1 INTRODUCCIÓN
El abuso sexual infantil es una problemática social, de salud pública y derechos humanos (Mathews & Collin-Vézina, 2019; OMS, 2020) cuyo alcance trasciende a las víctimas directas e impacta en sus familiares y otras figuras significativas de sus entornos.
En Chile, la situación de los niños y niñas que sufren abuso sexual es similar a la de estos en el resto del mundo (Carvacho et al., 2019). El estudio de Santelices et al. (2024), a partir de los resultados de la Primera Encuesta Nacional de Abuso Sexual y Adversidades en la Niñez (Fundación para la Confianza/Cuida UC, 2022), reporta que un 14.5% de los encuestados (n = 2101) declara haber vivido abuso sexual antes de los 18 años. El informe de la Fundación Amparo y Justicia (2023) muestra que el promedio anual de denuncias de delitos sexuales contra menores de edad para el período 2006-2018 es de 19.000 casos, y en el periodo 2019-2022 se constata un aumento, con un promedio anual de 30.000 casos.
La investigación especializada en abuso sexual infantil se ha centrado en las últimas décadas en los efectos traumáticos de dicha experiencia en las víctimas a corto y a largo plazo (Noll, 2021; Wolf, 2023). Por el contrario, hay menos evidencia de los efectos en la familia y el entorno social (McElvaney & Nixon, 2020). Como señalan Figley y Burnette (2017) y McPhillips et al. (2020), tiende a existir una individualización del trauma que desconoce su dimensión relacional y social.
La develación del abuso sexual infantil es el momento en el cual la situación sale de la esfera privada y es conocida por personas ajenas a la dinámica abusiva (Alaggia et al., 2019). Es crucial para que la víctima pueda obtener credibilidad, apoyo y protección por parte de las figuras adultas, la comunidad y la institucionalidad (Sufredini et al., 2022). Los estudios muestran que el período posterior a la develación del abuso sexual es de alta vulnerabilidad y estrés para los niños o niñas víctimas (Wamser-Nanney & Campbell, 2020; Pemberton et al., 2023), y durante su transcurso requieren contar con el apoyo y contención de las figuras adultas significativas (Davies & Bennet, 2021). Tal como sostienen Serin (2021) y Johnson et al. (2024), el apoyo familiar posterior a la develación tiene un papel crucial en la moderación del impacto de la experiencia abusiva e incide positivamente en la recuperación de los niños y niñas víctimas.
En el período postdevelación, las figuras parentales enfrentan diversos desafíos relacionados con brindar credibilidad a la develación, generar condiciones de protección, entregar soporte emocional y gestionar recursos de apoyo especializado para el niño/a víctima (Vladimir & Robertson, 2020; Wallis & Woodworth, 2021; Sufredini et al., 2021). Junto con esto, las madres y padres no ofensores sufren consecuencias emocionales, tales como estrés, menoscabo y pérdidas (Fong et al., 2020; Davies & Bennet, 2021; Vilvens et al., 2021). En este sentido, las figuras parentales no ofensoras han sido descritas como víctimas indirectas o secundarias del abuso sexual infantil (McElvaney & Nixon, 2020), como consecuencia del vínculo estrecho y del involucramiento con la persona que sufre un trauma directo.
Para las familias, el momento de la develación constituye una crisis que involucra acontecimientos y reacciones confusos y amenazantes (Eads, 2023). Desde la noción de trauma familiar (Kilroy et al., 2014; Tew, 2019), es posible entender que no solo los sujetos sufren los efectos de la develación del abuso sexual, sino que el trauma es experimentado intersubjetivamente (Goff et al., 2020), y sus efectos repercuten en la trama relacional y social de las personas traumatizadas.
En este escenario, las familias vivencian cambios importantes en su relación con el entorno. Pueden experimentar aislamiento social o escaso soporte de las redes comunitarias (Cahalane et al., 2013) y, además, un proceso de navegación por distintas instituciones y programas de atención psicosocial (Tew, 2019; Vilvens et al., 2021). En el proceso de buscar ayuda, las figuras adultas pueden enfrentar interacciones complejas con la institucionalidad y los profesionales, que generan sentimientos de ira, culpabilización, estigmatización y frustración (McElvaney & Nixon, 2020).
En este marco, el objetivo de la presente investigación es analizar las experiencias de las figuras parentales no ofensoras en la interacción con los programas de intervención psicosociojurídica dirigida a los niños/as víctimas de abuso sexual y sus familias en el período postdevelación. Se entiende que las experiencias involucran la relación de los sujetos con un conjunto de acontecimientos y su modo subjetivo y singular de construirlas e interpretarlas (Larrosa, 2006). En este sentido, la investigación se sustenta ontológicamente en el humanismo, desde una concepción integral del ser y su subjetividad, lo que es coherente con una opción epistemológica fenomenológica y con un énfasis en la narración como forma de expresar y reconstruir las experiencias (Andrade, 2020; Cerquera et al., 2022).
