Único y Verdadero, se constata que es una idea poderosa, que influye en las conciencias, comportamientos, ética y decisiones de los creyentes. La Iglesia magisterial posee la verdad acerca del comienzo de la vida, la creación del universo y del ser humano, entre otros tópicos existenciales 13.

Pecado Original y sexualidad

Otro de los ejemplos que permite entender los discursos que instala la Iglesia y gravita en el imaginario colectivo del creyente, lo refleja muy bien la hermenéutica cristiana generada en torno al relato mítico de Adán y Eva, fortaleciendo una mirada negativa de la mujer en los discursos asociados a ciertas creencias.

Es importante decir que la cosmovisión hebrea no contemplaba la creencia del pecado original, como lo identificó y desarrolló la tradición cristiana gracias a San Agustín, quien, mediante su reflexión y experiencia religiosa, provoca que la sexualidad sea donde los creyentes puedan reconocer los efectos del llamado pecado original, tal como lo sostiene Alan Jacobs (2008). San Agustín, al vincular el pecado de Adán y Eva con el acto sexual, la negatividad que ensombreció al sexo en la vida de los creyentes fue cosa de tiempo; así como el impacto masivo que ha tenido en el sistema de creencias aceptar el pecado original en todo niño, hasta el bautismo, como señala el teólogo Alejandro de Villalmonte (1999) al reflexionar en torno a la antropología teológica que sostiene esta creencia. El acto sexual, por su parte, adquirió un tinte pecaminoso y flagelante, lleno de culpas, tal como lo reflexiona en un artículo la escritora e historiadora en religiones Elaine Pagels (1997) 14 al señalar que las ideas o discursos relacionadas con la sexualidad, alcanzan definiciones definitivas durante los primeros cuatro siglos de nuestra era, como resultado de las interpretaciones de los relatos de la creación del Génesis; interpretaciones que siguen afectando a nuestra cultura 15 y a cada persona que sea parte de ella, cristiana o no.

La tradición católica ubica al sacerdote en una posición "aparte" del resto del mundo, en la ordenación se produce esta consagración/separación. En el cotidiano, el celibato es la evidencia de ese compromiso y posicionamiento único. A este res-pecto, para la Comisión Independiente de Francia (2021) no existe un claro vínculo de causalidad entre celibato y los abusos sexuales. Lo que sí determina es que se vislumbra desde la Iglesia el mandato del celibato como un combate, por los riesgos de tensiones interiores creadas por la búsqueda de las proezas ascéticas. Ciertamente ser célibe no significa carecer de identidad sexual, mas, ha sido un aspecto confuso y difuso a lo largo de los años (pp. 315-316). La necesidad de asociar la formación afectiva, relacional y sexual en la formación de los religiosos se ve como un imperativo 16.

EL SISTEMA DE CREENCIAS Y SU DIMENSIÓN FACILITADORA DEL ABUSO

Quizás de todas las consecuencias inmateriales que provocan el abuso es, el que repercute en las creencias, el menos visible, pero no por ello menos abordado. Las y los sobrevivientes de abuso sexual eclesial experimentan el impacto del quiebre de sus creencias. Algunos, siguen aferrados a ellas; otras las resignifican o sencillamente renuncian. Pero todos se han visto removidos.

Para abordar este tema resulta fundamental convocar a dos investigadores españoles, Gema Varona y Aitor Martínez (2015), quienes relevan la importancia de resaltar que los abusos sexuales en la Iglesia no responden solamente al factor de oportunidad delictiva presente en la subcultura del clero y caracterizada por la imposición de figuras de poder y espacios de confianza; dicho de otra forma, el abuso no es espontáneo, antes bien responde a un proceso que se desencadena no solo por las particularidades de la situación, sino porque los abusadores van creando los espacios que le son facilitadores de escenarios en los que puede producirse el delito. Volviendo a la imagen de Abraham, que después de haber interpretado esa ambigua orden recibida de Dios se dispone a sacrificar a Isaac, pasa que de pronto el rito se vuelve ocasión de delito. El sacrificio se puede convertir en la posibilidad de un crimen. Lo que Abraham interpretó de esa orden, deja la oportunidad de cruzar un umbral frágil con devastadoras consecuencias. Todo el escenario se transformó en oportunidad y medio para una conducta delictiva, aunque la fe se encargue de maquillarlo y las creencias de minimizarlo.

En el 2019 el comité académico del magíster en psicología y jurídica forense de la Facultad de Psicología de la UDP de Chile organizó una conferencia internacional llamada: La investigación sobre abuso sexual infantil en la Iglesia Católica: prevalencia, características y consecuencias, dictada por la académica de la Universidad de Barcelona, Dra. Noemí Pereda. En esa oportunidad Pereda señalaba que hoy se puede hablar no solo de trauma psicológico, físico o emocional, sino de "trauma espiritual" 17. Pereda señalaba que la Iglesia ha tendido a ver los delitos de abuso sexual como pecados; y a los criminales, como pecadores. En otras palabras, ubica el abuso en el terreno de las creencias 18.

Desde el silencio de la víctima nace otra variable del abuso, que es la mal entendida fidelidad a la Iglesia y una desvirtuada comprensión del autocuidado que debe tener cualquier persona, en especial si ha sido víctima. Nuevamente, son las creencias que juegan contra de la propia víctima, quien, como presenta Pereda (2019), trata de ser fiel a la institución a costa de su reparación y de la justicia que se le debe.