2 MÉTODO
La investigación se inscribe en una perspectiva interpretativa y una metodología cualitativa, que resulta pertinente para aproximarse a un fenómeno a partir de las significaciones, perspectivas y relaciones sociales de los sujetos involucrados (Flick, 2022).
Se utiliza un enfoque de análisis fenomenológico-interpretativo (AFI), el que sintetiza elementos descriptivos de la fenomenología e interpretativos de la hermenéutica (Smith et al., 2022). Así, constituye una “descripción e interpretación de las estructuras fundamentales de la experiencia vivida” (Fuster, 2019, p. 207). Se centra en cómo los individuos dotan sus experiencias de sentido, asumiendo que interpretan los acontecimientos, objetos e interacciones en sus vidas (Pietkiewicz & Smith, 2014) desde su mundo personal y social (Sheridan & Carr, 2020).
2.1 Participantes
Los participantes fueron seleccionados a través de un muestreo intencionado, por su experiencia y capacidad de dar cuenta del fenómeno de investigación (Flick, 2022). La muestra estuvo conformada por 7 madres y 2 padres no ofensores de niños, niñas o adolescentes víctimas de abuso sexual, de las regiones Metropolitana, de Valparaíso y del Maule, en Chile. Los criterios de inclusión fueron los siguientes: 1) que existiera develación del abuso sexual; 2) que existiera denuncia ante la justicia, 3) que las figuras adultas brindaran credibilidad y asumieran un rol activo en la protección, y 4) que el niño/a o familia haya recibido atención psicosocial especializada. El reclutamiento se realizó a través de una agrupación de familiares de niños y niñas en la que las figuras adultas participan de manera voluntaria. La directiva de la agrupación hizo llegar información escrita a miembros que reunían los requisitos del estudio. A quienes mostraron interés por participar se les contactó telefónicamente y se les invitó a participar del estudio. Se les hizo llegar el consentimiento informado por correo electrónico y, una vez firmado, se coordinaron los encuentros de entrevista. No existió rechazo o abandono del estudio. El tamaño final de la muestra quedó definido por la cantidad de personas que accedieron a participar y por el criterio de saturación de los datos. Esto implicó que se llegó a un punto crítico en que los datos mostraban patrones similares y los nuevos casos no entregaban variaciones sustanciales (Ortega, 2020).
2.2 Recolección de la información.
Entre los meses de marzo y mayo de 2024 se desarrollaron entrevistas en profundidad a padres y madres no ofensoras, las que fueron implementadas de manera sincrónica a través de una plataforma online, con una duración promedio de 1 hora y 15 minutos. Fueron conducidas por ambas investigadoras, quienes cuentan con formación para el desarrollo de entrevistas a personas expuestas a trauma y con experiencia en este ámbito. Las entrevistas fueron de preguntas abiertas, para obtener la narrativa de los entrevistados acerca de sus experiencias e interpretaciones.
2.3 Estrategia de análisis
Se llevó a cabo un análisis inductivo, desde los elementos emergentes de los datos, sin categorías predefinidas (Bingham, 2023). Ambas investigadoras analizaron en conjunto la totalidad de las entrevistas, construyendo por consenso los ejes analíticos. Los pasos implementados en el proceso de análisis fueron los siguientes: 1) lectura iterativa de las transcripciones (Duque & Aristizábal, 2019); 2) generación de temas emergentes (Pietkiewicz & Smith, 2014); 3) agrupamiento y establecimiento de relaciones entre los temas identificados; y 4) construcción de una matriz de análisis, con extractos de las entrevistas y comentarios analíticos de las investigadoras (Duque & Aristizábal, 2019).
2.4 Consideraciones éticas
El estudio fue aprobado por el Comité Ético Científico de la Universidad Central de Chile. Se contó con la autorización escrita de la directiva de la agrupación de familiares de víctimas de abuso sexual, que permite el uso de los resultados para investigación y publicaciones científicas. Se implementaron protocolos de consentimiento informado con cada entrevistado para asegurar la voluntariedad de su participación. No existió ningún tipo de compensación ni incentivo para la participación.
3 RESULTADOS
Los resultados dan cuenta de los temas emergentes que dicen relación con las experiencias significativas narradas e interpretadas por los y las participantes (Pietkiewicz & Smith, 2014). Se exponen los resultados organizados en torno a tres ejes de análisis. Primero, las necesidades, expectativas y propósitos de las figuras parentales no ofensoras acerca de la atención psicosociojurídica; posteriormente, el itinerario de atención en la búsqueda de ayuda; y, finalmente, la valoración de las figuras parentales acerca de los procesos de atención.
3.1 Necesidades, expectativas y propósitos de las figuras parentales no ofensoras acerca de la atención psicosociojurídica
Después de la develación del abuso sexual de sus hijos o hijas, las figuras parentales no ofensoras reportan un conjunto de necesidades y expectativas relacionadas con el apoyo de las instituciones y programas de atención, los que se organizan en la siguiente tabla:
Tabla 1
Necesidades, expectativas y propósitos
| La develación | Credibilidad ante el relato | “Yo supe que mi hija decía la verdad” (madre 1). |
|---|---|---|
| Contención al hijo/a víctima | “Decirle a mi hijo ‘yo te voy a cuidar’” (madre 3). | |
| Impacto en las figuras parentales | “Estupor, se me vino el mundo encima” (padre 1). “Es un tremendo shock darse cuenta que tu hija ha sido vulnerada” (madre 7). “Fue difícil, siendo mamá, llevar todo esto a cuestas, yo estaba bloqueada” (madre 3). “Yo parecía un títere, no sabía qué hacer, estaba perdida” (madre 5). |
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| Rol como figura no ofensora | Responsabilidad como adulto/a cuidador/a | “Tuve que decir ‘este sombrero es mío’ y asumir” (madre 3). “Debes hacerte cargo, no puedes dejar esto en manos de terceros” (madre 7). |
| Ser fuerte para brindar apoyo al hijo/a víctima | “La madre perfecta es la que está con su hija y la contiene” (madre 6). “Ser fuerte y llevarse todo el peso” (madre 1). |
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| Propósitos | Proteger a la víctima | “No tenía más alternativa que proteger” (madre 7). “Poder decirle a mi hija ‘hice todo lo posible para protegerte, para defenderte’” (padre 2). “Tomar un rol activo en esta batalla de defensa de tu hijo y actuar” (padre 1). |
| Justicia, señalamiento de un delito y condena | “Justicia, para que el malo no esté suelto” (madre 1). | |
| Recuperación de sus hijos/as | “Mi mayor objetivo fue que mi hija avanzar en su recuperación y pudiera estar estable” (madre 4). | |
| Necesidades de los niños/as víctimas | Protección y credibilidad de figuras adultas | “Que su hija se acuerde [de] que le creyeron y la protegieron” (madre 5). |
| Atención psicoterapéutica para la superación de la experiencia traumática | “Mi hijo estaba mal después de la develación, necesitaba un tratamiento” (madre 3). “Tiene que tener un apoyo de profesionales para poder sobrellevar esta experiencia de trauma” (padre 2). |
|
| Necesidades de las figuras parentales no ofensoras | Ser vistos/as y validados/as como figuras protectoras | “Necesité que me dijeran que lo había hecho bien como mamá” (madre 5). “Necesitaba hablar con alguien [que] me entendiera y contuviera” (padre 1). |
| Reconocimiento como víctimas indirectas | “Que me vieran como víctima, como madre que sufría con lo que estaba pasando” (madre 4). “Necesitaba expresar que esto me había quebrado y que era normal estar mal después de algo así” (madre 7). |
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| Expectativas acerca de atención de las instituciones y programas | Procesos ágiles/oportunos | “Esperaba que la justicia actuara inmediatamente, como uno” (padre 1). “Esperaba que la reparación fuera rápida, pero en el proceso entendí que esto no es rápido” (madre 2). |
| Recibir orientación | “Yo esperaba que me hubiesen orientado” (padre 1). | |
| Apoyo para el manejo del hijo/a víctima | “Necesitaba alguien que ayudara en mi angustia como madre frente a la sintomatología de mi hija” (madre 1). | |
| Coordinación entre los programas | “Uno espera que los sistemas funcionen, que empiecen a hacer una red” (madre 3) | |
| Acogida y empatía por parte de los profesionales | “Esperaba que me atendieran con calidez, que no me juzgaran” (madre 2). “Esperaba ayuda desinteresada, contención, apoyo” (madre 6). |
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| Terapia psicológica para el hijo/a | “Que mi hijo fuera acogido y atendido por profesionales expertos” (madre 5). | |
| Terapia psicológica para madre/padre | “Esperaba que existiera un espacio de atención para mí como madre, lo necesité, una terapia propia” (madre 6). | |
| Intervención familiar, inclusión de los hermanos/as | “Yo esperaba una intervención familiar con las otras niñas, que también estaban afectadas” (padre 1). |
Fuente: elaboración propia.
La develación del abuso sexual de un hijo es el acontecimiento que inicia la ruta descrita por los padres y madres de las víctimas, un punto de inflexión que genera una desestabilización personal y familiar (Thompson, 2017). Las figuras no ofensoras coinciden en connotar este momento como algo inesperado y confuso que impacta sus valores, objetivos y recursos (Cummings, 2018) y que es vivido como devastación. La develación del abuso sexual pone en jaque el ejercicio de su rol parental y sus capacidades protectoras. Aparece en sus relatos el significado de desempeñarse como “buen padre” o “buena madre”, en el contexto de los mandatos y expectativas sociales y culturales, que en este escenario significa “estar ahí” y “estar a la altura”. En el período postdevelación enfrentan nuevos desafíos, cambiando sus prioridades y focalizándose en propósitos y estrategias que permitan afrontar las necesidades de apoyo de sus hijos e hijas y la reorganización de sus familias. Y, por otra parte, la gestión de alternativas y apoyos en la red institucional. Acá cobran relevancia las ideas de “movilizarse” y “tocar puertas”.