Como ya ha quedado de manifiesto, la Iglesia no está facultada aún para reconocer que en el discurso asociado a sus creencias existe un factor de riesgo. Cuando apela a las creencias, lo hace de tal manera, que sale favorecida, tendiente a invisibilizar el crimen y obligando a la víctima a silenciarse. Y si bien puede reconocer o llamar al crimen tal y no "errores", ese intento verbal de aproximación, sea académico o pastoral, termina por soslayar el sistema de creencias asociado, el que, dicho sea de paso, exige al menos ser revisado, sometido a juicio crítico ya no solo desde la Iglesia, sino desde otras disciplinas sociales. Ya lo demuestra el estudio hecho por la PUC de Chile, que señala:

Las estructura de oportunidad del abuso sacerdotal reconoce cuatro elementos principales: a) el contacto frecuente y personal que pueden sostener determinados sacerdotes con menores de edad, b) una enorme capacidad de suscitar confianza incluso en los guardianes y cuidadores principales del menor; c) una completa falta de supervisión y control entre sacerdotes que se relacionan con menores de edad y d) por último, una cierta convicción de que las eventuales faltas o delitos no serían severamente juzgadas en la institución(Comisión UC para el análisis de la crisis de la Iglesia católica en Chile, 2020, p. 22).

En ella, ninguna referencia a las creencias, al discurso que gravita en los espacios católicos y el carácter de facilitador de espacios abusivos. Mucho menos una palabra referente a la estructura, la desigualdad jerárquica y la enorme asimetría existente.

EFECTOS DE LOS DISCURSOS EN LAS CREENCIAS

Pero ¿en qué instancias eclesiales se generan contextos propicios donde se favorezcan situaciones abusivas, avaladas por las creencias? Esta pregunta de difícil respuesta y de varias aristas, será enfocada desde cuatro espacios que permiten identificarlos como escenarios facilitadores de prácticas abusivas: La catequesis sacramental, el acompañamiento espiritual, la teología dogmática y la formación sacerdotal.

3.1. La catequesis sacramental

Es el primer espacio donde los NNA acceden a la Iglesia. Las catequesis ocurren en las parroquias o en los colegios confesionales, a cargo de adultos, bajo un lenguaje supuestamente acorde a la etapa evolutiva en la que se encuentran los NNA, instalándole en su imaginario o visión de mundo, las ideas o pilares fundamentales de la doctrina católica. Los NNA acceden a la idea del Dios-Padre, al concepto de pecado, salvación, la creación de la nada, Abraham como prototipo del creyente, la concepción virginal de Jesús, su muerte para expiación de los pecados de toda la humanidad, los mandamientos, entre otros.

En esta instancia, la figura del sacerdote ocupa un lugar clave, pues aparece en la vida de los NNA como el elegido de Dios, el mediador del perdón, quien puede visar o frenar su participación en el sacramento de la eucaristía o de la confirmación. Los NNA van interiorizando que esa persona tiene un poder distinto, inusual, que lo hace diferente. Probablemente, es en esta etapa donde el hechizo entre el victimario y la víctima se produce, pues la admiración que el niño o la niña puede sentir es un terreno fácil para que un abusador comience a envolverlo a partir de las creencias que ya están instaladas y comienzan a ser asociadas. Lo que el sacerdote le diga de la vida (discurso), será ley; lo que le diga de sexualidad, será crucial.

En ese escenario tan particular en donde los NNA acceden a la formación primera 19, la filósofa Saly Da Silva (2008) comenta: una confesión es la imposición, a los que practican el cristianismo, de decir la verdad (sustentar el dogma, aceptar las decisiones de ciertas autoridades en materia de verdad) y cada uno debe decir lo que pasa en su interior (las faltas cometidas, las tentaciones a las que se expone) a otros; son testimonios en contra de sí mismo (p. 49).

3.2. El acompañamiento espiritual

Así como la subordinación del laicado a quien detenta el poder es un elemento relevante y facilitador del abuso, no son pocos los que después de la primera comunión o tras la confirmación optan por llevar adelante una vida espiritual acompañado de un sacerdote o religiosa. Esto, que en la formación sacerdotal y religiosa es de carácter obligatorio, en la vida laica es una opción a la que acceden unos pocos como si se tratase de un privilegio 20. No obstante, es el sacerdote católico quien aparece en este terreno como una figura clave. La creencia de la elección que recae en ellos, así como el discurso asociado a la creencia de la representatividad que encarnan (Dios, Jesús, Apóstoles), les otorga y blinda hasta tal punto que, cuando cometen sus delitos, la creencia de que siguen siendo seres especiales no ha desaparecido, lo que les protege de una inmediata asignación de responsabilidades ante un crimen 21.

Si el discurso señala que Dios es bueno y que Dios elige a gente buena, lo que ocurre con una víctima de abuso puede asociarse más con debilidades y descompensaciones individuales del perpetrador, antes que pensar que el sacerdote es un criminal. Hay varios dispositivos discursivos, un piso de ideas que favorecen a incrementar la culpa personal por sobre la responsabilidad institucional e individual.