Las necesidades de las figuras adultas no aparecen explícitamente en primera instancia, sino que, en el transcurso de los relatos sobre sus experiencias y relaciones con las instituciones y profesionales, reconocen que son sujetos partícipes dentro del proceso y que su experiencia debe ser reconocida de manera distinta a las de los niños/as víctimas. Se visualizan como personas “afectadas” o “quebradas” que requieren ser validadas y sostenidas para poder ser eficaces en su rol protector y rearmarse como víctimas indirectas.
En la búsqueda de apoyo de las instituciones se ponen en juego expectativas respecto de contar con espacios de atención especializada para la reparación del daño producido por el abuso sexual. Las figuras adultas enfatizan que no solamente el niño/a requiere apoyo terapéutico, sino que también lo necesitan sus familiares directos, incluyendo los hermanos. Esperan desarrollar herramientas para acompañar y manejar la sintomatología de sus hijos/as y, a la vez, recibir apoyo para abordar su propia afectación. Buscan contactos humanizados con las instituciones y programas, que puedan brindarles contención y apoyo sin juzgarlos por el abuso sexual ocurrido. Anhelan ser vistos y escuchados como interlocutores válidos, capaces de aportar a la recuperación de sus hijos a partir del vínculo y conocimiento de sus necesidades y procesos.
3.2 Itinerario de atención en la búsqueda de ayuda
Las y los participantes dan cuenta de los itinerarios transitados por ellos y sus hijos/as en el proceso de buscar ayuda en el ámbito proteccional y reparatorio, entendiendo por itinerarios los recorridos temporales y las secuencias de acciones de una persona a partir de expectativas, elecciones y representaciones simbólicas (Arboit et al., 2019; Ríos & Urrego, 2021), en los cuales se ponen en juego motivaciones, estrategias y respuestas institucionales.
En estos itinerarios las experiencias de las figuras parentales se centran en hitos y procesos, que se organizan en la siguiente tabla:
Tabla 2
Itinerarios de atención
| La denuncia y proceso penal | Investigación de un delito grave | “Yo quería clarificar lo que estaba sucediendo con mi hija” (padre 1). “Había que denunciar, era un delito” (madre 2). “Puse la denuncia inmediatamente, había que actuar rápido” (madre 5). |
|---|---|---|
| Resolución judicial | “El propósito era obtener un resultado de condena para cerrar el proceso” (padre 1). | |
| El contacto con las instituciones de protección y evaluación | Desorientación | “No sabía a quién pedirle ayuda para defenderla” (madre 6). |
| Activación de medidas de protección | “Logramos la medida de protección, suspensión de visitas para que el niño no estuviera en vinculación con el padre (agresor)” (madre 7). | |
| Peritajes psicológicos y psiquiátricos | “A los padres nos hicieron evaluaciones psicológicas y psiquiátricas” (madre 6). | |
| Evaluación de competencias parentales | “Nos mandaron a evaluaciones proteccionales a nosotros como adultos, para ver nuestras competencias parentales, y también evaluaron a mis hijos” (padre 2). “Fuimos sometidos como familia a un centro de diagnóstico donde a las niñas les preguntaban y a nosotros como adultos” (padre 1) |
|
| La atención psicosocial reparatoria | El acceso a atención | “Fue lento el proceso de recibir ayuda. No sé cuántas puertas [fue] que yo golpeé, hasta que ya se abrió un cupo y entramos” (madre 2). |
| La atención recibida | “Estuvimos en un proceso de atención por un año y medio, mi hija con la psicóloga y yo con la trabajadora social” (madre 2). “Mi hija recibe terapia por los 18 meses establecidos” (madre 7). |
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| Las derivaciones a atención para las madres. | “Me derivaron al centro X para atención psicológica para mí, la necesitaba y ellos no me la podían dar” (madre 5). | |
| El cierre de la atención | “Nos dieron de alta del programa X porque cumplimos los plazos” (madre 7). “Nos dieron el alta por los avances que había tenido mi hija” (madre 6). |
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| El contacto con la agrupación de familiares de víctimas de abuso sexual infantil | El contacto con otros padres/madres con experiencias similares | “Fue un momento clave poder conocer a otros papás que habían pasado por lo mismo, saber que no éramos los únicos” (madres 3). |
| Acceso a atención terapéutica individual y grupal | “En la Fundación recibí terapia para mí y el grupo de madres (madre 6). “El grupo de apoyo fue central para mí, darme cuenta [de] que yo también necesitaba un espacio y que no lo tenía en las instituciones” (madre 7). |
Fuente: elaboración propia.
A contar del momento de la develación se inicia un recorrido sin precedentes, que se caracteriza por la incertidumbre y la imposibilidad de anticiparlo o direccionarlo desde el inicio (Larrosa, 2006). Uno de los procesos que se abre es el de la justicia, donde la denuncia representa un hito relevante, que denota que se percibe la situación abusiva como un delito y un asunto público (Arboit et al., 2019). Por otra parte, comienza el proceso de búsqueda de protección para las víctimas, a partir del reconocimiento del riesgo que implica el contacto con el agresor, especialmente en los casos en que este es la figura paterna.
El contacto con las instituciones de protección y evaluación es vivido por las figuras parentales con desconcierto y alta intensidad emocional. En el marco de aquel deben familiarizarse con los procedimientos que involucran entrevistas, testimonios, peritajes y evaluaciones de los adultos protectores, lo que es vivido por estos como una señal de desconfianza y de estar bajo el escrutinio de las instituciones.
El acceso a los programas especializados es un hito importante en la ruta de las familias después de la develación. Sin embargo, en el proceso de atención los adultos refieren continuar siendo evaluados por un período indeterminado, lo que les genera la expectativa de recibir un “veredicto”, que puede ser de legitimación o deslegitimación (Das, 2008), acerca de su calidad como figuras protectoras. De modo global, el itinerario se transforma en “pasar” o “navegar” (McElvaney & Nixon, 2020; Vilvens et al., 2021) por las instituciones, esperando obtener un informe favorable, que pueda aportar a la protección de sus hijos/as.
El final del itinerario de atención psicosocial está representado por el “alta terapéutica” o egreso de los programas, que significa que pueden continuar su proceso de superación sin la necesidad de ayuda especializada. Otro final del itinerario es la condena del agresor, que, cuando existe, representa el logro de una verdad jurídica formal y pública sobre la existencia del delito y la responsabilidad del agresor. El cierre de la batalla judicial trae alivio y abre posibilidades para una reconstrucción personal y familiar.
Estos hitos permiten “dejar en el pasado” los hechos abusivos o “dar vuelta la página”, cerrar parte de la experiencia dolorosa y ampliar su vida a otro tipo experiencias, más allá de ser usuarios de las instituciones y programas. Sin embargo, al tratarse de eventos traumáticos con efectos perdurables, cobra sentido la noción de superación propuesta por Capella y Gutiérrez (2014), entendida no como una meta o culminación, sino como un cambio continuo y gradual a través del tiempo, “un proceso en curso” (p. 98).
3.3 Valoración de las figuras parentales no ofensoras acerca de los procesos de atención
En la interacción con las instituciones y programas, las figuras adultas encuentran tanto factores impulsores como inhibidores en su proceso de buscar ayuda (Arboit et al., 2019). Se producen encuentros y desencuentros entre los padres o madres y las instituciones en los que las necesidades y expectativas de aquellos se ven satisfechas en algunos ámbitos y frustradas en otros.
Las narrativas de los padres y madres respecto de su valoración del proceso muestran los siguientes facilitadores y dificultades, frente a los cuales despliegan diversas estrategias de afrontamiento.
Tabla 3. Facilitadores y dificultades en los procesos de atención
| Facilitadores | La perseverancia y determinación | “Este proceso se sostiene porque uno lo sostiene” (madre 1). “La perseverancia y movilización de uno como papá, buscar alternativas” (padre 1). |
|---|---|---|
| Profesionales sensibles y empáticos | “Profesionales amigables y cercanos” (padre 2). “Una persona empática, que no le hace preguntas dolorosas a un niño” (madre 1). “Tuvieron empatía y cuidado hacia mi hija, respetaron su ritmo sin presionar” (madre 2). |
|
| Acompañamiento de la agrupación de familiares | “Haber llegado a la Fundación fue de gran ayuda, me sentí respaldado” (padre 2). “Me sentí apañada por mis pares” (madre 6). “Me acompañaron y no me soltaron” (madre 5). |
|
| Dificultades | Procedimientos burocráticos | “El sistema es frío y distante. Uno siente indiferencia” (madre 1). “La atención es burocrática, despersonalizada, uno se siente un número” (padre 1). “Para ellos un niño es una carpeta más, para uno, es tu hijo” (padre 2). |
| Prácticas revictimizantes | “La victimización secundaria para los niños y para nosotros, como papás” (padre 1). “Hay una falta de empatía total del sistema hacia los padres” (padre 2). “Poca empatía de los profesionales con mi hija, de ver cómo esto le afectaba” (padre 2). |
|
| Lenguaje y jerga técnica | “Yo hablaba como chino mandarín y ella en inglés. Jamás nos vamos a entender” (madre 1). “Hablan de manera [tan] técnica que tú con suerte alcanzas a entender algo” (padre 1). “El abogado hablaba en términos estructurados y judiciales, yo no entendía nada” (madre 4). |
|
| Falta de coordinación entre programas | “Las instituciones no conversan entre sí” (padre 2). “Te pelotean de un lado para otro, las instituciones no se ponen de acuerdo” (madre 5). |
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| Prejuicios y culpabilización de los profesionales | “Como mamá me tocó ser enjuiciada” (madre 1). “Me catalogaron como mala madre” (madre 2). “hay sospechas constantes hacia los padres, aunque seamos protectores, siempre nos miran con suspicacia” (padre 2). “Las instituciones me vieron como culpable del abuso” (madre 4). |
|
| Estrategias de afrontamiento | Aprender el lenguaje y lógicas de los profesionales | “Tuve que ir aprendiendo a entender el idioma del sistema” (madre 4). “Increíble que los papás tengan que aprender el lenguaje jurídico para llevar adelante su causa” (padre 1). “Aprendes las lógicas de los programas, cómo moverte” (madre 7). |
| Actitud cautelosa y estratégica | “Yo aprendí que uno no tenía que reclamar ni alzar la voz” (madre 3). “Uno aprende que tiene que comportarse a la pinta de los programas” (madre 7). “Si ellos me evalúan, yo también los evalúo a ellos” (madre 7). |
Fuente: elaboración propia.