3.3. La teología dogmática, como piso discursivo-intelectual que refuerza las creencias

En ese sentido, el dogma o el discurso racional de la fe, traducido en sentencias o cánones que concentran lo medular de la tradición católica, también van ofreciendo un marco de identidad o pertenencia 22. El Papa es garante supremo de la doctrina. Es quien cuida el depósito de la fe. Por tanto, adherir a la doctrina es, de algún modo, adherir al custodio. Todo creyente somete su racionalidad a ciertas afirmaciones que pueden incluso ir contra su propia capacidad analítica, pero ya que la pertenencia pasa por la adhesión sin cuestionamientos a los presupuestos, el silencio comienza a instalarse tras el veto existente frente al disenso. Disentir es entendido de algún modo como dejar de pertenecer 23. La fe se comprende como el sometimiento a figuras de poder, desde el Papa, pasando por un obispo y hasta un sacerdote ordenado. Es inherente al ser católico, el sometimiento a la estructura, a la voluntad de Dios expresada en sus ministros, en lo que dice el Papa, el obispo, el sacerdote 24.

3.4. La formación sacerdotal y la subcultura del clero

La formación del clero está basada teológicamente en el presupuesto que Jesucristo dejó encomendado a los apóstoles: la tarea de expandir el mensaje y fortalecer su Iglesia. Por medio del Espíritu Santo, sigue actuando en ella en el transcurso de los siglos, escogiendo varones que integren su jerarquía y conduzca al rebaño. Estos varones, se someten a un periodo de formación, donde no solo aprenden intelectualmente, sino que forjan su carácter, conviven en comunidad, oran y abrazan ciertas recomendaciones y exigencias 25.

Son varios los testimonios de sobrevivientes que provienen de la formación religiosa o sacerdotal, y que dan cuenta de un escenario donde la dicotomía existencial, la culpa y el secretismo van haciendo lo suyo. Muchos descubren que aquello que supuestamente los hace especiales, elegidos, separados del resto, es simplemente un maquillaje institucional que oculta la vida sexual activa del clero y de la vida consagrada.

La Iglesia ha marcado una directriz que desanda constantemente con las incongruencias de sus propios miembros y voceros de su doctrina. No obstante, entre ellos existen códigos e interpretaciones de sus propios actos, bajo una mirada condescendiente. Producto de esta laxitud en el comportamiento, de los perdones que se dan entre ellos y de esa capacidad de relativizar las ambigüedades institucionales, so pretexto de la debilidad humana, es que existe una subcultura en la Iglesia 26, donde se encuentran sacerdotes, religiosos y religiosas viviendo su sexualidad activamente, algunos con relaciones afectivas de larga data, sin que por ello evidencien el conflicto de estar en una institución que se declara contraria a las relaciones homosexuales, al acto sexual fuera del matrimonio y que además exige el celibato sacerdotal o la castidad 27.

Elementos de esta realidad es analizada por el sociólogo chileno Pablo Astudillo (2020), quien refiere lo siguiente: La aparente concentración de personas con conductas homosexuales dentro el clero da para pensar que, tal vez, hay algo en la forma de vivir que, por un lado, incentiva el deseo homosexual y que, en paralelo, desincentiva la construcción de una identidad homosexual. Y ese proceso es completamente ciego para quien está fuera de dicho espacio social. Especialmente para quienes desde la trinchera laica reivindican políticamente una identidad homosexual que dentro del seminario no tiene posibilidad de existir (p. 154).

No obstante, el sacerdocio aparece como el resultado de una llamada, una teología de la elección, que guarda clara relación con la figura de Abraham: elegido, llamado, convocado por Dios. Todos los que llegan a la vida consagrada son personas "llamadas". Es un elemento fundamental que sitúa a los sacerdotes, religiosos o religiosas como personas en las que reposa una elección, misteriosa e inexplicable. En este aspecto, resulta inevitable que surja con fuerza la sospecha o duda respecto de la perversa elección que hace un Dios Todopoderoso y Providente en sujetos que serán perpetradores de delitos sexuales. Quizás solo esa pequeña duda puede ser la puerta por donde de a poco, todo un discurso en favor de una estructura, todo ese sistema de creencias que ha sido un facilitador de escenarios delictivos, pueda venirse abajo 28.

CONCLUSIÓN

No alargues tu mano contra el niño, ni le hagas nada.

(Biblia de Jerusalén. 2009. Gen. 22,12).

El relato del sacrificio de Isaac es un pasaje que no deja indiferente. Contiene elementos inquietantes, que no permiten una lectura superficial. No ha sido fácil para las religiones abrahámicas lidiar con esa imagen de un Dios aparentemente abusador, manipulador, ambiguo. Tal es la inquietud que genera, que hasta el mismo Rabí Rashi (1985), cuando comenta el versículo que encabeza esta conclusión, vuelve a insistir en la idea que Dios no ha pedido un sacrificio. Dicho de otra forma, el problema es lo que Abraham piensa de Dios, de Isaac, de él mismo. La voluntad de Dios se abre en medio de esta crisis, en medio de las creencias erradas y confusas, contenida en una orden que ahora se presenta clara y sin ambigüedades: no dañes al niño (p. 171). Isaac no merece ser dañado.