En cuanto a los facilitadores, los entrevistados reconocen factores relacionados con ellos mismos, tales como el reconocimiento del daño y de la necesidad de recibir ayuda. Destacan su perseverancia y movilización para gestionar los apoyos necesarios.
En segundo término, hacen referencia a factores relacionados con los equipos de atención, donde destacan la orientación de funcionarios/as y profesionales que “muestran el camino”. Un aspecto favorable es la vinculación con profesionales sensibles y empáticos, que les brindan acogida y credibilidad a los niños/as y familias. Si bien este tipo de interacciones debería ser generalizada, en su experiencia está circunscrita a vínculos específicos o excepcionales (Arboit, 2019; Baragatti et al., 2018). Desde su experiencia valoran especialmente a aquellos “Profesionales que te tratan como víctimas, que no te cuestionan” (madre 5).
De manera especial valoran el apoyo de sus pares de la agrupación, que guían y acompañan en el proceso a partir de sus experiencias y saberes, lo que ayuda a anticipar dificultades y a generar estrategias de afrontamiento.
Con relación a las dificultades, los padres y madres coinciden en que la atención es poco personalizada, que los profesionales son directivos e instruyen más que explican, que no entregan la información necesaria sobre cómo conducirse durante el proceso. Refieren que no existe un diálogo colaborativo entre los profesionales y las figuras adultas, por lo que no se produce sintonía entre los objetivos institucionales y los objetivos de los niños/as y sus familias.
Al interactuar con los profesionales, los padres y madres parecen ser llevados a un terreno desconocido, donde el lenguaje técnico, los protocolos y la cultura particular de cada institución los desconciertan y les generan una sensación de desvalimiento que se expresa en la experiencia de sentirse “como una hormiga” (madre 3), “uno está desvalida en todo el proceso” (madre 7).
Desde las perspectivas de los padres y madres, un aspecto que les genera confusión y malestar es que las instituciones no se comunican entre sí y no tienen objetivos y estrategias conjuntas, sino procesos paralelos, asincrónicos, con lógicas distintas y hasta contradictorias entre las instancias de justicia penal, proteccional y de atención psicosocial.
En la relación con los profesionales, un aspecto que enfatizan de manera transversal es que experimentan una constante evaluación y cuestionamiento de su rol como cuidadores. Perciben una actitud de sospecha y juicio constante en su contra, frente a lo cual manifiestan malestar e incomodidad. No manejar bien una situación, preguntar reiteradamente o mostrar emociones de angustia, ansiedad o ambivalencia es visto negativamente: “No tienes derecho a estar mal, debes ser un roble. Si expresas emociones, estás desbordada, no eres capaz” (madre 7), “Uno se vuelve mamá robot, no puedes mostrar emoción” (madre 4).
Un aspecto especialmente sensible es lo que sucede con los niños víctimas cuando son ingresados a distintas instituciones en que son atendidos individualmente y se les solicitan en forma reiterada relatos del abuso que sufrieron, lo que es connotado por los padres y madres como victimización secundaria. Frente a estas prácticas, los padres y madres sienten angustia, sensación de amenaza, desconfianza y alerta, lo que los lleva a adoptar un rol de defensores de sus hijos/as frente a las instituciones.
4 DISCUSIÓN
Los resultados expuestos permiten responder al objetivo de analizar las experiencias de las figuras parentales no ofensoras en la interacción con los programas de intervención psicosociojurídica dirigida a los niños/as víctimas de abuso sexual y sus familias en el período postdevelación. Se accede a sus narrativas acerca del momento de la develación, que muestran contenidos de conmoción, desorganización y pérdida de control (Donnelly, 2024). Junto con esto, el período postdevelación representa múltiples desafíos, que reorganizan el rol de las figuras adultas en torno a la misión de brindar protección y favorecer la recuperación de sus hijos. Esta misión es vivida como una “batalla” que se relaciona con enfrentar un conjunto de obstáculos para la restitución de los derechos de sus hijos/as (Stephens et al., 2018). Esta experiencia se sintetiza en expresiones como “Yo dije: ‘Esto no me la va a ganar’” (madre 3), “Yo he sido una fiera para pelear por mi hija” (madre 5).
Así, se puede constatar que coexisten procesos de desempoderamiento y de agencia parental (Thompson, 2017, Serin, 2021), en que, junto con la desestabilización, se activan estrategias de afrontamiento (Martínez et al., 2019; Sufredini et al., 2021; Vilvens et al., 2021). Una de estas estrategias en que las figuras adultas se muestran activas y recuperan el control es cuando hablan de su proactividad y movilización en la búsqueda de apoyo, lo que da cuenta de la necesidad de reconstruir vínculos con la comunidad o la institucionalidad (Pemberton et al., 2019): “Hay que tocar puertas, moverte, no esperar que te llamen, no ser pasivos” (madre 1), ”uno busca y rebusca alternativas para que te den apoyo” (madre 6). También cuando asumen un rol fiscalizador frente al actuar de las instituciones: “si ellos me evalúan a mí, yo también los evalúo a ellos, también tengo algo que decir acerca de lo que hacen”.
Los resultados expuestos guardan coherencia con la evidencia internacional, en cuanto a las experiencias positivas de las personas en atenciones en las que se sienten respetadas, informadas y validadas. Lo contrario ocurre cuando se sienten desautorizadas, silenciadas o minimizadas en sus emociones (McLachlan, 2024). Esto se evidencia en las experiencias de las y los entrevistados, que refieren estar constantemente siendo evaluados en sus capacidades protectoras, lo que les genera frustración, ira y desconfianza.
Ya en 1983 Furniss planteó que las estrategias de las instituciones deben articular las condiciones proteccionales para las víctimas con las condiciones de atención terapéutica. Sin embargo, tal como señala el mismo autor, en este proceso puede prevalecer el afán de seguridad de los niños y niñas y el control por sobre la generación de una alianza con las familias, lo que puede inhibir que las figuras adultas se involucren como agentes activos en los procesos de atención (Furniss, 2013).
Las estrategias de control social de las instituciones pueden estar sustentadas en prejuicios, estereotipos o culpabilización hacia las figuras adultas (Serin, 2018; Vladimir & Robertson, 2020; Zagrodney & Cummings, 2020), por no haber evitado el abuso sexual, por no haberlo detectado o por no actuar de manera consistente ante la develación. Paradojalmente, se exige que las figuras adultas sean pilares de los procesos reparatorios de sus hijos/as, y a la vez son evaluadas y criticadas: “Nos cuestionan a nosotros, que somos las figuras protectoras” (madre 4), “nosotros somos los que pedimos ayuda y nos tratan como sospechosos, es el mundo al revés” (padre 2).
Las atribuciones de culpa hacia las figuras adultas, especialmente las madres, están fuertemente influidas por estereotipos de género heteronormativos de los roles parentales (Toews et al., 2019; Azzopardi, 2022). A partir de estos estereotipos, los profesionales pueden actuar con visiones propias de la cultura patriarcal dominante, la que espera que la madre tenga cualidades de autosacrificio, que esté enterada de absolutamente todo lo que sucede con sus hijos y que tenga el poder y control sobre las relaciones familiares. Como señala una entrevistada, “uno como madre tiene que ser un pilar, un roble, sacrificarse, te lo exigen” (madre 4).
Desde estas lecturas generalizadas de la realidad, los profesionales se alejan de la misma a través del lenguaje técnico dominante (Azzopardi, 2022), invisibilizando las particularidades de los casos. A esto se suman los procedimientos protocolarizados, que establecen requisitos, fases y actividades predefinidas. Todo esto se sintetiza en las experiencias de las figuras adultas de no ser vistas ni escuchadas, donde las voces y autoridad de los profesionales pueden “expropiar la experiencia y la voz de la víctima sustituyendo su condición de doliente por criterios técnicos” (Das, 2008, p. 409). Como señala una madre: “Son omnipotentes, son los expertos, a uno no le queda más que someterse a sus reglas y criterios” (madre 7).
Así, es posible visualizar que el campo de la intervención psicosocial y jurídica en abuso sexual infantil se mueve entre la sospecha y la esperanza de reconstrucción, con fronteras poco discernibles entre lo evaluativo y los procesos de cambio en las vidas de las personas y familias (Gilson & Abela, 2021).