Los discursos que emergen en el horizonte cristiano dejan entrever la imagen de un Dios que, tanto por medio de su voluntad como de su mediación, exige el sometimiento de la voluntad y el entendimiento. Esa idea de sometimiento mediante los discursos asociados a las creencias, ha sido un facilitador de escenarios abusivos, que permiten el abuso de poder en todas sus manifestaciones. La Iglesia tiene una única verdad, y esta es hacerse cargo del bienestar del ser humano. Para eso, debe disponer de todo para su fin, repensando su horizonte de cara a la deuda ética, moral y penal que tiene con los sobrevivientes y víctimas de abuso. Es por eso que debe desinstalar prácticas pastorales y discursos tendientes al abuso, donde el sacerdote ejerce una superioridad sobre cualquier miembro de la comunidad. El legítimo intento de dialogar por parte de quienes se sitúan desde el registro de la fe o desde la militancia irrestricta con la Iglesia, impide avanzar en el intercambio con los sobrevivientes, porque el registro utilizado sigue evocando los discursos asociados al sistema de creencias. No obstante, e independiente de la interpretación que el texto bíblico citado pueda suscitar, acá hay algo que es insoslayable: el costo de todo este drama lo paga Isaac; en toda esta historia, Isaac es visto como "algo" sacrificable para un supuesto noble fin: mostrarle a Dios mi fe o mi capacidad de desapego. La superioridad de Dios se hace sentir sobre su devoto, quien, a su vez, hace sentir la suya en su hijo. Es sobre el cuerpo de un adolescente Isaac, que la crisis en el sistema de creencias de Abraham está orientada a resolverse. Lo que crea de ahí en adelante, lo que deje de creer, repercutirá en su hijo. Lo pagará el cuerpo de Isaac.

Toda esta descripción que para más de alguien pueda resultar hasta herética, es antes bien un drama. Es un ejercicio crítico que obliga a colocar los enunciados de la fe en suspenso, el propio sistema de creencias, bajo sospecha. Creencias que, dicho sea de paso, al ser abrazadas por los sobrevivientes, fueron un facilitador de prácticas abusivas de poder, que abarcan desde el abuso de conciencia hasta la materialización del abuso sexual de niños, niñas y adolescentes (NNA). Imposible seguir soslayando que existen varios discursos asociados a un sistema de creencias que, a partir del modo en que son interpretadas y entendidas, terminan siendo un factor de riesgo.

Por eso se hace urgente la revisión de los discursos asociados a la doctrina católica, en especial las referidas a la sexualidad, la antropología cristiana, el paradigma del que se justifica a sí misma la Iglesia. Tal como señala la teóloga chilena Soledad del Villar (2021) cuando afirma:

El clericalismo es un problema no solo porque las mujeres están excluidas del clero y aún no pueden ser ordenadas. También es un problema porque perpetúa formas abusivas y arbitrarias de uso del poder que crearon las condiciones para la crisis que vivimos hoy. En la práctica, ha creado miembros de primera y segunda clase dentro del pueblo de Dios, negando la igualdad fundamental que todos compartimos por nuestro bautismo y permitiendo un sentido de elitismo dentro de la Iglesia que es necesario erradicar. Para algunas, ordenar mujeres será un paso esencial hacia una solución. Para otras, incluir a las mujeres en las filas del clero solo perpetuará el clericalismo, reforzando las estructuras de poder que rechazan (p. 89).

No obstante, hay que pensar en ir más allá de lo evidente. Es cierto que proponer nuevas formas de ejercicio del poder es una manera de situarse ante el problema. Democratizar el poder dentro de la Iglesia, pasando por las elecciones de los obispos, hechas por el pueblo fiel, o incluso hablando de un celibato opcional, donde también se pueda externalizar las funciones de los ministros, para descomprimir el poder sacramental, es un modo imaginable. Así como repensar la eucaristía, la celebración del sacramento de la reconciliación; o empoderando el sacerdocio común de los fieles, para lograr una mayor horizontalidad en las comunidades, no será del todo efectivo si no se replantean primeramente los discursos, se revisen las creencias y se coloque a la persona de los sobrevivientes en el centro de esa restauración. Sin los sobrevivientes, independiente del grado de pertenencia con la institución, se hace impensable que la voz de Isaac resuene en el sistema de creencias de Abraham. La voz de Isaac debe volver a interpelar la disposición de Abraham: "Dijo Isaac a su padre Abraham: "¡Padre!" Respondió: "¿qué hay, hijo?" —"Aquí está el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?" (Biblia de Jerusalén, 2009, Gen 12, 7). Porque para Isaac, simplemente no existe la idea de que aquel que llama padre, pondría una mano sobre él.