Orange (2013) afirma que, históricamente, en las disciplinas humanas se ha funcionado con lo que denomina la hermenéutica de la sospecha, en la que los profesionales, desde una posición experta, adoptan una postura de desconfianza y evaluación hacia el/la otro/a, para controlar y anticipar sus respuestas. Esto se ve reflejado en las expresiones de algunas de las entrevistadas: “Me sentía bajo sospecha en el programa donde debían ayudarme” (madre 7), “A una la evalúan constantemente y te juzgan; hagas lo que hagas, para ellos no es suficiente” (madre 6).
Por el contrario, la hermenéutica de la confianza (Orange, 2013) considera que en la relación con el/la otro/a se exploran significados en un marco intersubjetivo en que los interlocutores son activos y son capaces de construir juntos. Es una posición de afirmación del otro y de apertura a su perspectiva particular (Contreras, 2022). Se expresa en narrativas de los participantes como “sentí que se preocuparon por entender lo que yo estaba viviendo y no solo de exigirme” (madre 3), “algunos profesionales lograron conocerme más allá de lo que decían los informes” (madre 2).
Desde una perspectiva de victimología narrativa (Varona, 2021), al optar por escuchar las voces, experiencias e interpretaciones de las víctimas indirectas acerca de su realidad, es posible reconocer y oponerse a la injusticia epistémica que se produce “cuando se anula la capacidad de un sujeto para transmitir conocimiento y dar sentido a sus experiencias” (Varona, 2021, p. 14). Esta injusticia puede ser de dos tipos, según Fricker (2007): testimonial, que se produce cuando una víctima es desacreditada, o hermenéutica, cuando faltan recursos interpretativos para comprender la experiencia de las víctimas. Este estudio, al reconocer a las figuras parentales no ofensoras no solo como víctimas indirectas, sino también como sujetos con capacidad agencial y reflexiva sobre sí mismos y su entorno familiar, comunitario e institucional, aporta claves para acceder a sus narrativas e interpretaciones respecto de sus experiencias en el período postdevelación.
Como limitaciones del presente estudio, el hecho de centrarse en figuras adultas que han asumido un rol protector frente al abuso de sus hijos/as y han participado activamente en los procesos jurídicos y psicosociales constituye una limitación, ya que no permite visualizar qué sucede con aquellas personas que presentan reacciones adversas o ambivalentes frente a la develación y que pudieran no adherir a la intervención institucional. Esto sustenta la necesidad de desarrollar futuras investigaciones con padres y madres no ofensoras con una mayor variabilidad de reacciones y respuestas en el período postdevelación. Otra proyección de la presente investigación es estudiar las concepciones y prácticas de profesionales que trabajan en protección y atención reparatoria con las figuras adultas no ofensoras. Esto permite complementar las experiencias y perspectivas de las figuras parentales y generar diálogos, tensiones y puntos de convergencia.
Por otra parte, que los padres y madres participantes de la investigación sean parte de una agrupación muestra una reflexión y un discurso individual y colectivo. Cabe considerar que la gran mayoría de los padres y padres atraviesan la ruta de atención institucional sin contar con el apoyo de pares. Esto afirma la relevancia de estudiar el aporte de las agrupaciones, que se rigen por lógicas diferentes a la institucionalidad y la justicia, y que generan un sentido de pertenencia y apoyo mutuo, situando la experiencia en un contexto social y comunitario.
Finalmente, el estudio abre posibilidades para la difusión de sus resultados con diversos equipos que se dedican a atender a las familias y figuras adultas, como un modo de visibilizar sus necesidades y voces, promoviendo un enfoque colaborativo y no enjuiciador de trabajo. Los hallazgos de la investigación pueden ser incorporados como contenidos en programas de formación y especialización de profesionales del área psicosocial y jurídica. Uno de los desafíos para los programas psicosociojurídicos es instaurar marcos interpretativos que reconozcan el abuso sexual como una experiencia de trauma familiar y relacional (Tew, 2019) que impacta a las víctimas tanto directas como indirectas (McElvaney & Nixon, 2020). Los resultados destacan la importancia de implementar una práctica clínica y psicosocial que reconozca la experiencia de las figuras parentales no ofensoras en el período posterior a la develación del abuso sexual de sus hijos/as, considerando su sufrimiento, necesidades y estrategias de afrontamiento. Un aspecto central es construir estrategias de vinculación, alianza y colaboración que consideren a estas figuras como agentes activos y propositivos en los procesos de protección y recuperación de sus hijos/as. Desde una perspectiva humanista, la aproximación terapéutica implica un proceso hermenéutico que se dirige al sujeto, su realidad y su mundo, con el fin de construir sentidos y tramas en la interacción con los otros (Andrade, 2020; Cerquera et al., 2022). La actitud de sospecha y culpabilización debe ser constantemente revisada, para encontrar vías de encuentro con las figuras adultas, en un marco relacional donde estas puedan ser validadas en sus experiencias, voces y posicionamientos subjetivos (Gilson & Abela, 2021).