REFERENCIAS

Astudillo, P. (2020) ¿Hacia una nueva narrativa sexual en el clero? En: Carolina del Río (ed.) Vergüenza. Abusos en la Iglesia Católica. Ediciones Universidad Alberto Hurtado. Pp. 145-166.
Baeza, M. A. (1999). Imaginarios sociales religiosos: intramundanidad y extramundanidad en la cultura religiosa popular urbana en Chile. Revista de Ciencias Sociales (UAP), 61-81.
Balmary, M. (1986) Le sacrifice interdit. Freud et la Bible. Grasset & Fasquelle.
CIASE (2021). Les violences sexuelles dans l'Église catholique France 1950-2020. Rapport de la Commission indépendante sur les abus sexuels dans l'Église. Octubre de 2021. https://www.ciase.fr/medias/Ciase-Rapport-5-octobre-2021-Les-violences-sexuelles-dans-l-Eglise-catholique-France-1950-2020.pdf
Comisión UC para el análisis de la crisis de la Iglesia Católica en Chile (2020) Documento de análisis: Comprendiendo la crisis de la Iglesia en Chile. Pontificia Universidad Católica de Chile.
Concilio Ecuménico Vaticano II (1965), Constitución dogmática «Dei Verbum» sobre la divina revelación. En: http://tinyurl.com/deiverbum-esp
Da Silva, S. (octubre 2008). Michel Foucault y la historia de la sexualidad. Laguna: Revista de Filosofía, ISSN 1132-8177, No 23, 2008, 39-50.
De Villalmonte A. (1999) cristianismo sin pecado original. Ed. Naturaleza y Gracia.
Del Villar, S. (2021) Mujeres-Iglesia Chile: evangelization, feminism, and faith in a Church in crisis. ZPTh Zeitschrift für Pastoraltheologie, Evangelisierung?! 41, pp 81-97, en: https://www.uni-muenster.de/Ejournals/index.php/zpth/index
Díaz, M. (2010). Del discurso pedagógico: problemas críticos: poder, control y discurso pedagógico. Cooperativa editorial Magisterio.
Díez, P. (2017) Más sobre la interpretación (II). Ideas y creencias. More on interpretation (II). Ideas and beliefs. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría; Vol. 37, (n°131): pp. 127-143.
Fassin, E. (2010) Matrimonio homosexual: Entre la doble moral liberal y el conservadurismo. Una entrevista con Eric Fassin. Entrevistado por Carlos Bonfil. La Jornada, 162 https://www.jornada.com.mx/2010/01/07/ls-portada.html
Foucault, M. (2005) El orden del discurso. Tusquets editores.
Galeano, A. (2011) El paradigma cristiano de pensamiento. La revolución cultural del cristianismo. The Christian Paradigm of Thinking. Christians Cultural Revolution. Cuestiones Teológicas. Vol 38, (n°90). Universidad Pontificia Bolivariana (UPB). https://revistas.upb.edu.co/index.php/cuestiones/article/view/5285
Gonzáles, J.I. (10 de octubre de 2012) Obispo de San Bernardo pide "no escandalizarse de la Iglesia" por los errores de algunos de sus miembros. Emol. Noticias. https://www.emol.com/noticias/nacional/2012/10/10/564018/monsenor-gonzalez-pide-no-escandalizarse-de-la-igle-sia-por-los-errores-de-algunos-de-sus-miembros.html
Iglesia Católica (2017), Catecismo de la Iglesia Católica. https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s1c3a1_sp.html
Jacobs, A. (2008) Original Sin. A Cultural history. HarperCollins Publishers.
Johnson, P. (1976). La historia del cristianismo. Zeta. https://www.portalconservador.com/livros/Paul-Johnson-Historia-do-Cristianismo(esp).pdf
Martel, F. (2919) Sodoma. Escándalo y poder en el Vaticano. Rocaeditorial.
Pagels, E., (1997). "Adán, Eva y la serpiente". En: Ress, M., Seibert, U., Sjorup, L. (ed.) Del cielo a la tierra. Una antología de teología feminista. Sello Azul.
Pereda, N. (9 de agosto de 2019). La investigación sobre abuso sexual infantil en la Iglesia Católica: prevalencia, características y consecuencias [sesión de conferencia] conferencia internacional para la inauguración de la XIV versión del Magíster en Psicología Jurídica y Forense, Universidad Diego Portales, Santiago de Chile.
Rashi di Troyes (1985), Commento alla Genesi, Casale Monferrato 1985, en Rivista Biblica (it.), 33, pp. 367-369
Trujillo, M. (2019) Misoginia y violencia hacia las mujeres: dimensiones simbólicas del género y del patriarcado. Atenea, (n°590): pp. 49-64. https://www.scielo.cl/pdf/atenea/n519/0718-0462-atenea-519-49.pdf
van Dijk, T. (octubre de 1994). Discurso, Poder y Cognición Social. Conferencias de Teun van Dijk. Cuadernos. Maestría en Lingüística. Escuela de ciencias del lenguaje y literatura (2): pp. 1-92. http://www.discursos.org/oldarticles/Discurso,%20poder%20y%20cognici%F3n%20social.pdf
van Dijk, T. (octubre-diciembre de 1997). Discurso, cognición y sociedad. Signos: pp. 64-77. http://www.discursos.org/oldarticles/Discurso%20cognicion%20y%20sociedad.pdf
van Dijk, T. (2008). Semántica del discurso. Discurso & Sociedad, 2(1): pp. 201-261. http://www.dissoc.org/ediciones/v02n01/DS2(1)Van%20Dijk.pdf
Van Treek, M. (2021) "Una relectura del Génesis" (clases online). Recuperado el 28 de julio de 2021 de: https://www.youtube.com/watch?v=g_fvjfj3uhw
Varona G. y Martínez A. (2015, julio). Estudio exploratorio sobre los abusos sexuales en la iglesia española y otros contextos institucionales: marco teórico y metodológico de una investigación victimológica abierta. EGUZKILORE, (29): pp. 7-76. https://docplayer.es/23352999-Gema-varona-aitor-martinez-eguz-kilore-investigadora-doctora-permanente-instituto-vasco-de-crim-inologia-upv-ehu.html
Wénin, André. (1999) Isaac ou l'épreuve d'Abraham. approche narrative de Genèse 22. Lessius.

Notas

fn1. Tempranamente, el cristianismo incorporó la figura de Abraham. Esto se debe a la predicación de San Pablo, quien instaló la figura del patriarca como ejemplo y punto de convergencia con la fe judía, tal como destaca el teólogo Adolfo Galeano (Galeano, 2011, p. 239). Abraham, considerado padre de multitudes (Biblia de Jerusalén, 2009, Rom. 4, 18-21), de la fe y de las promesas que ahora se extendían a todos (Biblia de Jerusalén, 2009, Gal. 3-4). En la misma línea, Galeano agrega que el paradigma cultural latinoamericano tiene integrado en su imaginario colectivo la cultura cristiana (p. 246); no cabe duda, entonces, que Abraham juega un rol decisivo como referente de todo creyente.
fn2. Aunque resulta imposible afirmar qué tipo de creencia orientó el proceder de Abraham, pareciera que está dispuesto a todo. Quizás ocurrió lo que plasma Kierkegaard en Temor y temblor, que lo retrata como ese devoto que avanza confiado de que al final no se le exigirá la vida de Isaac (Kierkegaard, 1958, pág. 27), lo que deja de transformarlo en un potencial asesino, sino en un creyente puesto a prueba; y es precisamente esta forma de interpretación lo que impide que el creyente no vea una vulneración, como un potencial crimen
fn3. Si bien el presente artículo no pretende ahondar en la riqueza que proporciona el estudio exegético bíblico, es pertinente señalarle al lector que otras voces se han pronunciado al respecto y que no provienen necesariamente del ámbito teológico. En ese sentido, lo señalado por la psiquiatra Marie Balmary en su libro Le sacrifice interdit. Freud et la Bible (Balmary, 1986), refuerza lo dicho por van Treek, cuando sostiene que no hay en la orden dicha o atribuida a Dios, algo que suponga sacrificar o inmolar a Isaac. Balmary, haciendo una búsqueda en distintas traducciones, descubre que estas tienden al tono sacrificial de la orden, trai-cionando en cierta forma el texto. Su perspectiva cambia al encontrar el comentario hecho por el rabino medieval Rabí Shlomo Yitzjaki, conocido como Rashi (pp. 196-197). Rashi, comentando el libro del Génesis, señala que la orden no es inmolar a Isaac, sino hacerlo subir para un holocausto (Rashi Di Troyes, 1985, p. 171). De tal modo, que el sentido del texto cambia absolutamente. Al final, Dios impide que las creencias de Abraham impacten en el cuerpo y vida de Isaac
fn4. En Europa, por ejemplo, a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, periódicos y movimientos anticlericales denunciaron y condenaron severamente, como nunca antes, agresiones sexuales cometidas por educadores religiosos, hermanos y hasta sacerdotes. Una parte de la prensa liberal, republicana, socialista, anticlerical hasta comunista, mediatizó en efecto el proceso para afirmar la "nocividad" de los principios católicos o combatir a la Iglesia como aliada de partidos conservadores y de derecha (CIASE, 2021, p. 252)
fn5. En esa línea, muchos de los prelados de Chile han ocupado su tribuna para incidir con sus discursos en la percepción de los abusos. Así queda de manifiesto en la nota periodística hecha al obispo de San Bernardo, Juan Ignacio González, quien ya declaraba ante las denuncias hechas en contra del entonces Obispo de Iquique Marco Antonio Órdenes, lo siguiente: (\...) que las denuncias por abusos sexuales en contra del obispo Antonio Órdenes "nos da mucho dolor", pero que no hay que "dispararle a la bandada (González, 2012).
fn6. En ese sentido, la Iglesia soslaya que el acto de creer es en sí una experiencia única, personal; es primeramente y, ante todo, un acto individual existencial que confluye en una experiencia intelectual y comunitaria. No obstante, lo que surja después en el proceso intelectual, no se superpone al sujeto creyente, no es más importante que la persona y su acto libre de creer; tampoco es superior a la experiencia que vive o celebra la comunidad, pues al final, el rol de los medidores no se debiese expresar desde el sometimiento de las conciencias a un circuito de verdades, sino desde el ejercicio del reconocimiento del otro, de su libertad, de su sacralidad y dignidad
fn7. Todas las virtudes asociadas al patriarca Abraham o la interpretación del sacrificio, por ejemplo, son de algún modo dispositivos que se generan al momento donde se puede apelar a la fe irrestricta, a la lealtad ciega o al sometimiento: El discurso es poder y la persuasión es el mayor controlador de actos lingüísticos en la modernidad. Como lingüista, como analista del discurso, observo que el control mental se da generalmente a través del discurso, es decir, el control mental es discursivo (Van Dijk, 1994, pág. 11). Por esto resulta importante lo que señala el mismo van Dijk al decir que el discurso no tiene significados, sino que los usuarios de las lenguas le 'asignamos' significados. Estas asignaciones, que comúnmente son llamadas 'interpretaciones', poseen una doble naturaleza, tanto cognitiva como social
fn8. Para la definición del concepto de revelación, citaremos el Concilio Ecuménico Vaticano II, Dei Verbum (18 noviembre 1965), Constitución dogmática sobre la divina revelación, en https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html (acceso el 28 de julio de 2021)
fn9. Para el concepto de "fe", tomamos el Catecismo de la Iglesia Católica, en https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s1c3a1_sp.html (acceso el 28 de julio de 2021)
fn10. Para la Iglesia Católica, la revelación divina concurre o se encuentra contenida en la Sagrada Escritura y en la Tradición Apostólica, lo que se denomina el "depósito de la fe". La Iglesia se auto comprende como la única intérprete autorizada de ese depósito de verdades que ella misma ha definido a lo largo de la historia. Los Concilios, por ejemplo, son instancias donde ella definió de manera dogmática —es decir, reconoció como ciertas— un sistema de creencias basado en la confesión de una única deidad. Esta forma de comprensión acerca de la revelación, como una idea que entraña muchas verdades que se enseñan y aprenden, acentúa el adoctrinamiento
fn11. Interesante ver cómo el concepto de revelación mantiene una visión estática de la doctrina. Ocupo el verbo "mantener" porque algo trata de avanzar el Concilio Vaticano II, al entender que la Iglesia podía aprender del mundo y, por tanto, de la historia, no obstante, sigue el registro de una verdad pétrea e inamovible. En la misma entrevista con la que refiero a Eric Fassin, este señala lo siguiente: Según la teología cristiana, Dios ha estado siempre presente, pero hay también un antiguo y un nuevo testamento. La verdad no fue entonces revelada de una vez por todas y para siempre. De otra manera, no habría habido necesidad de un Jesús. Si esto es cierto para la revelación, también lo es para toda la teología (Fassin, 2010)
fn12. Después de una lucha entre varios candidatos que pretendían transformarse en el único emperador, Constantino se consolida como tal y adopta el cristianismo como el elemento unificador que le daría soporte y cohesión al imperio. No obstante, no todos los cristianos creían lo mismo. A poco andar, el Imperio se encontró con un movimiento diverso y plural, como sostiene Paul Johnson en su libro Historia del Cristianismo (Johnson, 2010). Esa diversidad, le significó a Roma, y particularmente a Constantino, enfrentarse a otra falta de unidad, pero que esta vez tenía que ver con las creencias. Téngase en cuenta que esa falta de unidad también se manifestó en lo político. Roma se había transformado en un territorio ingobernable, en donde la unidad se hacía necesaria.
fn13. Esto último, tantas veces dicho al pasar, no es inocuo: la Iglesia Católica comprende, además, que está fundada por el único Hijo del único Dios, encarnado y hecho varón dentro de una cultura monoteísta y patriarcal, atribuyéndole casi en su totalidad todas las categorías androcéntricas y culturales de su tiempo. Curioso es constatar como los atributos de Abraham, patriarca dispuesto a sacrificar a su hijo, se extrapolan a la configuración de la Primera Persona de la Trinidad (El Padre), patriarca que también está dispuesto a sacrificar al suyo (El Hijo).
fn14. Es imposible negar, como señala la socióloga Macarena Trujillo, que los mitos patriarcales del origen de la humanidad han calado hondo en el imaginario de la cultura occidental, constituyendo una instancia de legitimación discursiva del patriarcado que, para sustentarse, debe procurar(se) discursos en los cuales se valide un estatus diferenciado entre hombres y mujeres (Trujillo, 2019). Así, se ha instalado no solo una figura religiosa patriarcal (Abraham, Dios), sino el culto al patriarcado.
fn15. A partir de esta relación entre sexo-pecado, si el acto sexual era conducido hacia la procreación, podía tener menos pecaminosidad. Pero si este no lleva a la vida, es un acto desordenado. Surge así la condenación histórica por parte de la doctrina católica, a la práctica de la masturbación, los actos sexuales fuera del matrimonio, el adulterio, la prostitución, los métodos anticonceptivos y los actos homosexuales, a los que denomina actos antinatura. Del mismo modo, la sobrevaloración del celibato, la virginidad y la renuncia a la vida sexual, terminaron por crear un segundo orden de personas dentro de la vida religiosa y sacerdotal; se creó la figura del santo varón: sin mujer, sin familia, sin descendencia.
fn16. El manejo de la culpa, que se instala dentro de un espacio inmaterial, pero real, como lo son las creencias y la conciencia, viene a ser el espacio donde personas inescrupulosas van aprovechándose de la credibilidad sin cuestionamientos, que en general se le exige al creyente. Una persona creyente, se caracteriza por tener una fe sólida, no cuestionar, no dudar. Volviendo al prototipo creyente en la tradición judeocristiana, Abraham da con el perfil de quienes pueden ser más propensos a ser manipulados. Muchos son los casos de sobrevivientes de abuso sexual que fueron víctimas mientras celebraban el sacramento de la reconciliación
fn17. Hay que volver una y otra vez a la categoría utilizada asociada a un evento traumático; es decir, hay que considerar y quizás ampliar qué se quiere decir con "espiritual". Si lo vemos desde una dimensión antropológica, lo espiritual es parte constitutiva del ser humano y no privativa de alguna religión en particular. Si por espiritual entendemos una dimensión de la persona, común a todos e integrada a otras dimensiones, el impacto del abuso en "lo espiritual", es un impacto que repercute en todo el individuo. El tratamiento de "lo espiritual" y la forma de abordarlo, tal como lo hacen algunos académicos del mundo católico, evitan la integración de lo espiritual a otras esferas de la persona, como si lo espiritual no afectase a lo físico, emocional, volitivo. Tratar el "trauma espiritual" como si este solo afectase al plano de las adhesiones doctrinales, es un registro inadecuado.
fn18. Los abusos sexuales de la Iglesia se ubican en un registro inadecuado, impidiendo que lo normativo haga lo suyo. Esto entraña algo perverso, además: al ser tratado como pecado, es algo que potencialmente se puede perdonar, lo que "obliga" o coloca a la víctima, en una posición que lleva a obviar los daños y el acto delictivo, tratando que supere el trauma del abuso desde un escenario espiritual
fn19. ¿Cuáles son las garantías que la institución Iglesia Católica le ofrece a la sociedad respecto de los sacerdotes que ejercen el sacramento de la reconciliación?, ¿son idóneos para incidir y entrar en un espacio tan sagrado como íntimo que es la conciencia? Muchos de estos sacramentos, se ofrecen y celebran en colegios católicos. Aquí es donde se establecen los vínculos de dependencia espiritual: el sacerdote, el religioso o religiosa, son quienes tienen la potestad de acompañar y ayudar en los procesos de discernimiento que el creyente quiere continuar o iniciar, dependiendo del caso, y de la línea espiritual del colegio. La vivencia de algunos de los llamados sacramentos de iniciación cristiana, pueden verse afectados hoy en el modo en que son celebrados. El sacramento de la Reconciliación, por ejemplo, ha sido modificado en algunos lugares: ya no se celebra en espacios cerrados, pero sigue existiendo una poderosa incidencia de la Iglesia, por medio de sus ministros, en la conciencia y en las creencias de las personas.
fn20. Se puede constatar, tanto desde la experiencia como desde los relatos, el modo en que esta instancia se da en centros de formación católica, como colegios o universidades; en espacios donde coincidentemente, un número importante de laicos que acceden a este tipo de acompañamiento son de la élite o de estratos superiores a la media en términos de capital económico, social y cultural, aunque no es excluyente
fn21. El clericalismo de la Iglesia hace que el sacerdote adquiera una categoría de superioridad moral y existencial en relación con el creyente, que se somete y dispone a la guía del ministro religioso. Es acá donde las creencias juegan un papel fundamental que permite entender el terreno propicio del abuso: el sacerdote es superior
fn22. El dogma señala qué es lo que determina ser católico y no evangélico, por decir un credo. El católico está identificado como alguien que cree en el dogma del primado de Pedro y, por tanto, la fidelidad o lealtad al Papa, es crucial.
fn23. Finalmente, los dogmas son funcionales al silenciamiento y al factor de pertenencia. Desde el dogma, por ejemplo, se profesa que la Iglesia Católica es la Única y Verdadera. El Magisterio de la Iglesia posee un registro de afirmaciones que van fortaleciendo una estructura excluyente de lo femenino, concentrando el poder de manera sexista impidiendo su ejercicio de manera democrática y transversal. Los discursos que brotan de la doctrina católica, fortalecen una mirada acrítica de aquello que se profesa.
fn24. La Iglesia Católica es una teocracia-monárquica-androcéntrica, es decir, no solo es una realidad que decide ubicarse anacrónicamente, sino que además posee una estructura piramidal que ni Vaticano II ha podido destrabar. Esta estructura de la Iglesia, vertical, androcéntrica, mayestática, ubica al laico en un estado de inferioridad en la institución a la que adhiere. Su pertenencia, siempre estará subordinada al varón-ministro ordenado
fn25. Los candidatos van siendo sometidos a pruebas para ir viendo si maduran aspectos que los formadores les señalan a trabajar, así como van siendo descartados en el camino, cuando no se ajustan a las exigencias. Desde los inicios, los candidatos a esta vida, colocan su existencia en manos de un tercero. En el caso de la vida diocesana, por ejemplo, el Obispo encomienda a un seminario la formación de sus candidatos al sacerdocio. El Obispo quizás no conoce siquiera a los formadores; puede que conozca al obispo titular donde se encuentra el seminario, pero eso tampoco garantiza la idoneidad de quienes ejercen el rol formativo.
fn26. En los últimos años, diversas obras de investigación periodística y de literatura han retratado este funcionamiento problemático de la sexualidad en la Iglesia. Por ejemplo, el libro Sodoma, Poder y escándalo en el Vaticano de Frederic Martel, da cuenta de varios testimonios donde se evidencia esta tensión entre una vida sexual activa por parte del clero, a la vez que se entretejen situaciones de abuso de poder, hipocresía, clericalismo y escándalos (Martel, 2019).
fn27. En esta subcultura del clero y de la vida religiosa pueden ser muy "misericordiosos o compasivos" con las miserias y luchas pedestres de los laicos que se acercan a sus confesionarios a pedirles el perdón por haber tenido relaciones sexuales con alguien el fin de semana, sin que el sacerdote en cuestión tenga que dar pruebas de su idoneidad para celebrar el rito, por ejemplo
fn28. Precisamente esa "llamada" que se le atribuye a un ser inmaterial y por tanto no audible, es la que le abre las puertas a la institución. Sin esa llamada, no entran. Y si esa llamada no está validada por otro que ya fue llamado, es mejor no intentarlo.